Irán está en camino de alcanzar sus objetivos en Siria

Publicado el Por Shahir Shahidsaless (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Teherán, Damasco

Miembros de la Guardia Revolucionaria de Irán (fotografía: AFP)
Miembros de la Guardia Revolucionaria de Irán (fotografía: AFP)

 

El parentesco entre Irán y Siria se remonta a los albores de la victoria de la revolución iraní en 1979. La relación constante entre los dos Estados se formó porque los iraníes chiíes musulmanes en Irán, y los alauitas, una rama chiíta del Islam, eran el poder dominante en Irán y Siria, respectivamente.

Aunque más bien, fue porque los dos Estados tenían intereses estratégicos de seguridad similares. Los dos eran hostiles hacia, y se sentían amenazados, por tres poderosos enemigos: los Estados Unidos, Israel e Irak. De hecho, el gobierno baasista sirio era de naturaleza completamente secular, básicamente fundado en el nacionalismo árabe y el panarabismo.

Quizás el factor más determinante de la unión estratégica entre Irán y Siria era la hostilidad de los dos Estados hacia Israel. Los sirios bajo el gobierno de Hafez al Asad, padre del actual presidente de Siria, Bashar Al-Asad, fueron humillados durante la Guerra de los Seis Días en 1967 y perdieron territorios -los estratégicos Altos del Golán- a manos de Israel, que hasta la fecha siguen siendo objeto de la ocupación israelí. Y desde su creación, la República Islámica de Irán, por una serie de razones, define la hostilidad hacia Israel como uno de los pilares de su política exterior.

En la década de 1980, surgió la milicia Hezbolá del Líbano. La milicia fue fundada por Irán, y sus fuerzas fueron entrenadas y organizadas por la Guardia Revolucionaria iraní. Irán trató de cambiar el equilibrio de poder en favor de la minoría chií en el Líbano y revertir la hegemonía indiscutible de Israel en la zona.

Lo más importante, Irán trató de utilizar a Hezbolá como fuerza aliada que pondría en peligro la seguridad de Israel en el contexto de una doctrina de disuasión. Este desarrollo dio a Siria una importancia estratégica suprema en sus relaciones con Irán, Siria fue capaz de proporcionar un paso seguro a través del cual Irán podría suministrar armas a Hezbolá.

Con la creación de Hezbolá Irán demostró su éxito. Durante la llamada Guerra de los 33 días de Israel contra Hezbolá en 2006, el grupo militante surgió como la única potencia militar árabe capaz de contrarrestar y derrotar la agresión israelí.

Luego vino el marzo de 2011, cuando protestas pro democráticas estallaron en toda Siria. El gobierno sirio utilizó la violencia para reprimir las manifestaciones, y para 2012 el conflicto se había convertido en un conflicto armado a varios bandos de pleno derecho. La lucha atrajo a numerosos actores que van desde grupos seculares de la oposición, y yihadistas sirios, a  yihadistas extranjeros, así como Estados regionales e internacionales.

A medida que la guerra se extendió en Siria, los iraníes se vieron enfrentados con las principales amenazas representadas por el ascenso del grupo salafista anti-chií Daesh (también conocido como Estado Islámico, EI, ISIS e ISIL), y la participación de sus rivales regionales suníes, encabezados por Arabia Saudí y Turquía, en la guerra, en la cual estos últimos buscaban de todo corazón derrocar al aliado de Irán, el presidente Bashar Al-Asad. El colapso de Asad podría ser un golpe monumental a la doctrina de disuasión antes mencionada de Irán contra Israel, que tardaron más de dos décadas en establecer.

A medida que la situación se deterioró y Asad perdió control sobre el poder y el territorio en Siria, Irán desarrolló una doble estrategia. El primer objetivo era impedir el establecimiento de un gobierno anti-Irán, apoyado por Occidente o sus rivales regionales.

El apoyo del régimen de Asad por parte de Irán debe considerarse en este contexto. En otras palabras, apuntalando al régimen de Asad, con el modelo de lo que lograron en el Líbano e Irak, Irán busca convencer al mundo de que no puede ser ignorado en cualquier futura participación en el poder en Siria. El segundo objetivo es establecer su propia fortaleza en Siria, dado que la caída de Asad es inevitable.

Para materializar el primer objetivo estratégico, Irán ha hecho una inversión muy elevada en Siria. Staffan de Mistura, el enviado especial de la ONU a Siria, ha sido citado diciendo que él estima que Irán gasta $6 mil millones al año en el gobierno de Asad. Investigadores estiman que Irán gastó entre $14 y $15 mil millones en ayuda militar y económica al régimen de Damasco en 2012 y 2013.

Para lograr el segundo objetivo, Irán organizó a las fuerzas paramilitares de Defensa Nacional (FDN), que, según algunos informes, son de lejos la mayor red de milicias en Siria.

Funcionarios de la Guardia Revolucionaria son explícitos acerca de su papel activo en la creación de la FDN. De acuerdo con algunos informes independientes, se estima que hay 100.000 combatientes de la Fuerza de Defensa Nacional armados en Siria.

Para esto, Irán cuenta principalmente con dos grupos. El primero es el de los alauís, a los cuales Irán ha apoyado durante esta guerra sangrienta de múltiples actores. Dado que el 74% de la población de Siria es suní, el grupo religioso alauí se convirtió lógicamente en protegido natural de Irán, los iraníes se presentan como su único protector frente a la mayoría suní y sus patrocinadores.

El segundo grupo incluye a una serie de pequeños pero muy religiosas milicias que combaten las guerras motivados por la defensa de la ideología chií, el principal de ellos la ‘Resistencia Ideológica Nacional de Siria’. Este grupo se considera una versión siria de Hezbolá.

Los objetivos estratégicos iraníes casi se han alcanzado. A pesar de que fueron ignorados en las conferencias de paz de Ginebra I y II sobre Siria. Ahora participan en las conversaciones del Grupo Internacional de Apoyo a Siria (ISSG) para llevar la guerra de Siria a su fin. Ahora se reconocen como un participante clave en el suelo y en la lucha diplomática sobre Siria. Es inconcebible que Irán no logre un representante, parecido al que tiene con Hezbolá en el Líbano o con la Organización Badr en Irak, en el futuro reparto de poder que tendrá lugar en Siria.

En el otro frente, es decir, el establecimiento de una milicia aliada, Irán sabe bien que Asad no se mantendrá en el poder para siempre. Siguiendo el modelo del grupo militante libanés Hezbolá y sus aliados en Irak, Irán ha sido capaz de crear una gran base paramilitar en Siria, que tiene como objetivo mantener algunas áreas clave, principalmente Damasco. Ahora intenta expandirse en Alepo.

Además de ayudar a Irán a dictar su presencia e influencia, independientemente de cómo sea la especie de gobierno que se forme una vez que termine la guerra civil siria, esta base paramilitar podría desempeñar un papel doble. En primer lugar, puede considerarse como otra fuerza de disuasión contra Israel. Y en segundo lugar, para mantener un corredor abierto para el suministro de armas al aliado de Irán en Líbano, Hezbolá.

Para lograr sus objetivos, Irán no necesita a Bashar Al-Asad, ni a un gobierno pro-iraní en la totalidad de Siria.

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