La larga historia de intervención destructiva de Arabia Saudí en Yemen

Publicado el Por Arabia Watch (author), Andrew Hammond (author)

Lugar(es): Riad, Saná

 

El conflicto en Yemen está siendo descrito estos días como una guerra en la que Arabia Saudí ha tenido que intervenir en el país, sin embargo, esto sugiere que la intervención violenta es un fenómeno nuevo, y en realidad, en diferentes formas; militar, financiera y religiosa, la intervención de Arabia, tiene un largo historial.

En la época de formación del Estado saudí moderno, su fundador Abd Al-Aziz, fue tomando el control del imanato yemení en etapas y podría haber tomado todavía más, si no hubiera sido por la presencia británica en Adén y sus protectorados en el sur. La presencia de una población grande, una ubicación estratégica con acceso al mar Arábigo y el control de Bab Al-Mandeb dieron a Yemen una importancia que turbó ambiciones saudíes para dominar toda la península Arábiga. Incluso los primeros censos de población del reino fueron exagerados para mantenerse por delante de su vecino del sur.

Con su mosaico de comunidades religiosas luchando contra la llamada wahabí, los lazos culturales, tribales e históricos de Yemen lograron mantenerse a los intentos wahabistas saudíes, por lo que fue considerado como una amenaza y con ello un objetivo. Mantener divididas sus entidades políticas fue una prioridad. Cuando los Oficiales Libres, republicanos, respaldados por Nasser -presidente de Egipto- tomaron el poder en Saná en 1962, Riad respaldó al Imanato (a los “realistas”) pero llegó a un acuerdo con el nuevo régimen tras la derrota de Nasser en 1967, emergiendo como financiador del mercado estatal. Los subsidios a las tribus del norte a menudo fueron características de la relación y  Riad respaldó al régimen socialista, separatistas, en la guerra civil de 1994.

Durante los años de gobierno de Ali Abdullah Saleh, Arabia se encargó de desarrollar la influencia cultural del proselitismo salafista, aunque sería incorrecto reducir el salafismo en Yemen a algo implantado por Arabia, pero la conexión saudí fue crucial para la difusión de la ideología y la práctica sunní radical. El influyente muftí de Arabia, Abd Al-Aziz bin Baz, quien murió en 1999, facilitó el flujo de estudiantes yemeníes a Arabia Saudí; uno de ellos, Muqbil Al-Wadii. Los estudiantes regresaron a Yemen para establecer el movimiento salafista en la década de 1980.

Saleh estaba encantado dejando propagarse en salafismo debido a su tradición de la obediencia a las normas a diferencia de otras tendencias religiosas y políticas que trabajaban para cambiar el gobierno en nombre de la justicia.

Las tensiones entre los hutíes y Arabia Saudí que provocaron la guerra en 2009 se basaron, en parte, en el resentimiento de la sociedad zaidí fuera de la red de patrocinio del régimen a los movimientos salafistas.

Unos documentos filtrados por WikiLeaks hablan sobre la introducción del salafismo como parte de la intromisión de Arabia durante el régimen de Saleh, especialmente en el periodo posterior a 1994. Los documentos plantean la financiación de Arabia Saudí al gobierno, así como a líderes tribales, como forma de asegurar el apoyo a las políticas saudíes y prevenir la aparición de una cultura democrática no tribal ni sectaria.

Sin embargo, a pesar de que Saleh trabajó duro para construir una estrecha relación con Riad, él y otros yemeníes fueron a menudo tratados con desdén por parte de los principales líderes saudíes y las reuniones con el rey Abdullah, recientemente fallecido, les fueron negadas para ser recibidos por el príncipe Sultán, quien manejaba el “archivo de Yemen”.

Yemen pagó caro un error de cálculo nacionalista árabe de Saleh durante la invasión de Saddam Hussein a Kuwait en 1990. Se estima que 850.000 yemeníes fueron deportados de Arabia Saudí por la represión política sobre los inmigrantes ilegales en 2003, pero Arabia siguió deportando silenciosamente a decenas de miles de yemeníes durante años. En 2007, unos 400.000 yemeníes fueron expulsados.

Diplomáticos occidentales creían que uno de los objetivos estratégicos de Arabia Saudí a largo plazo en su política en Yemen era asegurarse un pasaje al mar Arábigo, evitando así el estrecho de Ormuz. Saleh era consciente de este objetivo, pero uno de los objetivos del régimen saudí al pagar a sus partidarios en el ejército, las tribus y el gobierno era ayudar a encontrar un sucesor que pudiera ser sumiso. La política de Arabia hacia la comunidad ismaelí chií de Najran, en el lado saudí de la frontera yemení, ha estado motivada por intenciones similares.

La historia Ismailí es interesante. La mayoría de la población de Najran, se reveló contra el gobernador local en el año 2000 por su persecución sectaria y el favorecimiento de los wahabíes salafistas en la burocracia. Después de eso, el gobierno saudí ideó un plan supervisado por el sultán y ex ministro del Interior, Nayef, para llegar a un acuerdo con las tribus suníes de Yemen que habían sido durante mucho tiempo residentes en la zona. El objetivo -familiar para los palestinos en Cisjordania y los chiíes en Bahrein- era diluir la mayoría ismailí.

Los documentos de WikiLeaks también son esclarecedores con respecto a la primera guerra de Arabia contra los hutíes a finales de 2009 y principios de 2010. Los diplomáticos expresaron su preocupación por la política de Arabia hacia la rebelión hutí,que en ese momento tenía cinco años y había desarrollado un nuevo nivel de violencia contra la operación militar “tierra quemada” de Saleh. Los diplomáticos estadounidenses describen la mentalidad de Arabia en cuanto la erradicación de los hutíes como “peligrosa y engañosa” y expresaban su temor a que Arabia actuara de forma “irracional” y matara a un montón de gente con armas suministradas por Estados Unidos además temían que lo hicieran al estilo de Al-Qaeda. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos son citados como “lo que arman” a Saná, a través de acuerdos negociados con la República Checa, Eslovaquia y Bulgaria. Esto plantea la posibilidad de que la actual guerra de Arabia esté destruyendo armamento en gran medida facilitado por la propia Arabia Saudí.

También vale la pena señalar los comentarios de la embajada de Estados Unidos sobre la cuestión iraní. Un informe de WikiLeaks se refiere a la afirmación de Saleh a cerca de un barco iraní que llevaba armas para los hutíes había sido incautado frente a la costa y concluye con “la presentación de informes sensibles” que el barco no llevaba ningún arma en absoluto. El embajador de Estados Unidos en Yemen, Stephen Seche, dijo en su informe: “Si bien el nivel de resistencia hutí, su dominio de armas y pericia táctica puede y debe obligarnos a examinar cuidadosamente las peticiones de apoyo externo, el hecho es que el ROYG (Gobierno de la República de Yemen) ha fracasado repetidamente en sus intentos de corroborar  acusaciones como  que la rebelión houtí es la punta de la lanza de Irán y Hezbollah en Yemen (...) podemos pensar en menos intentos pero más eficaces de fomentar  la intromisión iraní en la rebelión hutí, que de tener a todos los vecinos suníes de Yemen haciendo cola para financiar a Ali Abdullah Saleh en la operación “ tierra quemada” contra la minoría chií de su país”.

Arabia Saudí ha sido durante mucho tiempo una fuerza destructiva en Yemen y para muchos su política actual en lal región no es ninguna sorpresa. Entre los elementos importantes en el último episodio que ha tenido lugar estos días cabe destacar que la familia gobernante saudí intenta reafirmar su autoridad en un país con problemas, en el que la disidencia ha sido reprimida duramente desde 2011, en compensación por sus fracasos en Siria, Irak y Líbano durante más de una década y el enfado por el acercamiento de Washington a Irán. Su política en Yemen ha cambiado varias veces durante los últimos años debido a varios factores, entre ellos el aumento del poder de los hutíes, la muerte del príncipe Sultán en 2011 y la Primavera Árabe. Hay pocas razones para esperar algo decisivo de esta incursión en Yemen en particular, entre otras cosas, por la naturaleza hiper-paranoica de la dinastía saudí que intenta constantemente encontrarse a sí misma persiguiendo a los otros.

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