¿Ha llegado a su final la “Era de Daesh”?

Publicado el Por Mohammad Abu Rumman (author)

 

Con la entrada de las fuerzas iraquíes en los barrios del este de Mosul y la preparación de la batalla por Raqqa en Siria, Daesh se va desmoronando. La era de Daesh como poder a cargo de un autoproclamado “Estado” parece estar llegando a su fin. La pregunta fundamental, mas allá de las operaciones militares en curso, es si la terrorífica influencia ideológica de la organización extremista también irá decayendo, o si el fenómeno terrorista de los “lobos solitarios” se parará, o al menos declinará significativamente tras el desmantelamiento de su grupo nodriza.

Para responder a estas cuestiones podemos observar las experiencias históricas de movimientos similares en el pasado, cuyas derrotas y retrocesos militares no condujeron, sin embargo, a su extinción. De hecho, lo que sucedió fue justo lo contrario. En muchos casos, estos movimientos salieron reforzados de estos procesos: es lo que sucedió con los talibanes después de la guerra de Afganistán de 2001, o de Al-Qaeda tras la Sahawat (el “despertar” de los líderes tribales iraquíes contra la banda extremista) en 2008. Por supuesto, esto no se refiere a la central del movimiento de Al-Qaeda, sino más bien a otros grupos “yihadistas” que retrocedieron y se replegaron, como el Movimiento Islámico en Egipto y lo que quedó de la Yihad Islámica después de que cayera su líder.

Así, hay dos variables principales que podrían dictar el futuro de Daesh en Siria e Irak. La primera es la situación política, especialmente para la comunidad sunní, y sus sentimientos en lo que respecta al fracaso del modelo social actual -o exactamente lo contrario para aquellos que apoyan el mantenimiento del status quo– y su relación con el medio social en el que se encuentran.

El segundo aspecto está relacionado con la excepcionalidad de Daesh en comparación con todos los demás movimientos yihadistas del pasado, incluyendo a Al-Qaeda. Daesh constituye un auténtico “salto cualitativo” en el mundo del salafismo yihadista, hasta el punto de que los principales teóricos de esta corriente radical están en su contra, temiendo el gran cambio que ha traído consigo. El grupo radical declaró su propio Estado y un Califato, y usa de forma muy efectista la simbología islámica con el objetivo de estimular la imaginación de miles de yihadistas y jóvenes islamistas en el mundo árabe e islámico, y también, o sobre todo, en Occidente.

Daesh ha trabajado para crearse una imagen de brutalidad (pero también de fortaleza) que los jóvenes echaban en falta; una imagen que contrasta fuertemente con la debilidad y el vacío estratégico que impera en el mundo árabe. Se ha sabido posicionar como el aparente defensor de la identidad sunní, hablando en un lenguaje abiertamente sectario. Todas estas características son las que han convertido al movimiento en una fuerza atractiva para miles de personas.

Este análisis demuestra que responder a las preguntas que rodean la capacidad de atracción de Daesh, a pesar de su declive actual, es difícil y complicado y requieren de mayores y mejores análisis. Hay, con todo, dos posibles lecturas de la situación.

Para empezar, Daesh no es ni el único ni el último medio capacitado para crear una “utopía islámica” y granjearse apoyos, pero sí ha sido el que ha abierto la puerta a esta posibilidad en el presente, al menos en el ámbito sunní. Muchos de los jóvenes que apoyaban con entusiasmo al grupo takfirí no abandonarán sus aspiraciones ni su ideología sólo porque su brazo militar sea derrotado; seguirá habiendo miles de partidarios de Daesh en la región. Añadido a esto, las condiciones que llevaron a la aparición del grupo yihadista continúan existiendo. De hecho, puede que la “tragedia sunní” sea aún mayor tras la derrota de Daesh en Siria e Irak, donde podría aparecer una sensación generalizada de que la comunidad sunní está siendo atacada. Esto permitiría que las justificaciones de aquellos que defienden la necesidad de Daesh como una “organización ideológica” permanezcan intactas.

Así, tenemos ahora un análisis que es básicamente lo contrario de la primera premisa de este artículo: el fracaso de la experiencia de Daesh en establecer un “Estado Islámico” podría tener un impacto negativo en un gran número de jóvenes que albergaban grandes esperanzas en esta entidad, tal y como se les había prometido. A estos jóvenes se les aseguró la victoria y la expansión, usando el lema de “Resistiendo y avanzando”, que les motivaba a unirse a la organización, ser activos y llevar a cabo operaciones para contribuir al “nuevo proyecto de la Umma”. Sin embargo, una vez que el polvo de la batalla se asiente y estos jóvenes comprueben que ese proyecto era irreal, improvisado y criminal, su atracción por el grupo también decaerá. En tal escenario, probablemente se vayan marchando y volviéndose hacia otras opciones de resistencia más atractivas, como Al-Qaeda, o incluso, quien sabe, trascendiendo y superando por completo el discurso yihadista.

 

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