El inevitable colapso de Arabia Saudí

Publicado el Por Nafeez Ahmed (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Riad

Rey saudí Salman bin Abdulaziz en una reunión del Consejo de Cooperación del Golfo, el 5 de mayo de 2015 (fotografía: AFP)
Rey saudí Salman bin Abdulaziz en una reunión del Consejo de Cooperación del Golfo, el 5 de mayo de 2015 (fotografía: AFP)

 

El martes 22 de septiembre se publicó que un alto miembro de la familia real saudí estaba pidiendo un “cambio” en quienes gobiernan el reino para evitar su colapso.

En una carta distribuida entre los príncipes saudíes, su autor, un nieto del rey fundador de Arabia Saudí moderno, Abdulaziz Ibn Saud, culpó al rey Salman de crear una situación sin precedentes que pone en peligro la supervivencia de la monarquía.

“No seremos capaces de detener el drenaje de dinero, el padecimiento político y los riesgos militares si no cambiamos los métodos de toma de decisiones, incluso si eso implica cambiar al propio rey”, advierte la carta.

Haya o no un golpe interno a la vuelta de la esquina -y los observadores creen que esa posibilidad no pasa de ser una “fantasía”- el análisis que se puede leer en la carta sobre la terrible situación de Arabia Saudí es sorprendentemente preciso.

Del mismo modo que muchos países de la región, Arabia Saudí está al borde de una tormenta de desafíos interconectados que supondrán la ruina de la monarquía dentro de la próxima década.


Hemorragia de oro negro

El mayor elefante en la habitación es el petróleo. La fuente principal de ingresos de Arabia Saudí, por supuesto, es la exportación de petróleo. Durante los últimos años, el reino ha extraído petróleo en niveles récord para mantener la producción, no dejando subir los precios del petróleo y perjudicando con ello a los productores de petróleo de todo el mundo que no pueden permitirse el lujo de permanecer en el negocio con los escasos márgenes de beneficio actuales; allanando el camino para aumentar el dominio saudí del mercado.

Pero la capacidad de Arabia Saudí para bombear petróleo a este ritmo no puede durar tanto tiempo. Un nuevo estudio en la Revista de Ciencia de Petróleo e Ingeniería prevé que Arabia Saudí experimentará un pico en la producción de petróleo seguido por un declive inexorable en el año 2028. Eso sitúa el problema a sólo 13 años vista.

Aún así, esto bien podría subestimar la magnitud del problema. Según el geólogo del petróleo Jeffrey J. Brown y el Dr. Sam Foucher, la cuestión clave no es la producción de petróleo por sí solo, sino la capacidad de traducir la producción en exportaciones pese a las crecientes tasas de consumo interno.

Brown y Foucher mostraron que el punto de inflexión a tener en cuenta, es cuando un productor de petróleo ya no puede aumentar la cantidad de ventas de petróleo en el extranjero, debido a la necesidad de satisfacer la creciente demanda de energía doméstica.

En 2008 encontraron que las exportaciones saudíes netas de petróleo ya habían comenzado su declive en 2006 y que esa tendencia continuaría. Tenían razón. Entre 2005 y 2015, las exportaciones netas saudíes han experimentado una tasa de disminución anual del 1.4%, dentro del rango pronosticado por Brown y Foucher.

Un informe de Citigroup recientemente predijo que las exportaciones netas podrían caer en picado en los próximos 15 años.

 

Riqueza a partir de la pobreza

El 80% de los ingresos estatales saudíes provienen de las ventas de petróleo, y según los pronósticos se reducirán drásticamente.

Arabia Saudí es el mayor consumidor de energía de la región, la demanda interna ha aumentado un 7,5% en los últimos 5 años, impulsada en gran medida por el crecimiento demográfico.

Se estima que la población saudí crezca desde los 29 millones de personas actuales, hasta los 37 millones en 2030. En la medida en que la expansión demográfica de Arabia Saudí aumenta durante la próxima década, es probable que la capacidad de exportación de petróleo de Arabia Saudí se vea cada vez más restringida.

Arabia Saudí ha intentado invertir en energías renovables para disminuir la dependencia interna del petróleo, con la esperanza de mantener la exportación y por lo tanto el mantenimiento de los ingresos.

Pero a principios de este año, ante la presión sobre la finanzas del reino, se anunciaron 8 años de retraso en el programa de energía solar de $109 mil millones del reino, que en principio, iba a producir un tercio de la electricidad en 2032.

Los ingresos también se han visto socavados debido a la estrategia miope del reino de socavar la competitividad del resto de productores de petróleo -en particular de los productores de esquisto en Estados Unidos- sin embargo, el tesoro de Arabia no ha escapado a las secuelas de la reducción de las ganancias, a pesar de tener importantes reservas, en teoría capaces de capear el temporal hasta que sus rivales se vean obligados a retirarse del mercado, incapaces de hacer frente a la falta crónica de rentabilidad.

Las reservas de Arabia Saudí se están agotando a niveles sin precedentes, pasando de $737 mil millones en agosto del 2014 a $672 mil millones en mayo de este año, por lo tanto, cayendo alrededor de $12 mil millones al mes.

A este ritmo, a finales de 2018, las reservas del reino podrían encontrarse en solamente $200 mil millones, lo que probablemente ya está previsto por los mercados, porque ha provocado fuga de capitales.

Para compensar esta perspectiva, el enfoque del rey Salman ha sido acelerar el endeudamiento. ¿Qué sucederá en los próximos años cuando las reservas se agoten, la deuda sea mayor, y los precios del petróleo sigan en tensión?.

Al igual que los regímenes autocráticos en Egipto, Siria y Yemen -todos los cuales se enfrentan a diversos grados de malestar interno- uno de los primeros gastos a recortar en tiempos difíciles serán las subvenciones internas de 'lujo'. En esos países las reducciones sucesivas a las subvenciones en alimentos y energía desembocaron en los levantamientos de la “Primavera Árabe”.

La riqueza petrolera de Arabia Saudí, y su capacidad única para mantener los generosos subsidios al petróleo, la vivienda, los alimentos, y otros bienes de consumo, juega un papel importante en la contención del riesgo de disturbios civiles. Los subsidios a la energía representan alrededor de una quinta parte del producto Interior bruto de Arabia.


Los puntos de presión

En la medida en que los ingresos se reduzcan, la capacidad del reino de tapar el aumento de la disidencia interna se reducirá proporcionalmente, como ya ha ocurrido en otros países de la región.

Aproximadamente ¼ parte de la población saudí vive en la pobreza. El desempleo alcanza el 12% y a afecta mayoritariamente a los jóvenes, el 30% de los cuales están desempleados.

El cambio climático está aumentando los problemas económicos del país, sobre todo respecto a los alimentos y el agua.

Al igual que muchos países de la región, Arabia Saudí ya ha experimentado los efectos del cambio climático en forma de aumento de las temperaturas y déficit de lluvias. Para 2040, se espera que la temperatura media sea la más alta a nivel mundial, y podría aumentar hasta en 4 grados centígrados a la vez que la escasez de lluvia podría empeorar.

Esto iría acompañado de fenómenos meteorológicos más extremos, como las inundaciones en Jeddah en 2010 cuando en 4 horas los pluviómetros alcanzaron los valores de años. Todo esto podría afectar directamente a la productividad agrícola, que ya se enfrenta a los retos del sobrepastoreo y prácticas agrícolas industriales insostenibles que están acelerando la desertificación.

En cualquier caso, el 80% de las necesidades de alimentos de Arabia Saudí se compran mediante importaciones fuertemente subvencionadas, lo que significa que sin la protección de los subsidios, el país se vería fuertemente afectado por las fluctuaciones en los precios mundiales de los alimentos.

"Arabia Saudí es particularmente vulnerable al cambio climático, la mayor parte de sus ecosistemas son sensibles, sus recursos hídricos renovables son limitados y su economía sigue siendo muy dependiente de las exportaciones de combustibles fósiles, mientras que la presión demográfica significativa sigue afectando a la capacidad del gobierno para atender las necesidades de su población”, concluyó un informe de la Organización de las Naciones Unidas para Alimentación y la Agricultura (FAO) en 2010.

El reino es uno de los países que sufre más escasez de agua en el mundo, con 98 metros cúbicos por habitante y año. La mayor parte de la extracción de agua proviene de aguas subterráneas, el 57% de las cuales es no renovable, y el 88% de la cual va a la agricultura. Además, las plantas de desalinización suponen alrededor del 70% de los suministros de agua domésticos del reino.

Cuando las exportaciones de petróleo se agoten junto a los ingresos del Estado, mientras el consumo interno aumente; la capacidad del reino para utilizar la desalinización para satisfacer sus necesidades de agua disminuirá.


Fin del camino


En Irak, Siria, Yemen y Egipto, los disturbios civiles y la guerra se remontan a los efectos devastadores de la disminución del poder del Estado en el contexto de las sequías inducidas por el clima, el declive agrícola, y el agotamiento rápido del petróleo.

Sin embargo, el gobierno saudí ha decidido - en lugar de aprender las lecciones de la arrogancia de sus vecinos- exportar guerras en la región, en un intento alocado de extender su hegemonía geopolítica y prolongar su dominación en el mercado petrolero.

Desafortunadamente, estas acciones son sintomáticas de la misma ilusión fundamental que ha evitado que todos estos regímenes regionales hayan respondido a estas crisis de una manera racional, es decir, desentrañando el problema que estaba abriendo el suelo debajo de sus pies. Ese engaño consiste en una fe fundamentalista inquebrantable: La fe en que hasta ahora los problemas creados por lo de siempre se han resuelto mediante lo de siempre.

Tales arraigadas realidades estructurales significan que Arabia Saudí se encuentra en efecto al borde del abismo del colapso del Estado, un proceso que probablemente comience en los próximos años, llegando a ser verdaderamente evidente dentro de una década.

Lamentablemente, los pocos miembros de la familia real que creen que pueden salvar al reino de su inevitable desaparición no son menos ilusos que aquellos que tratan de eliminarlo.

 

 

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