Sobre el ataque iraní contra Arabia Saudí

Publicado el Por Yasser Zaatreh (author)

Debemos aclarar primero que el ataque iraní contra Arabia Saudí, aunque se centró en los últimos días en la cuestión de la sentencia del Sheij Al Nimr,  es continuo en los últimos meses, siempre alegando que el reino de los Saud está detrás del Estado Islámico (ISIS); en un ridículo discurso que no convence ni a los niños, aunque el último capítulo parece algo más emocionante.

Es difícil responder a la pregunta de si la sentencia judicial contra el clérigo chií Al Nimr fue algo parecido a un mensaje político de los saudíes tras los últimos acontecimientos en Yemen, donde los hutíes han tomado el control, o si sólo se trata de una sentencia aislada, en la que el poder judicial lleva años trabajando, habiendo ya emitido anteriormente duras sentencias contra académicos y clérigos suníes por cargos inferiores que de los que se le acusa a Al Nimr.

Pero, sin duda, los ataques de Irán han superado ahora todas las líneas rojas en su tratamiento directo sobre la familia real, que incluye la amenaza directa y explícita; no sólo a través de funcionarios, clérigos, militares y políticos iraníes, sino también a través de todos las zonas que componen la alianza iraní en la región, desde Irak hasta el Líbano, Yemen y Bareéin , además de otras áreas, donde no queda responsable político o clérigo que no haya hablado y advertido de las consecuencias de ejecutar a Al Nimr, una ejecución que probablemente todo el mundo sabe que no se llevará a cabo, y que una amnistía se dictará a su favor, sacándole directamente de la prisión, o como máximo se le conmutará la condena. Cuando se dispara contra una patrulla de la policía en Qatif, días después del veredicto, es sin duda otro mensaje de parte de Irán.

No es lógico defender la sentencia dictada contra el clérigo Al Nimr, al igual que las decenas de juicios celebrados contra otros clérigos suníes saudíes por razones políticas, pero lo cierto es que este espectáculo al que nos enfrentamos es una demostración de fuerza en contra de Arabia Saudí, más que nada, de Irán, que defiende a un clérigo de su bando, siendo el mismo país que ejecutó (y no solo emitió sentencia, sino que la llevó a cabo) a decenas de activistas y clérigos suníes iraníes (baluchis y ahwazíes) sin ninguna objeción por parte de los árabes. Como resultado Irán está enviando un mensaje a todo el mundo diciendo "soy el representante de todos chiíes del mundo".

Hemos indicado hace meses que Irán ha cambiado su papel de “resistente" al de ser patrocinador de la doctrina chií, algo que utiliza en el contexto de su disparatado proyecto de extensión que acabará, sin duda, sin el resultado deseado. Y cuando sus límites llegan hasta defender la ocupación de los hutíes de Saná y el resto de las ciudades yemeníes, significa que ha alcanzado un nivel de descaro sin precedentes

La dimensión que no debe pasar por alto cualquier observador es el hecho de que este nivel de arrogancia iraní contra Arabia Saudí y Turquía, en realidad, refleja una sensación de crisis más que cualquier otra cosa, especialmente a la luz de la terrible hemorragia en Siria, a la que se le ha añadido Irak desde hace unos meses, además de la incorporación de Yemen al problema.

Cuando Irán muestra este tipo comportamiento en la región, es natural que los otros no se quedan quietos, y cuando oímos hablar de algunos ataques en la frontera iraní y en su interior por activistas baluchis (suníes) y del Ahwaz, se considera un claro mensaje de sus rivales que también tenemos nuestra forma de responder.

Sin duda, estas respuestas no se detendrán sólo en el interior de Irán, que vive una claras contradicciones (en primer lugar con el tema del los suníes y los árabes del Ahvaz) listas para estallar de una forma u otra, sino que incluye también a sus zonas de influencia, y muchos de sus rivales no dudarán en apoyar a Al Qaeda en Yemen, y derrotar a los hutíes, y el resultado será que otros puedan agravar la hemorragia de Irán; desde Irak a Siria, e incluso en el Líbano y Yemen.

Hay una paradoja muy importante aquí, y es que el feroz ataque llevado a cabo por Irán al mismo tiempo contra Turquía y Arabia Saudí no ha movido a los dos países afectados a aprovechar la situación y trabajar de forma conjunta, y la razón del por qué no requiere mucha inteligencia para ser averiguada: Arabia Saudí etiqueta a Turquía con el islamismo político suní, un bando al que considera su enemigo prioritario, de la misma forma que su lucha contra las revoluciones y la Primavera Árabe.  Sin duda, superar este problema, después de los acontecimientos que tuvieron lugar en la región durante los últimos dos años proporcionará una oportunidad para que los dos países juntos pueden hacer frente al ego de Irán, en lugar de que éste se beneficie de su enfrentamiento.

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