De armas y hombres: Arabia Saudí detiene la ayuda al Líbano

Publicado el Por Makram Rabah (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Beirut, Riad

Comando libanés mordiendo una serpiente viva durante una Conferencia de seguridad en Beirut el 9 de septiembre de 2015 (fotografía: AFP)
Comando libanés mordiendo una serpiente viva durante una Conferencia de seguridad en Beirut el 9 de septiembre de 2015 (fotografía: AFP)

 

La relación entre el Líbano y el Reino de Arabia Saudí se extiende a más de nueve décadas. Ambos países han trabajado a lo largo de los años para asegurar el crecimiento de sus relaciones socioeconómicas y políticas.

Los libaneses, guiados por su espíritu pionero y de navegantes, estuvieron entre los primeros en emigrar al reino de Arabia Saudí y unirse al desarrollo en ciernes del reino en el momento.

A cambio, Arabia Saudí ha correspondido apoyando a la economía libanesa en más de un sentido, ya sea a través de la intermediación en el final de la guerra civil en 1989 con los Acuerdos de Taif, o mediante el apoyo a los esfuerzos de reconstrucción después de la guerra del primer ministro Rafik Al-Hariri. Sin embargo esta generosidad terminó cuando el reino recientemente anunció la suspensión de la ayuda de $4 mil millones de dólares que se había asignado a las Fuerzas Armadas Libanesas (LAF) y los organismos de seguridad.

La razón externa para este movimiento fue la negativa del ministro de Exteriores libanés Joubran Bassil a votar una resolución de la Liga Árabe condenando a Irán después del ataque a la embajada saudí en Irán.

Esta debacle diplomática perpetrada por Bassil, yerno de Michael Aoun -principal competidor de Hezbolá a la presidencia libanesa vacante- fue visto por el gobierno libanés como un movimiento no autorizado e imprudente, un acto hostil que podría poner en peligro la posición de Líbano en el consenso árabe.  

Sin embargo, la decisión de castigar a Bassil, así como a todo el Estado libanés no debe considerarse, como algunos están asumiendo, como un mero movimiento reivindicativo, sino más bien como una decisión de Arabia Saudí y sus aliados para romper con su tradición de apaciguar a enemigos que han utilizado hasta ahora al estado libanés como escudo humano.

Hezbolá, un componente principal del gobierno libanés, ha aprovechado todas las oportunidades para atacar y difamar a Arabia Saudí, con Hassan Nasrallah, yendo tan lejos como para llamar a la muerte de la Casa Saud. Nasrallah lo ha hecho sabiendo muy bien que fueron los Al-Saud, y otros estados del Golfo, quienes comprometieron millones de dólares para la reconstrucción de las zonas chiíes después de la guerra de 2006. Por otra parte, la retórica anti-Golfo de Nasrallah ha aumentado los siempre crecientes temores de los libaneses que residen en los países del Consejo de Cooperación del Golfo, que se encuentran actualmente en peligro de ser expulsados por el mero hecho de ser chiíes.

El reino de Arabia Saudí se ha relacionado con el Líbano desde el principio a través de los canales oficiales, y la mayoría de las subvenciones y préstamos, al contrario de lo que algunos podrían haber querido promover, fueron dados al Estado libanés en su totalidad, en lugar de sólo a la comunidad suní.

Rafik Hariri y su proyecto de reconstrucción entera se basó en una base intersectaria que trascendía al sistema vigente primordialmente sectario. Por lo tanto, ¿por qué Arabia Saudí castiga ahora al ejército libanés, uno de los pilares del Estado del Líbano, que es considerado por muchos libaneses como su única oportunidad de equilibrar las armas de Hezbollah y su agenda iraní?

Parece que el actual liderazgo de Arabia se ha dado cuenta de que el Ejército, justo al igual que todas las demás instituciones del Líbano, se alimenta de sectarismo y por lo tanto no es inmune a la dominación virtual que Hezbolá ha establecido en todas las partes vitales del país. Y mientras que algunos acusan a Hezbolá de tratar de hacerse cargo de las Fuerzas Armadas, ellos tal vez prefieran vaciar este cuerpo y mantenerlo como una fachada, y tal vez usarla cuando sea necesario.

Estos hechos, además de la insuficiencia de los principales aliados de Arabia Saudí en el Líbano a la hora de hacer frente a estos retos, ha desencantado a Riad de seguir invirtiendo en una entidad hostil, o neutral, como las Fuerzas Armadas Libanesas. Pero lo más importante quizás es que Arabia Saudí ha tomado esta medida para enviar un mensaje a sus aliados, en lugar de sus enemigos, diciéndoles que su actuación política no ha estado a la altura de los desafíos locales, así como regionales.

La interrupción de la ayuda en este momento, con Arabia Saudí en pie de guerra, equivale a pasar lista para ver quién se unirá y quién va a fallar a la hora de no sólo hablar, sino actuar contra Irán, tanto en el Líbano como en la región.

Los hechos no implican necesariamente una llamada a las armas, sino más bien una retórica ambigua y una estrategia más clara. Un plan que no implique el nombramiento de Michael Aoun para las presidenciales.

La reacción violenta de la mayoría de los libaneses a la decisión de Arabia podría bien haber sido el objetivo deseado del reino. El domingo, la renuncia de Ashraf Rifi, el ministro de Justicia, en protesta por la continua dominación de Hezbolá sobre el estado libanés y el regocijo popular en esta renuncia, envió un mensaje claro a Hezbolá e Irán de que el Líbano nunca va a aceptar totalmente su control.

Ya que esto podría ser parte de una estrategia de Arabia más amplia en el Líbano y en toda la región, los libaneses deben esperar lo mejor, pero también prepararse para lo peor.

El ejército libanés podría ser capaz de mantenerse a sí mismo con la ayuda proveniente de otros lugares, pero la prueba real a superar en un futuro próximo será la capacidad de la economía libanesa para perseverar, si Arabia Saudí y los otros países árabes deciden castigar realmente a Líbano.

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