El falso antiimperialismo de la izquierda en el caso de Siria

Publicado el Por Joey Alloub (author)

Rescate de niños después de un bombardeo en Alepo (fotografía: AFP)
Rescate de niños después de un bombardeo en Alepo (fotografía: AFP)

 

La semana pasada ciertos miembros de Twitter abordaron la respuesta de la izquierda a la actual crisis de Siria. Participé en la discusión de manera breve y vacilante a sabiendas de que lo más probable es que no diera fruto alguno. Voy a intentar explicar aquí por qué creo que es importante que tales debates continúen. 

El acalorado intercambio no se produjo entre anti-imperialistas y pro-imperialistas, sino entre quienes no ven más allá de una única forma de imperialismo y los que combaten todos los imperialismos (o lo intentan). De manera crucial para nuestros propósitos, por lo general el primer grupo subestima como tópico o ignora voluntariamente el imperialismo ruso e iraní en Siria y hace lo mismo con respecto a las diarias atrocidades del régimen. El segundo grupo entiende que es su deber recordar al primero lo que muchísimos sirios y sirias han venido reiterando durante cerca de cuatro años, a saber, que no tiene ningún sentido hablar de la lucha por la igualdad y la justicia cuando una dictadura fascista, neoliberal e imperialista amiga reprime por la fuerza a todo aquel que la combate. Mientras este equilibrio de poder no cambie, lo demás es una ilusión con repercusiones muy graves sobre el terreno. 

Denomino a los primeros “antiimperialistas esencialistas” y he intentado incluso proporcionar una definición de lo que ello significa: “el antiimperialismo esencialista se define únicamente en relación al gobierno propio y no desde una oposición universal a todas las formas de imperialismo”. Este antiimperialismo no obstruye al imperialismo sino todo lo contrario: confronta a los poderes imperialistas entre sí, y en ocasiones incluso aplaude al que precisamente no le afecta. En otras palabras, prioriza las políticas identitarias y sólo puede sobrevivir en una grotesca visión etnocéntrica occidental del mundo. 

Hoy en día una parte sustancial de la izquierda occidental ha adoptado un marco nativista que comenzó a excluir las voces de los sirios tan pronto como su revolución se volvió inconveniente. Sin dar nombres, muchos de nosotros podemos pensar en algunos comentaristas –incluidos los denominados “expertos” cuyas credenciales se refrendan por ser varones blancos– que inicialmente apoyaron la revolución pero que han acabado por repudiarla o incluso, en ciertos casos, apoyando a las fuerzas fascistas e imperialistas que en su camino a la victoria cometen masacres ante el silencio ensordecedor de una invertebrada “comunidad internacional”. Esto se agrava con la participación de notables figuras y partidos de la llamada antigua izquierda árabe –la misma “izquierda” que ha acabado en connivencia feliz con los partidos fascistas bajo la apariencia de una cansina narrativa “antiimperialista”. 

La pregunta esencial de toda esta debacle es: ¿qué significa “combatir al imperialismo” si el “imperialismo” es lo que puede salvar tu vida y la de tus seres queridos? ¿Realmente se combate al imperialismo cuando se condena sin paliativos a tantísimos sirios y sirias que han reclamado una zona de exclusión aérea desde al menos 2013 (y algunos desde 2012)? 

¿Dónde está teniendo lugar la lucha antiimperialista y quién está combatiendo contra quién? Me acuerdo del gran discurso de Jesse Williams en los recientes Premios BET, cuando al abordar la lucha de los afroamericanos utilizó algunos principios universalistas, a saber, que “la carga del embrutecido no es cómoda al espectador”. Formuló entonces una frase que debería ser un principio elemental cuando está en juego el sufrimiento humano: “Si criticas la resistencia, nuestra resistencia, deberías contar antes con un historial crítico y comprobado de la opresión que padecemos”. 

No estoy argumentando a favor o en contra de una zona de exclusión aérea. Hay preocupaciones legítimas al respecto de la idea de una zona de exclusión aérea en Siria, preocupaciones que sé que han mantenido en vilo a compañeros y compañeras sirias. Lo que se plantea aquí, sin embargo, es quién se opone a ella y por qué. Lo menos que se puede decir de la mayoría de los que apoyan la idea es que es un reflejo del sentimiento popular –léase, desesperado– sobre el terreno y que se propone con la esperanza de prevenir lo que sabemos que causa la mayor parte del sufrimiento sirio: los bombardeos aéreos por parte del régimen de zonas civiles ahora agravados por los del gobierno ruso. 

En Occidente, la incapacidad de muchos para ver más allá de obsoletas narrativas ha impulsado el ascenso del nativismo de la derecha reaccionaria. Las discusiones sobre Siria han ignorado a los sirios y sirias durante tanto tiempo que ha sido fácil deshumanizarlos y satanizarlos cuando han llegado a las costas de la Fortaleza Europa. 

Junto a los sirios que la padecen, entendemos el contexto de la crisis. Es devastador pero todavía es palpable. Se puede racionalizar sin hurtar a la gente que ya vive en condiciones extremas sus capacidades. Para nuestra vergüenza eterna, sin embargo, no fue sólo la extrema derecha la que calumnió a quienes tomaron las armas contra Assad. De hecho, como escribió recientemente Robin Yassin-Kassab, coautor de Burning Country: Syrians in Revolution and War, “fue la izquierda quien extendió la idea de que los revolucionarios sirios eran 'de al-Qaeda' antes de que la derecha acusara a los refugiados sirios”. 

Porque esto parece la muerte del internacionalismo. “Cuando el progreso no es universal, los reaccionarios progresan”, escribió el intelectual radical sirio Yassin al Haj Saleh. Su reciente artículo con motivo del aniversario de la matanza con armamento químico en Ghuta es una acusación contra esa izquierda y un llamamiento urgente a la autocrítica rigurosa. 

Los sirios no olvidarán que los progresistas les han fallado. Como han fallado a los palestinos durante la mayor parte de la historia de Palestina desde 1948, siendo solo recientemente cuando han comenzado a aceptar la noción radical de que los palestinos son seres humanos que luchan contra la barbarie del colonialismo de asentamiento; tanto es así que los llamamos PEP: Progresistas Excepto con Palestina. Ahora están repitiendo el mismo error con Siria. 

Nos preguntamos cuándo veremos el final de los PES: Progresistas Excepto con Siria. 

 

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