Nuevo rey del terror en Arabia

Publicado el Por Nafeez Ahmed (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Riad

 

Cuando Salman bin Abdulaziz accedió al trono saudí a finales del mes pasado, los líderes occidentales no pudieron correr más rápido para homenajearlo. El presidente Barack Obama incluso dejó a medias su visita a la India para visitar al nuevo rey, que había sido ministro de Defensa y viceprimer ministro desde 2011 en el reinado de su predecesor, el rey Abdullah. La última visita es del príncipe Carlos de Inglaterra, quien la semana pasada expresó su alarma por el grado en el que jóvenes musulmanes británicos estaban siendo atraídos por las organizaciones extremistas.

“La continuidad, la cohesión y la consolidación serán las consignas”, pronosticó el embajador Richard LeBaron, un ex funcionario del Consejo de Seguridad Nacional, que en el pasado fue embajador estadounidense en Kuwait. LeBaron dijo que el rey Salman se basará en el legado del rey Abdullah, a quien elogió con brillante lenguaje.

“Una de las cosas por las que él (Abdullah) será recordado es por su honestidad, su falta de corrupción personal, su devoción por la educación tanto para hombres como para mujeres, y su apertura gradual del país”, añadió LeBaron.

Los funcionarios estadounidenses en general expresaron su confianza en el nuevo rey. James B. Smith, quien fue embajador estadounidense en Arabia Saudita entre 2009 y 2013, dijo con aprobación: “Sabemos que con el rey Salman irá bien… no veo ninguna ruptura en la relación entre Estados Unidos y Arabia”.


El mito antiterrorista

Mucho se ha hablado en la prensa sobre la reciente “reorganización” de gobierno del rey Salman, incluyendo el saqueo del príncipe Bandar bin Sultan quien dirigió el Consejo de Seguridad Nacional de Arabia Saudita, cargo desde el cual trazó la estrategia expansionista de la financiación de los yihadistas regionales. En un ejemplo que revuelve el estómago especialmente, el rey Salman y los nombramientos clave en su gobierno fueron servilmente alabados por NBC News, diciendo que tienen “serias credenciales de su combate del terrorismo”.

En esta extraordinaria racha de gente casi cayéndose sobre sí mismos para encontrar palabras de elogio para Arabia Saudita y su nuevo gobernante, la prensa ha pasado por alto el inquietante historial del nuevo rey.

La semana pasada, una versión cuestionable del rey Salman apareció en el testimonio del condenado miembro de Al-Qaeda, Zacarias Moussaoui, quien afirmó que miembros de la familia real saudí proporcionaron financiación a Al-Qaeda en toda la década de 1990, entre ellos el príncipe Turki al-Faisal y el príncipe Bandar. Moussaoui también describió una “reunión en Arabia Saudita con Salman, el príncipe de la corona, y otros miembros de la realeza saudí, en la cual les entregó cartas de Osama bin Laden”.

Eso, sin embargo, es solamente una fracción de las evidencias del apoyo del rey Salman a los militantes islamistas, que comenzó ya en la década de 1980 cuando estaba coordinado con Estados Unidos para entregar armas, entrenamiento y financiación a las redes islamistas muyahidines en Afganistán para repeler a la Unión Soviética.

 

De Bosnia a Nueva York

Según el ex funcionario de la CIA Bruce Riedel, Salman “supervisó la colección de fondos privados para apoyar a los muyahidines afganos en la década de 1980… En los primeros años de la guerra - antes que EE.UU y el reino incrementaran su apoyo en secreto a la insurgencia anti-soviética- esta financiación saudí privada era fundamental para la guerra. En su apogeo, Salman proporcionaba $25 millones al mes a los muyahidines.

La guerra fría, sin embargo, fue sólo el comienzo. Salman más tarde jugó un papel clave en “la recaudación de dinero para los musulmanes bosnios en la guerra con Serbia”, dijo Reidel.

En 1992, Salman fue nombrado por el rey Fahd para fundar y dirigir el Alto Comisionado de Arabia Saudita de ayuda a Bosnia (SHC) que para el año 2002 había entregado más de $600 millones en ayuda.

Pero una incursión de las fuerzas de la OTAN en la oficina del SHC de Sarajevo poco después del 9/11 encontró toda una gama de materiales terroristas, incluyendo fotografías y mapas detallados de importantes edificios del gobierno en Washington, fotografías de antes y después de los ataques terroristas contra el World Trade Center, y notas manuscritas de reuniones con Osama bin Laden. Y faltaban cerca de 41 millones de dólares de operaciones de la SHC.

Sin embargo, durante todo ese período, la inteligencia estadounidense era plenamente consciente del patrocinio saudí de militantes afiliados a Al-Qaeda, no pero hicieron nada al respecto.

 

“Conocemos bien al rey Salman”

En 1994 la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estaba escuchando las conversaciones telefónicas entre los miembros de la familia real saudí. Un funcionario de la NSA familiarizado con las intercepciones reveló al periodista Seymour Hersh, ganador del Premio Pulitzer, que las escuchas mostraron que el gobierno de Arabia Saudita, a través del príncipe Salman, contribuyó a millones de organizaciones benéficas que, a su vez, daban el dinero a los fundamentalistas, “sabíamos que Salman estaba apoyando todas esas causas”.

Las escuchas de la NSA demostraron, según el New Yorker, que la miembros de alto rango de la realeza saudí fueron “canalizando cientos de millones de dólares en dinero para apoyar a grupos fundamentalistas. “En 1996, la inteligencia de Estados Unidos había acumulado evidencias claras de que “el dinero saudí estaba apoyando a grupos extremistas como la Al-Qaeda de Osama bin Laden en Afganistán, Líbano, Yemen, así como otros grupos de Asia Central y toda la región del Golfo Pérsico”.

En efecto, ese año un extenso informe de la CIA sobre el uso de las ONG como tapadera para el financiamiento del terrorismo concluyó: “Seguimos teniendo evidencias que altos cargos de agencias de supervisión de Arabia Saudita, Kuwait y Pakistán -tales como la Alta Comisión de Arabia, dirigida en ese momento por el príncipe Salman- están involucrados en actividades ilícitas, que incluyen el apoyo a los terroristas.

El año siguiente, en mayo, un informe elaborado por la Oficina de Inteligencia Militar del Ministerio de Defensa francés consideró que “la Alta Comisión de Arabia, al amparo de ayuda humanitaria, está ayudando a fomentar la islamización en Bosnia y la conclusión exitosa de dicho plan proporcionaría al fundamentalismo islámico una plataforma perfectamente posicionada en Europa y podría dar cobertura a los miembros de la organización de bin Laden.

Los abogados que representan a las familias de las víctimas del 9/11 en el marco de una demanda contra miembros de la familia real saudí entrevistaron a un agente de Al-Qaeda en 2008 que confirmó que el SHC del príncipe Salman los había contratado a él y otros conocidos miembros de Al-Qaeda durante y después del conflicto de Bosnia, suministrandoles efectivo, armas y vehículos.

El 28 de agosto de 2003 un informe de la Oficina Federal Alemana de Investigación Criminal, señaló que Salman utilizó una ONG, “La Agencia de Socorro para el Tercer Mundo (TRWA)” como conducto encubierto para suministrar armas a los combatientes bosnios durante el embargo de armas de la ONU, entregándoles $350 millones a través de la caridad. El informe alemán confirma que las transferencias de fondos personales de Salman representaron “más de la mitad” de los depósitos del TRWA.

Los abogados alemanes que presentaron el informe, también obtuvieron un informe de alto secreto de la Oficina de Inteligencia y Análisis del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que hablaba sobre el trabajo de inteligencia detrás de la denominación como entidades terroristas prohibidas a dos ramas de la organización benéfica con sede en Arabia, International Islamic Relief Organization (IIRO). Aparte de Bosnia, la IIRO había sido vinculada por las agencias de inteligencia con terroristas afiliados a Al-Qaeda en la India, Indonesia, Filipinas, Kenia, Chechenia y Albania.

En su libro, “Durmiendo con el diablo”, el ex oficial la facción de lucha antiterrorista de la CIA, Robert Baer reveló que el IIRO había sido dirigido “con mano de hierro” por el entonces príncipe Salman, quien “personalmente aprobó todas las citas y gastos importantes”.

Los documentos judiciales presentados la semana pasada en Nueva York por los abogados de las familias del 9/11 argumentaron que el papel del SHC armando y dando formación en Bosnia fue “especialmente importante para que Al-Qaeda adquiriera las capacidades de ataques utilizadas para atacar a EE.UU”. La SHC de Salman ayudó a financiar “los campos propios de Al Qaeda donde los secuestradores del 9/11 recibieron entrenamiento para los ataques”, dicen los documentos presentados, y también que financió el refugio y las instalaciones de seguridad en Afganistán, donde funcionarios de alto rango de Al-Qaeda, incluyendo a Osama bin Laden y Khalid Sheik Mohammed, planificaron y coordinaron los ataques del 9/11. Dos de los secuestradores, Khalid al-Mihdhar y Nawaf Al-Hazmi, habían luchado y entrenado con los muyahidín de Al-Qaeda en Bosnia a principios de 1990.


Complicidad de Estados Unidos

En un artículo publicado en Foreign Policy, un comentarista neoconservador, David Weinberg cargó contra las evidencias de apoyo saudita a los militantes islamistas. Pero Weinberg bordeo cuidadosamente cualquier mención del papel de Estados Unidos apoyando a Arabia Saudita en su ayuda a los terroristas.

No sólo el Pentágono era consciente del embudo de las finanzas de Arabia, sino que también facilitó activamente su apoyo a las redes de militantes islamistas después de la Guerra Fría, en la búsqueda de objetivos geoestratégicos miopes.

En un anexo del informe de la investigación oficial sobre la masacre de Srebrenica, mostró que el mismo periodo en que Arabia Saudita estaba canalizando armas y dinero a los combatientes bosnios, el Pentágono facilitaba el transporte aéreo de muyahidines de Al-Qaeda desde Asia Central hasta Europa, para luchar junto a los musulmanes bosnios contra los serbios.

Fuentes de inteligencia de la época dijeron que los muyahidines fueron “acompañados por fuerzas especiales estadounidenses equipadas con equipos de comunicación de alta tecnología”. La idea era el que Pentágono utilizara a los militantes vinculados a Al-Qaeda como tropas de choque “para coordinar y apoyar las ofensivas de los bosnios musulmanes”.

Entre 1994 y 2000, la inteligencia estadounidense patrocino en secreto a los talibanes en su conquista de Afganistán. Una vez más, los saudíes estaban a la vanguardia de esta estrategia. La CIA coordinó millones de dólares en la financiación de Arabia Saudita, junto con ayuda militar y en formación a través de Pakistán, motivados por la fantasía de establecer una tubería de energía que transportara petróleo y gas desde Asia Central a la India, Pakistán y otros mercados, pasando por Rusia e Irán. La política de encubrimiento fue descrito con franqueza en las audiencias a finales del año 2000 ante el Subcomité de Relaciones Exteriores del Senado en el sur de Asia, donde se confirmó el papel de las compañías petroleras estadounidenses UNOCAL y ENRON.

La idea sólo terminó cuando se hizo evidente que los talibanes no estaban dispuestos a jugar a la pelota con planes de oleoductos estadounidenses.

 

Fraude tras el 9/11

Después del 9/11, el ex jefe de inteligencia talibán, Mohammed Khaksar, en una declaración jurada a la inteligencia de Estados Unidos dijo que en 1998, el príncipe Turki ( entonces jefe de inteligencia saudí) había llegado a un acuerdo con bin Laden. Arabia Saudita acordó proporcionar ayuda material a los talibanes y Al-Qaeda, además de seguir financiando a bin Laden a través de organizaciones benéficas y empresas saudíes. A cambio, Al-Qaeda se comprometió a no atacar objetivos saudíes.

De acuerdo con ex alto funcionario de inteligencia de Estados Unidos, el gobernador de Riad, había proporcionado apoyo financiero a Al-Qaeda en Afganistán a lo largo de la década de 1990, el mismo periodo en el que EE.UU. estaba coordinando el apoyo a los talibanes.

El príncipe Turki y otros funcionarios saudíes niegan enérgicamente estas acusaciones, y hasta el día de hoy insisten en que el reino no ha jugado ningún papel en el apoyo a los terroristas islamistas.

Sin embargo, en los años previos al 9/11, numerosos funcionarios militares y de inteligencia de Estados Unidos, se quejaron que las investigaciones de inteligencia que estudiaba estos vínculos sauditas estaban siendo “bloqueadas” por razones políticas por Washington. Había “siempre restricciones para investigar a los saudíes”, que habrían empeorado durante la administración de Bush.

De acuerdo con un ex alto funcionario del Departamento de Estado que se especializa en los Balcanes, la financiación saudí fue el factor preeminente del surgimiento de grupos militantes islamistas en la región, tanto antes como después de 9/11, “estamos hablando de un gran nivel de corrupción”, dijo bajo condición de anonimato, “este dinero no sólo sirvió para el flujo de militantes. También compró a líderes políticos, incluido funcionarios gubernamentales estadounidenses y europeos. Las agencias de inteligencia han rastreado miles de millones de dólares de fondos de Arabia Saudita a los extremistas, pero sus investigaciones son cortadas sistemáticamente. El gobierno de Bush era malo, pero bajo la administración de Obama, nada ha cambiado realmente”.

El vínculo de Arabia en el 9/11 está incluído en las Investigaciones del Congreso, informe oficial que fue parcialmente clasificado por el gobierno de Bush. Entre las secciones clasificadas, 28 páginas del informe fueron descritas por el co-presidente de la investigación, el senador Bob Graham, como una confirmación impactante del papel de altos funcionarios sauditas en no sólo el patrocinio de Al-Qaeda, sino también en la prestación de apoyo financiero específico para el 9/11 a los secuestradores y la operación en sí.

En una conferencia de prensa el 7 de enero, el senador Graham, quien se retiró en 2005, renovó su llamamiento a la administración de Obama para que desclasifique las 28 páginas del informe del Congreso.

“Arabia Saudita fue esencialmente un co-conspirador en el 9/11”, dijo en declaraciones en gran parte oscurecidas por los medios de comunicación, a pesar de sus consecuencias explosivas. Destacados miembros de la familia real saudí, dijo, operaban una red de espías dentro de EE.UU. con la complicidad de al menos dos de los secuestradores del 9/11, Al-Mihdar y Al-Hazmi, ambos de los cuales habían luchado previamente junto a Al-Qaeda en Bosnia.

Las acusaciones del senador Graham sobre la base de los resultados de la investigación del Congreso están en desacuerdo con las pretensiones posteriores de la Comisión del 9/11, que descartó cualquier conexión entre el 9/11 y Arabia Saudita, aunque la Comisión sí reconoció a Arabia Saudita como la principal fuente de financiación de Al-Qaeda.

El congresista republicano Walter Jones, quien leyó las 28 páginas en 2013, dijo que además de las pruebas específicas relativas al 9/11, también contienen información sobre las relaciones saudíes de alto nivel con la Casa Blanca.

Graham conjeturó que ante la posición pasiva de Estados Unidos y su silencio, “los saudíes han seguido, tal vez incrementando, su apoyo a una de las formas más extremas del Islam”, incluyendo apoyo “financiero y de otros tipos”, a pesar de ser “extremadamente perjudicial para la región de Oriente Medio y una amenaza para el mundo”, “tanto Al-Qaeda como el Estado Islámico son una creación de Arabia Saudita”.

Graham también dijo que las 28 páginas clasificadas  “de ninguna manera son el único ejemplo de información importante para entender el alcance total del 9/11 que se ha ocultado al pueblo estadounidense”. Acusó a las administraciones de Bush y Obama de entablar un “patrón de encubrimiento” que desde hace 12 años ha impedido al pueblo estadounidense la comprensión completa del ataque más terrible contra Estados Unidos en su historia”.

Los esfuerzos que realizan los líderes occidentales para ser acogedores con el rey Salman, a pesar de la amplia evidencia de financiamiento militante por su parte y el de otros cargos de la familia real, plantea preguntas urgentes sobre la seriedad de nuestros gobiernos sobre la lucha contra el terrorismo.

 

 

 

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