Irán y Arabia Saudita están deslizándose hacia un conflicto abierto

Publicado el Por Mahan Abedin (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Teherán, Irán, Riad, Arabia Saudita

Parada militar durante la conmemoración de la guerra Irán- Irak (fotografía: AFP)
Parada militar durante la conmemoración de la guerra Irán- Irak (fotografía: AFP)

 

La rivalidad entre Irán y Arabia Saudita está aumentando de manera constante desde una guerra de poder hasta una  potencial confrontación militar directa. Si bien ninguna de las partes quiere un choque general, parecen ser incapaces de manejar una trayectoria que está llevando a un conflicto militar esporádico, o incluso -con menor probabilidad- a una guerra abierta.

La señal más preocupante es la aparente disposición de ambas partes para cruzar las líneas rojas. Arabia Saudita está patrocinando a grupos de la oposición iraní, mientras que Irán supuestamente ha suministrado misiles a las fuerzas lideradas por los hutíes en Yemen.

En términos más generales, la combinación de la escalada de la guerra de poder en Siria y Yemen -en menor medida en Baréin e Irak - impregnada con un idioma cada vez más estridentemente sectario, ha abonado el terreno para un ciclo de escalada que puede, en momentos críticos, salirse de control.

 

Cómo el sectarismo alimenta los objetivos geopolíticos

A principios de este mes, el líder iraní, el ayatolá Seyed Ali Jamenei lanzó un ataque sin precedentes contra el reino saudí descalificando a los gobernantes de la Casa de Saud como "pequeños y débiles demonios al servicio del Gran Satán (es decir: Estados Unidos)”.

En respuesta, el gran muftí de Arabia Saudita, Abdulaziz Al-Sheikh, utilizó un insulto racial (“majoos”) para describir a los iraníes, a la vez que ‘excomulgó’ a toda la nación iraní como “no musulmanes”.

El telón de fondo de esta escalada en la guerra dialéctica es una serie de eventos que tocan directamente sobre las relaciones bilaterales.

Se inició con la muerte de 464 peregrinos iraníes en una estampida en el Hajj del año pasado, seguido de la ejecución del líder chiíta de Arabia Saudita, Sheikh Nimr Baqir Al-Nimr en enero. Esto llevó a la toma de la embajada saudí en Teherán y un consulado en Mashhad, llevando las tensiones entre las dos potencias regionales a niveles sin precedentes, las cosas no estuvieron tan mal ni siquiera después de la masacre de casi 300 peregrinos iraníes durante el Hajj de 1987, en el apogeo de la Guerra Irán-Irak.

El mayor factor que ha apuntalado y exacerbado la tensión es la rivalidad regional entre los dos Estados. Esta enemistad, al menos en su forma actual, no existía durante la década de 1980. En aquel entonces, Irán era un Estado revolucionario asediado, consumido por la guerra con el vecino Irak.

Por el contrario, el Irán de hoy es sin duda el poder dominante en Oriente Medio, con la influencia para llegar a todos los rincones de la región. Es importante destacar, que desempeña un papel clave en los conflictos en Yemen, Siria e Irak.

A través de sus aliados locales, Irán mantiene el equilibrio de fuerzas en el Líbano y está a punto de dar forma al próximo conflicto con Israel. La República Islámica también ejerce una influencia considerable en Baréin y la mayoría chiíta del este de Arabia Saudita. Y podría, en el momento que elija, intensificar el conflicto de baja intensidad en ambos lugares de importancia crítica para Arabia.

Al examinar las crecientes tensiones entre Arabia Saudita e Irán, los analistas occidentales tienden a adjudicar un exagerado nivel de importancia al factor sectario. Sin lugar a dudas se trata de una pieza clave en las relaciones bilaterales entre los dos países, con cada uno de ellos viéndose a sí mismos como los líderes de las dos ramas principales del Islam. Pero esta autoproclamación adquiere un significado geopolítico añadido en un momento en que la políticas de identidad sectarias proliferan en toda la región y actúan como motor de las guerras en Siria e Irak, y del conflicto político en Baréin.  

A pesar de la importancia del sectarismo, es importante tener en cuenta que tanto Irán como Arabia Saudita son Estados racionales y maduros que formulan y aplican una política exterior estrictamente según el interés nacional.

El sectarismo, o cualquier otra forma de política de la identidad, es importante sólo en la medida en que se cruza con el interés nacional y puede ser explotado para lograr objetivos geopolíticos racionalmente concebidos.


¿Cómo cambió el equilibrio de poder regional?

Lo que pone de relieve la peligrosa escalada actual no es que se esté intensificando el conflicto sectario en la región, ni la cada vez superior influencia de Irán en las guerras de poder en Siria y Yemen, sino la percepción de Arabia Saudita de un cambio decisivo en el equilibrio regional del poder.

A muchos niveles esta percepción es esencialmente correcta. El más importante es la progresiva retirada de Estados Unidos de la región y un simultáneo aumento de la confianza de Irán en sí mismo en el Golfo Pérsico, como lo demuestra la humillante detención de marines de la Armada de Estados Unidos en enero y los últimos masivos desfiles militares y maniobras para conmemorar el 36º aniversario del inicio de la guerra entre Irán e Irak.

Para obstaculizar el ritmo de estos desarrollos estratégicos, la nueva directiva saudí se ha embarcado en una política agresiva para contener la influencia iraní. Esta actitud también tiene como objetivo desestabilizar la seguridad nacional interna de Irán ampliando el apoyo a los grupos disidentes iraníes.

Como un ex diplomático iraní ha explicado, al posicionarse como  amenaza a la seguridad nacional más próxima de Irán, Arabia Saudita ha creado las condiciones propicias para una gran guerra.

Sin embargo, una combinación de factores estratégicos y militares tiene un gran peso en contra de cualquier confrontación directa sostenida.

En primer lugar, los Estados Unidos sigue siendo la fuerza militar preeminente en el Golfo Pérsico. Probablemente Washington intervendrá para contener cualquier conflicto, aunque sólo sea para garantizar el flujo de petróleo desde el estrecho de Ormuz.

En segundo lugar, debido a la falta de una frontera terrestre entre Irán y Arabia Saudita, cualquier conflicto directo se desarrollaría solamente de forma naval y aérea. Todavía existe un equilibrio de poder en estos escenarios de guerra, porque mientras que Arabia Saudita es dominante en el aire, las fuerzas navales iraníes son superiores a la marina relativamente pequeña y sin experiencia de Riad.

Por otra parte, Teherán puede confiar en sus vastas reservas de misiles balísticos para disuadir a Arabia Saudita con ataques aéreos sobre infraestructuras nacionales clave.

En la medida en que las tensiones aumentan inevitablemente, enfrentamientos esporádicos podrían ocurrir dentro de un patrón que puede persistir durante años, incluso décadas, mientras la nueva arquitectura de la seguridad regional y estratégica toma forma.

Article rating:

datos de la votación

0 Respuesta(s) a “Irán y Arabia Saudita están deslizándose hacia un conflicto abierto”

Dejar una respuesta