Subdirector de Le Monde: La islamofobia se ha convertido en racismo no declarado en el Estado francés

Publicado el Por Arabia Watch (author)

Lugar(es): París

Soldados franceses patrullando en París esta semana después que el gobierno anunciara un despliegue de tropas sin precedentes ( (fotografía: AFP)
Soldados franceses patrullando en París esta semana después que el gobierno anunciara un despliegue de tropas sin precedentes ( (fotografía: AFP)

 

Entrevista a Alain Gresh, periodista francés especializado en Oriente Medio y subdirector de Le Monde diplomatique, en la que reflexiona sobre los atentados que han sacudido Francia y dado relevancia internacional a la política exterior del país.


Pregunta: Muchos de los participantes en las manifestaciones de París mencionaron que la situación en Francia ha sido tensa durante años, ¿Cómo se explica esta impresión?

Alain Gresh: En efecto, existe un ambiente nocivo en Francia, y esto no es nuevo. Hay, en primer lugar, una islamofobia que ha ganado intensidad desde hace varios años y que apunta claramente a las comunidades musulmanas. Creo que esta es una forma de racismo, incluso más preocupante porque se ve en las fuerzas políticas y los medios de comunicación. Incluso podemos calificarlo como racismo de Estado, aunque, por supuesto, no se declara como tal. Para la comunidad judía francesa, es un poco diferente: no hay antisemitismo en la política institucional. Ninguna fuerza política, ni siquiera el Frente Nacional, tiene un discurso antisemita como era el caso en la década de 1930. Todos los sondeos de opinión muestran un claro descenso del antisemitismo en Francia, por debajo del 10%, mientras que tras la Segunda Guerra Mundial, el antisemitismo seguía siendo dominante. Dicho esto, es cierto que los judíos franceses tienen miedo y son el blanco de actos terroristas, como ilustra el ataque contra el supermercado kosher y contra una escuela judía en Toulouse en marzo de 2012.

 

¿Cómo podemos explicar la trayectoria de los tres terroristas, nacidos y criados en Francia?

Tiene usted razón en subrayar que son franceses. Ellos pasaron por las escuelas o las cárceles de la República y se convirtieron en los fracasos de la República. Eran hombres jóvenes que buscaban un camino en la vida dentro de las sociedades occidentales. Esas sociedades no sólo están separada de la religión, sino que ya no tienen grandes causas que ofrecer. La era de las grandes luchas ha pasado, cuando podías ser miembro del partido comunista o de las guerrillas sudamericanas de extrema izquierda. Sólo unas pocas causas creíbles se han mantenido en el mercado de los ideales, y el único que parece oponerse al imperialismo hoy en día parecen ser el Estado Islámico, ISIS, o Al-Qaeda. Además, lo que esas dos organizaciones representan, como ser una amenaza existencial para Occidente, ayuda a hacerlas creíbles. Al exagerar la amenaza del ISIS, se aumenta su atractivo. En lugar de ello, yo creo que no es una amenaza existencial, por supuesto, hay que luchar contra ella, luchar contra sus raíces en la situación de Irak y Siria. Pero tenemos que tener cuidado con la idea, escuchada en estos días, que estamos inmersos en una Tercera Guerra Mundial, esta vez contra el terrorismo, olvidando con ello que las guerras mundiales anteriores se opusieron a los Estados, y no a conceptos. También hay, en todas partes en Francia, no sólo en la población de origen magrebí, un profundo odio por las élites políticas y mediáticas que condiciona el impacto en que la forma en la que los acontecimientos internacionales se perciben. Por último, hay una verdadera movilización de estos jóvenes franceses de origen inmigrante en torno a la cuestión de Palestina. Algunos pueden tener la impresión que hay un doble lenguaje en Occidente sobre ese tema, lo que es absolutamente cierto.

 

¿La cristalización del debate político francés en torno a la noción de laicidad contribuye a este ambiente específico?

La noción francesa de laicidad puede haber envenenado los debates en Francia, tanto más cuando, en mi opinión, esta es una interpretación equivocada de la laicidad. Cuando uno examina la historia, en particular la ley de 1905 de la separación de Iglesia y el Estado, uno se da cuenta que esa ley era bastante tolerante. El hecho que hubieran procesiones religiosas en la calle o que las autoridades estatales y locales financiaran el mantenimiento de iglesias, nunca había sido un problema. No era una idea cerrada de laicidad. Pero en los últimos 15 años, con el surgimiento del Islam como una fuerza religiosa en Francia, este concepto francés de laicidad se ha convertido en mucho más exclusivo, y se utiliza como pretexto para aislar a los musulmanes franceses. Es muy significativo que el concepto de laicidad ha sido aprovechado por la extrema derecha, mientras que había sido tradicionalmente un valor izquierdista.

 

¿Qué lectura política podemos hacer de las manifestaciones que tuvieron lugar en toda Francia el 11 de enero?

Hay dos cosas que se deben separar. En primer lugar, la movilización de la población en Francia ha sido excepcionalmente amplia, sin precedentes en la historia de Francia. El segundo punto es la forma en el gobierno francés utilizó esta demostración, tanto a nivel nacional como internacional.

Externamente, el gobierno francés estaba interesado en tener líderes europeos en el evento para mostrar que Europa está unida, que sirve a un propósito en un momento en el que el grupo se enfrenta a fuertes críticas. Pero no lo eran esas invitaciones sorprendentes extendidas a algunos jefes de Estado y gobiernos extranjeros que continuamente violan la libertad de prensa. Por ejemplo, el ministro de Asuntos Exteriores egipcio estaba presente mientras que en Egipto, además de los tres periodistas de la televisión Al-Jazeera detenidos durante más de un año, decenas de otros trabajadores de noticias están encarcelados.

 

¿Qué opinas de la presencia de Benjamín Netanyahu ?

La presencia del primer ministro israelí plantea muchas preguntas. Él no iba a venir en un principio, pero decidió lo contrario, cuando se enteró que Avigdor Lieberman, su ministro de Asuntos Exteriores y rival político en las elecciones que se celebrarán dentro de unas semanas, iría a París. Hubo, por parte de Benjamin Netanyahu, un deseo de utilizar estos eventos por motivos internos y afirmar una presencia internacional en un momento en el que Israel está siendo criticado. En cuanto a la libertad de prensa, es interesante observar que un artículo en ‘Haaretz’ señaló recientemente que un periódico como Charlie Hebdo no podría ser emitido en Israel, donde no es posible atacar la religión de tal manera. También debemos considerar la forma en que Israel trata a los periodistas palestinos y trabajadores de los medios, algunos de los cuales están encarcelados por Israel. Durante el último ataque a Gaza en julio y agosto de 2014, muchos periodistas palestinos murieron.

 

¿Qué opinas de la posición del líder del movimiento libanés chiíta Hezbollah, Hassan Nasrallah, quien condenó estos ataques mientras llama a los musulmanes a unirse a los militantes?

Hay un mensaje recurrente no sólo por parte del Hezbollah libanés, sino también por parte de Irán y Siria a Occidente, diciendo que Occidente tiene los enemigos equivocados y que sus verdaderos adversarios son los grupos salafistas radicales. Este mensaje significa “enemos el mismo enemigo”, por lo tanto, debe haber una alianza contra esos grupos. Este discurso no es nuevo, comenzó cuando Hezbollah fue criticado por su intervención en Siria. Es obvio que esto se debe al hecho que dispone de una retórica anti-chií extremadamente violenta, mucho más que Al-Qaeda. Pero también es un intento de Hezbollah de salir del aislamiento internacional, en particular en referencia a Siria.


¿No es también una forma de impugnar a los líderes religiosos de las monarquías del Golfo, sabiendo que estas monarquías son acusadas ​​por algunos de financiación encubierta al terrorismo islámico?

 No puede haber una discusión sobre la política de las monarquías del Golfo y la presunción de que ellos financien o ayuden a estos grupos. Para mí, esto no es algo real. No creo que sea necesariamente cierto. ISIS ha indicado muy claramente que estas monarquías son sus enemigos, como lo demuestra el reciente ataque contra los puestos de control fronterizo en Arabia Saudita. Es cierto que parte de la retórica religiosa de esos países puede haber alimentado esos grupos. También es cierto que esos países, sus redes sociales, y religiosos civiles, se movilizaron al comienzo de la revolución siria. Kuwait, por ejemplo, tuvo un papel importante en el apoyo a los grupos islamistas que se radicalizó progresivamente.

 

El protocolo para la marcha oficial vio al presidente de Malí, Ibrahim Boubacar Keïta, colocado al lado derecho de Hollande. ¿Hubo un mensaje implícito en ese hecho?

El ataque contra Charlie Hebdo tiene varias dimensiones. Es, por supuesto, un ataque contra la política exterior de Francia y sus sucesivas intervenciones en el Sahel, Malí, la República Centroafricana, Libia e Irak. Es en África donde Francia tiene un mayor peso, no en Irak. Que el presidente de Malí asistiera a este evento transmite que la lucha contra el terrorismo es la misma en todas partes, que se trata de una lucha internacional. Hasta cierto punto, es como la adopción de una retórica de guerra contra el terrorismo como si fuera una guerra mundial y estuviéramos frente a un enemigo organizado. Es, en mi opinión, una retórica muy peligrosa, aunque sólo sea porque esta guerra ha durado bastante tiempo y obtenido resultados muy limitados. Incluso hay más terrorismo, aún más caos, en África y Oriente Medio. Por lo tanto, invitar al presidente de Malí, es una manera de reafirmar esta política, por cuestionable que pueda ser. Empezamos a intervenir en Irak hace cuatro meses, y el martes el Parlamento francés votó abrumadoramente a favor de la prolongación de esta operación. No hay duda que estos ataques se utilizaron para fomentar un mayor apoyo por parte del Parlamento de una política militar que ya es intervencionista.


¿Estos ataques contribuyen a abordar  cuestiones políticas esenciales?

Será inevitable que en los próximos días se aborden debates fundamentales en la sociedad francesa: las leyes antiterroristas, las intervenciones extranjeras y la relación con los ciudadanos musulmanes, son temas que tendrán que ser debatidos en Francia. Más allá de Libia, ya podemos medir las consecuencias negativas de las intervenciones extranjeras francesas en la región. Pero tenemos que tener cuidado porque estos ataques también pueden conducir a una cierto retroceso en la política occidental. Después de la Primavera Árabe, fuimos testigos de algunas modestas reversiones de la posición de Francia, que declaró implícitamente, “Estábamos equivocados, hemos apoyado a las dictaduras que se consideraban entonces escudos contra el islamismo, pero no vamos a hacerlo denuevo”. Sin embargo, hay riesgo de volver a esas mismas políticas de apoyo a un régimen dictatorial en Egipto, a las autoridades en Argelia o en Marruecos. Los ataques pueden dar a esos regímenes la oportunidad de presentarse como protectores contra los movimientos islamistas. Realmente necesitamos tener un debate sustancial y preguntarnos cómo podemos ayudar a la transformación de esos países sin destruirlos, los más radicales están en última instancia creados por los regímenes autoritarios, desestabilizarlos, como hemos hecho hasta ahora. Finalmente, hay que repetir: el terrorismo y los grupos más raciales son creados en última instancia por los regímenes autoritarios. 


¿Pueden estos ataques cambiar el rumbo de la política exterior de Francia en cuanto a Oriente Medio? El ex primer ministro, François Fillon, declaró recientemente que Irán y Rusia deben jugar un papel "en la solución en Siria"

Las relaciones internacionales y regionales están en constante cambio y quiero ser cauteloso. Dicho esto, esta claro que Siria es un punto muerto porque ninguna de las fuerzas que luchan entre sí, ni el régimen ni la oposición, puede imponer totalmente su voluntad. Esta oposición al régimen, dominada por grupos radicales, está empujando a los países occidentales a revisar su política sobre la crisis siria. Durante mucho tiempo, Francia ha sido más abierto que Estados Unidos acerca de la integración de Rusia en el juego regional. En Irán, por otro lado, Francia es más reacia porque siempre ha tenido una postura muy clara sobre el programa nuclear iraní. Pero si Estados Unidos e Irán llegan a un acuerdo sobre el programa nuclear, las alianzas en juego en la región naturalmente cambiarán.

 

¿Es Francia consciente de las consecuencias de sus intervenciones extranjeras?

Lo que es seguro es que en Francia ha habido un rechazo real a ver las posibles consecuencias de nuestra política exterior. Está claro que si Francia fue atacado, también es en parte debido a este intervencionismo, que está mucho más desarrollado que en Alemania o en Gran Bretaña, por ejemplo. Gran Bretaña está presente en Irak pero no en África. Por lo demás, Francia ha culpado constantemente a estos países por no unirse a su intervención en Mali y África Central, y cree que no se deben hacer solamente esfuerzos militares en lo que llaman la lucha contra el terrorismo. Irónicamente, como ocurrió en el caso de Afganistán, afirmamos que luchamos guerras con el fin de evitar que el yihadismo llegue a nosotros, pero paradójicamente el yihadismo es activado por nuestras guerras.

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