Irán y Arabia Saudí: los escenarios esperados.

Publicado el Por Arabia Watch (author), Hossam Dajany (author)

 (fotografía: AFP/Getty Images)
(fotografía: AFP/Getty Images)

Además de las grandes potencias activas en la política internacional como Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea, Irán y Arabia Saudí son los actores más decisivos en la región de Oriente Próximo; entre ambos países existe una lucha tanto tácita como directa en múltiples escenarios regionales. Irán ganó en algunos, lo que obligó a los estrategas saudíes, después del acceso al poder del rey Salman, a reevaluar la política regional del Reino, lo que conlleva nuevas perspectivas en diversos escenarios.

Por otra parte, Irán juega con gran habilidad dentro de la perspectiva de “llenar el vacío" de poder para consolidar su influencia y su fuerza y aprovecharse de la situación de extrema pobreza y la dependencia de algunos países. Se añade a esto la ingenuidad de sus negociadores en Ginebra, y los logros políticos que pueden alcanzar concretando un acuerdo con la Administración norteamericana y Occidente, que reforzaría la hegemonía y la influencia de Teherán en muchos asuntos de la región. Este crecimiento iraní, se realizará ganando terreno sobre la zona de influencia saudí, donde Irán ya está jugando en sus patios traseros, lo que llevó a los saudíes a revisar sus políticas en la región, de acuerdo con el peso y la reputación del reino. Así, empezamos a ver declaraciones reconciliatorias con la organización de los Hermanos Musulmanes (HH MM), y acciones diplomáticas destinadas a países considerados como un patio trasero iraní. La situación es comparable a una guerra fría, el antagonismo está tomando dimensiones sectarias y nacionalistas, ya que ambos países se consideran como buques insignias de las ideologías islamistas sunní y chií respectivamente.

Entonces, ¿dónde se materializa este antagonismo entre Arabia Saudí e Irán, y cuáles son los escenarios esperados?

 

1/ La escena arabe

Arabia Saudí se ausentó e Irán llenó el vacío. Esta situación es evidente en diferentes lugares de las siguientes maneras:

La escena iraquí

Después de la guerra del golfo y de la caída del régimen de Sadam Hussein, comenzó la penetración iraní en Irak a través de la comunidad chií que vive en dicho país, y que representa más de la mitad de la población. Logró controlar la mayoría de los escaños en el parlamento, lo que llevó a la jefatura del gobierno a personalidades sectarias como Nuri Al Maliki. El apoyo no se limitó al gobierno, pero se extendió a las milicias chiíes que fueron apoyadas militar y financieramente, hasta tal punto que los sunníes fueron marginados y desamparados, sin ningún soporte árabe que pudiera conservar la identidad del estado iraquí, su seguridad y su estabilidad. Otros países, como Arabia Saudí, intentaron actuar en la escena, pero sus esfuerzos fueron insuficientes comparados con los de Irán, y que se han materializado actualmente con la implicación directa de fuerzas iraníes al lado de las fuerzas de la movilización popular, con el pretexto de combatir a Daech en Tikrit y otras ciudades. Todo esto ocurre bajo la bendición norteamericana, lo que significaría que tanto Iraq como Yemen serán como un cerco que se estrecha cada vez más contra Arabia Saudí.

 

La escena yemení

Algunos países del golfo se equivocaron en sus cálculos sobre la cuestión yemení. Sus planes aspiraban a provocar un conflicto entre el Agrupamiento Yemení por la Reforma (Al-Islah) por una parte, y los hutis apoyados por los simpatizantes de Ali Abdala Saleh, por otra. Hay un proverbio árabe que ilustra irónicamente esta situación: “Las alfarerías se rompen entre ellas”. La vigilancia de Al-Islah saboteó la maniobra, y los hutis controlaron algunas provincias yemeníes. Si la Arabia Saudí de la nueva era del rey Salman no hubiera remediado este error estratégico, los hutis estarían en Adén hoy. Y cuando hablamos de los hutis, nos referimos al papel iraní y su control casi absoluto sobre el estrecho de Bab Al Mandeb, que es atravesado diariamente por más de 60 buques. Hay que anotar en este aspecto la posesión de Irán de una base naval en las costas eritreas que dominan el estrecho.

La escena bahreiní

Arabia Saudí tomó conciencia muy pronto de las pretensiones iraníes sobre Bahrein, y decidió intervenir militarmente en el país isleño para reprimir el movimiento popular y proteger su régimen político. Así, hizo intervenir una coalición de fuerzas armadas de los países del Consejo de Cooperación del Golfo, conocida como “Escudo de la península”. Sin embargo, las soluciones coercitivas no bastan para solucionar la cuestión bahreiní, se necesita tener en cuenta otras perspectivas en relación con las cuestiones de la estructura demográfica, los problemas económicos y la cuestión de las libertades.

 

La escena siria

 Hasta el momento, quien está pagando los platos rotos de la rivalidad saudí-iraní en Siria, son el pueblo y el estado sirios; ni Arabia Saudí logró resolver el conflicto derrocando a Bachar Al Asad, ni tampoco Irán llegó a eliminar a la oposición, al contrario, el problema sirio se extendió peligrosamente hasta el Líbano poniendo en juego su seguridad y su estabilidad. Todo esto confirma la necesidad de buscar una vía política para la crisis siria.

 

La escena palestina

Durante el último periodo, Arabia Saudí apoyó en gran medida y generosamente a la Autoridad palestina, y patrocinó la iniciativa árabe. Sin embargo, abandonó sus relaciones con las facciones palestinas de resistencia, y ahí intervino Irán, quien llenó el vacío, y construyó relaciones profundas con todas las facciones resistentes, empezando por Hamás y llegando hasta la Yihad Islámica, pasando por las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, afiliadas a Fatah. Esto obligaría a Arabia Saudi, en la era del Rey Salman, a establecer canales de comunicación así como a apoyar política y financieramente las facciones resistentes, dada, por una parte, la importancia de la cuestión palestina en la conciencia colectiva árabe  e islámica, y por otra  el rechazo de Israel al proceso de paz y a la iniciativa árabe.

 

2/ La escena internacional

Existe una alianza estratégica entre Arabia Saudi y la administración norteamericana, y lo que más teme el Reino es la interferencia iraní sobre esta alianza a través de las negociaciones 5+1 de Ginebra.

 

3/ Las escenas de Pakistán y Afganistán

Como reacción contra el intervencionismo iraní en la región árabe, Arabia Saudí empezó a dirigirse hacia Pakistán, a fin de activar el acuerdo estratégico entre los dos países, que consiste en el compromiso de Pakistán en defender a Arabia Saudí, además de intercambios en la cultura, la seguridad y la economía entre los dos países. Sin embargo, Irán nunca descuidó sus relaciones con Pakistán; quien desde mucho tiempo garantiza el suministro de energía al país a través del proyecto de gasoducto entre ambos. A Arabia Saudí le queda aún un gran margen para proponer un paquete de inversiones para recuperar su influencia en Pakistán. En lo que concierne a Afganistán, Irán está implicada a través de muchos proyectos generosos para apoyar el régimen político afgano. A la diplomacia saudí le quedan muchas oportunidades en los países del centro de Asia para presionar a Teherán, y sobre todo en las zonas sunníes y en Azerbaiyán.

 

Los escenarios esperados

Los escenarios esperados dependen de dos parámetros:

- El desenlace de las negociaciones del grupo 5+1 con Irán acerca de su programa nuclear.

- El éxito del rey Saudí en reducir al extremo los problemas entre los países de la región, en monitorizar las reconciliaciones y así una alianza árabe con Turquía.

 

Primer escenario: Fracaso de las negociaciones y éxito del rey

Si las negociaciones fracasan, y el rey saudí logra avances en los esfuerzos de reconciliación, Irán estaría en un callejón sin salida. Por una parte, no podrá resistir a las sanciones resultantes y por otra no podrá seguir financiando sus acciones en los diferentes escenarios en el contexto de la crisis económica aguda causada por el embargo internacional y la caída de los precios del crudo. Así, Arabia Saudí, y con ella los países árabes y Turquía, podrán garantizar la seguridad y la estabilidad de la región árabe, y contener la influencia de Irán dentro de sus fronteras.

 

Segundo escenario: Fracaso de las negociaciones y fracaso del rey

Las negociaciones pueden fracasar como puede fracasar el rey saudí en promover reconciliaciones, diálogos y alianzas por diferentes motivos. En este contexto, la región sufrirá más tensiones y más intervencionismo extranjero, lo que amenazaría la seguridad nacional árabe y fomentaría el estado de caos.

 

Tercer escenario: Éxito en las negociaciones y exito del rey

Creo que este escenario enriquecería el activo de los dos antagonistas con más elementos de fuerza. En este caso solo la fuerza, en sus formas suave y bruta, tendrá la palabra clave en la resolución de los conflictos.

 

Cuarto escenario: Éxito de las negociaciones y fracaso del rey

Si este escenario se materializa, la mayoría de las capitales árabes estarían bajo la amenaza de la hegemonía iraní, y la región se convertiría en una escena de juego para Irán. Además, Israel tendría un papel más consistente en este escenario. Entonces ¿formará parte de alguna alianza que le asegure una existencia en el mapa de Oriente Próximo o frenará la expansión iraní?

En todos los casos, quien pagará el coste en todos los escenarios será el ciudadano árabe.

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