Enfrentamiento entre Rouhani y Jamenei por las elecciones en Irán

Publicado el Por Mahan Abedin (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Teherán

 

Mientras el presidente iraní Hassan Rouhani celebra su éxito en política exterior durante su gira europea, en casa se enfrenta a la irritación por haber cuestionado la integridad del proceso de calificación de los candidatos a las elecciones realizada por el Consejo de Guardianes.

La crítica de Rouhani la semana pasada por la descalificación del Consejo de Guardianes de la Constitución de más de 7.000 aspirantes al Parlamento (se presentaron 12.123 aspirantes para 290 escaños) ha sido ampliamente interpretado como su primer enfrentamiento real con las élites del poder iraní.

Por otra parte, la defensa inmediata del ayatolá Jamenei del Consejo de Guardianes se interpretó acertadamente como un desaire directo a Rouhani, y una manifestación de la firme intención del líder supremo iraní de apoyar los procedimientos legales establecidos en el período previo a las elecciones.  

Rouhani y sus aliados ven las elecciones para el Majlis (Parlamento) y la Asamblea de Expertos, prevista para el 26 de febrero, como crucial para su futuro político a medio plazo. Si los conservadores y sus aliados de línea dura mantienen, o incluso aumentan, su dominio sobre el Parlamento, ellos verán reducidas sus posibilidades de ganar un segundo mandato presidencial el próximo año.

Pese a la importancia de estas elecciones, Rouhani se sienta sobre un fundamento jurídico inestable a la hora de desafiar al Consejo de Guardianes. Aunque realmente lo intentara, Rouhani carece de una base política para enfrentar al Consejo (que tiene poder para vetar leyes y a los candidatos a la presidencia y al Parlamento).

Al aparecer la búsqueda de la confrontación por parte de Rouhani se debe a la esperanza de cultivar un distrito electoral a favor de la reforma al que él no tiene capacidad de liderar por sí solo. Pero este enfoque, aunque políticamente conveniente en el corto plazo, no está exento de riesgos importantes en el largo plazo.

 

Atacar a los Guardianes

Los críticos del sistema político iraní suelen señalar al proceso de calificación que sustenta las elecciones parlamentarias cuando quieren poner de relieve la naturaleza supuestamente antidemocrática innata del sistema. El foco de gran parte de las críticas es el Consejo de Guardianes, órgano jurídico encargado de investigar los antecedentes y aptitudes de los candidatos.

El Consejo de Guardianes es un órgano de 12 miembros, compuesto por 6 clérigos nombrados por el líder supremo y 6 juristas designados por el Parlamento. El Consejo de Guardianes es también la máxima autoridad en temas relacionados con la Constitución y su interpretación. En resumen, es efectivamente la autoridad jurídica suprema del país cuyas decisiones en materia constitucional deben ser tenidas en cuenta por los tres poderes del Estado (a modo de Tribunal Constitucional; su deber es revisar que las leyes con contradigan el espíritu de la Revolución islámica).

En el caso de las elecciones parlamentarias, la crítica específica en cuanto al Consejo de Guardianes se centra en su supuesta selectividad en el proceso de calificación, que tiende a favorecer a los candidatos conservadores o individuos que están totalmente alineados con el Consejo. Por la misma razón, los críticos alegan que los procesos de investigación empleados por los Guardianes dejan injustamente en desventaja a los candidatos pro-reforma.   

Es importante señalar que el Consejo de Guardianes descalifica también a candidatos conservadores, incluso los que tienen una larga trayectoria en el Parlamento y otros organismos, por motivos de inadecuación o incompetencia. Por ejemplo, para las próximas elecciones los Guardianes han descalificado a Hamid Rasaei, un conocido político de línea dura.

En el sentido más amplio, muchos críticos simplemente no entienden el proceso de calificación. El Consejo de Guardianes no se forma una opinión propia sobre los aspirantes a candidatos sino que se basa en innumerables comisiones de investigación, sobre todo a cargo de los Ministerios de Interior y de la Inteligencia, para recopilar y analizar información sobre los aspirantes.

De hecho, las comisiones de investigación trabajan de acuerdo con protocolos estrictos de seguridad que se han diseñado y actualizado por los círculos de seguridad no afiliados al Consejo de Guardianes.

El principio fundamental es proteger la integridad de los órganos clave de toma de decisiones de la República Islámica mediante la eliminación de potenciales infiltrados y otros ‘elementos indeseables’. Para lograr este objetivo los órganos de investigación recogen información de Inteligencia exhaustiva sobre los aspirantes y llevan a cabo verificaciones de antecedentes.

Acusar el Consejo de Guardianes de sesgo político requiere una indiferencia cínica de los complejos procesos empleados para gestionar el proceso de investigación de antecedentes. También se olvida convenientemente que tanto el Ministerio del Interior como el Ministerio de Inteligencia están actualmente bajo el firme control de los aliados de Rouhani.

Al situarse a sí mismo junto a los críticos del Consejo de Guardianes, Rouhani está pisando terreno legal inestable. Esto es particularmente objetable en vista de su formación jurídica, ya que en las elecciones presidenciales se retrató a sí mismo ante el electorado como “el abogado”.

La ironía de la posición de Rouhani ha sido destacada por los medios de comunicación de línea dura, que han criticado duramente el ataque del presidente al Consejo de Guardianes. Los extremistas están particularmente indignados con que Rouhani haya violado la ética jurídica por criticar al Consejo de Guardianes ante un público extranjero en su gira europea.

 

Rouhani y los reformistas

Las críticas del presidente iraní del Consejo de Guardianes no deben ser interpretadas como una señal de intención política. El hecho es que Rouhani no tiene ni la voluntad ni la intención de enfrentarse al Consejo. Al parecer, por el contrario, la objebción de  Rouhani a las descalificaciones es parte de una política de gestos puramente diseñados para atraer a un electorado a favor de la reforma.

Comprender plenamente la dinámica de la postura pre-electoral de Rouhani requiere una comprensión de su situación política: Rouhani y sus aliados no tienen una circunscripción política significativa; más bien dependen de organismos pro-reforma y de formadores de opinión para llegar a un electorado reformista.

Pero este enfoque tiene sus limitaciones no sólo porque Rouhani y sus aliados carecen completamente de credenciales reformistas.

Los aliados y partidarios de Rouhani son por instinto centristas y conservadores que están sobre todo preocupados por sus empleos y posiciones. Ellos serán reacios a emprender cualquier acción que ponga en peligro sus intereses personales y de sus propias facciones.

No obstante, al ponerse a sí mismo demasiado cerca de los reformistas, Rouhani se ve obligado a adoptar algunas  narrativas y consignas de estos últimos. Por ejemplo, Rouhani emplea la vieja dicotomía entre "competencia" y "lealtad" para argumentar a favor de la meritocracia, a expensas de las credenciales revolucionarias.

Esta dicotomía, originalmente utilizada por el primer presidente de la República Islámica Abol-Hassan Banisadr, constituye un pilar esencial de la narrativa reformista. Banisadr es un personaje triste en la historia de la República; fue destituido en junio de 1981.

La línea dura de los iraníes se apresuró a recordar el destino de Banisadr como un disparo de advertencia a Rouhani. Si bien este escenario es poco realista, no deja de poner de relieve las vías legales disponibles para potencialmente contrarrestar las crecientes ambiciones políticas del séquito de Rouhani.     

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