Esto es lo que sucederá cuando caiga Alepo

Publicado el Por David Hearst (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Alepo, Siria

Columnas de humo sobre los edificios en ruinas en Alepo, el 5 de diciembre de 2016 (fotografía: AFP)
Columnas de humo sobre los edificios en ruinas en Alepo, el 5 de diciembre de 2016 (fotografía: AFP)

 

Ya sea por costumbre o tradición, la transición presidencial en Estados Unidos es el momento ideal para hacer frente a los asuntos pendientes. El traspaso de una administración a la de su sucesor ofrece tentadoras oportunidades para crear nuevas realidades en Oriente Medio.

Israel utilizó la transición entre George Bush y Barack Obama para poner en marcha la ‘Operación Plomo Fundido’ en Gaza, que empezó dos días antes de que Obama tomara el cargo el 20 de enero de 2009. Rusia está utilizando ahora la transición de Obama a Trump para hacer lo mismo en Alepo.

Ambas partes en la guerra civil de Siria entienden la importancia de la sincronización. Los rebeldes incautamente dependían de las garantías ofrecidas por Hillary Clinton cuando llegara al poder. No tenían ningún plan B para una derrota de Clinton.

Por el contrario, los rusos entienden que tienen que acabar con este de Alepo antes de que Donald Trump tome el poder. Con la caída del casco antiguo de la ciudad, la tarea está casi completada.  

Vladimir Putin no se limita a pensar que acaba de recuperar Alepo. También piensa que ha ganado la discusión a Estados Unidos. Esto quedó claro con un discurso del ministro de Exteriores, Sergei Lavrov, de la semana pasada en Roma.  

Él piensa que la administración entrante finalmente ha entendido el mensaje de que los "terroristas" -todos los grupos que Rusia define como tal- suponen una amenaza mayor para la seguridad nacional que la amenaza que representa Assad.

Su argumento se basa en algo en lo que pocos hoy en día difieren: Desde Afganistán a Libia, Estados Unidos usó yihadistas salafistas como palancas de cambio de régimen, sólo para descubrir que se volvieron contra ellos.

Rusia, dijo Lavrov, no está casado con Assad. Pero está casado con el Estado sirio.

 

El temor a la victoria

Las acciones de Rusia, a diferencia de las palabras de Lavrov, cuentan una historia diferente. Según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, algo más de 10.000 personas en Siria murieron por ataques aéreos rusos entre el 30 de septiembre de 2015 y el 30 de octubre de este año, de los cuales 2.861 eran miembros del grupo Estado Islámico, 3.079 eran combatientes rebeldes, 2.565 varones mayores de 18 años, y 1.013 niños y 584 mujeres.

Está claro que Rusia ha llevado a cabo una guerra total contra una población sin protección en las zonas controladas por los rebeldes; una guerra contra su gente, sus hospitales y sus mercados, al igual que lo hizo en Grozny hace 16 años. Sus acciones se diferencian poco de las del Ejército sirio. Como todas las potencias coloniales, la Federación de Rusia se ha atribuido a sí mismo el poder de decidir qué sirios viven y cuales mueren. Y si están en zonas controladas por los rebeldes, todos mueren.

Pero eso no es lo que le preocupa a Lavrov. En privado a Lavrov le preocupa qué pasará cuando la guerra haya terminado. Qué harán con un montón de escombros, una ciudad en ruinas tras otra, cuyos ciudadanos serán totalmente dependiente de la ayuda en los próximos años.

Para apoyar a las zonas cuyas fuerzas aéreas han destruido, Rusia tendrá que empezar por reconstruir hospitales y a poner médicos sobre el terreno, lo cual  ya ha empezado a hacer en el este de Alepo. Estos, a su vez, requerirán protección, botas rusas en el terreno que se convertirán en blanco de ataques de los rebeldes. El poder aéreo no sirve de nada en una guerra de guerrillas urbana.

Solo se ha de pensar en el tiempo que los talibanes han sobrevivido a la fuerza de Estados Unidos y el poder aéreo aliado. Porque, con la caída de Alepo, se invertirán las cartas sobre el tapete una vez más, como lo hicieron cuando Rusia entró en la guerra. Las fuerzas rebeldes ya no protegerán las zonas del asalto de las milicias pro-Assad. En su lugar, comenzarán los clásicos ataques de guerrilla contra las zonas bajo el control del régimen. Assad no tiene capacidad para proporcionar la protección que las zonas conquistadas requieren.

 

El Estado sirio de ficción

La infraestructura de Siria más destrozada es su política. Después de cinco años de sangrienta guerra civil, el Estado sirio es una ficción, en el que las milicias sectarias y extranjeras son libres de vagar por el país. La función principal del Banco Central, por exponer sólo un ejemplo, es la gestión de la cartera de Rami Makhlouf (primo de Assad considerado el hombre más rico de Siria). No existe un Estado que goce con la lealtad y la confianza de los sirios.

Utilizado la analogía de la batalla de Stalingrado que los comentaristas de la derecha nacionalista rusa son tan aficionados a usar, las ruinas de Alepo es poco probable que se conviertan en el símbolo del resurgimiento de un nuevo Estado sirio. Es más probable que estas ruinas se conviertan en el campo de batalla de la resistencia contra los invasores extranjeros militarmente superiores: Rusia, Irán y Hezbolá. Los rusos no son los liberadores de Alepo, son el 6º Ejército de Friedrich Wilhelm Ernst Paulus, y si se quedan en los alrededores, tendrán el mismo destino.  

Hay dos escenarios después de la caída de Alepo. La primera es que la oposición siria en todas sus formas se desintengre y desaparezca. Assad se quedaría así en el poder mientras se habla de una transición que se postergaría indefinidamente. Se llevarían a cabo elecciones, que no incluirían a los refugiados fuera de Siria. La preservación del régimen sería clave para todos los cálculos de los aliados extranjeros a Assad, que han pagado un precio muy alto para mantenerlo en el poder.

Por esta razón, cuando caiga Alepo, Putin y Lavrov trabajarán horas extras para declarar su misión cumplida como lo hizo Bush en Irak y terminar la guerra oficialmente. Esto es una ilusión. Federica Mogherini, la jefa de política exterior de la Unión Europea, tenía razón cuando advirtió a Lavrov en Roma la semana pasada que la caída de Alepo no será el final de la guerra.

El grado de destrucción y desplazamiento humano en esta guerra civil sólo alimentará más resistencia. Esto no es una repetición de Hama, escenario de una insurrección de los Hermanos Musulmanes en 1982, que estaba contenida cuando la ciudad fue destruida por el padre de Assad, Hafez.

 

¿Aprenderán la lección los rebeldes?

La caída de Alepo sólo aumentará la crisis de liderazgo suní. Lo que seguramente provocará alguna reacción y la pregunta de si los rebeldes pueden adoptar una respuesta racional.

Y este es el segundo escenario. ¿Los rebeldes aprenderán las lecciones de su gran fracaso estratégico y militar? Son muchas lecciones. Se cree que tenían diversas garantías provenientes de Estados Unidos, Arabia Saudita, Turquía, Catar de que estaban a punto de conseguir las armas de guerra que necesitaban para luchar en esta guerra. Las cuales nunca llegaron.

Michel Kilo, un disidente sirio exiliado, a quien los rusos intentaron reclutar, acusó furiosamente a los saudíes de “cometer un crimen contra el pueblo sirio”. Él dijo:

"Nuestros hermanos en Arabia Saudita no son ni capaces de elaborar un plan ni son capaces de lograr una remontada ante la campaña que se libra contra las sociedades árabes e islámicas. Ellos viven sólo porque tienen dinero; viven en el desierto. Juro por la vida de mis hijos que no podrán salir de esto con el Golfo intacto, y lo verán desmontado piedra a piedra. Están destruyendo el mejor país en el mundo islámico y árabe; un país cuyo nombre es Siria”.

La lección de esto es que la oposición siria no puede confiar en nadie. Sin embargo, con el fin de ser autosuficientes, necesitan estar unidos. El brazo político de la oposición siria, que consistía en diplomáticos y académicos desertores simplemente no podía hacer frente a la tarea en cuestión. Estaban divididos por sus propias diferencias. Eran débiles, engañados por la ayuda que obtendrían de Estados Unidos.

Los rebeldes sirios tienen que recuperar su cara multiconfesional. La guerra comenzó como un levantamiento civil desarmado contra una dictadura de gestión familiar. Ellos ya lo han olvidado, pero las caras de esta revolución fueron George Sabra, un cristiano ortodoxo griego y el primer presidente del Consejo Nacional Sirio, Burhan Ghalioun, un presidente sunita del Consejo Nacional de Transición, y Fadwa Soliman, una actriz de ascendencia alauita. 

Las caras de los combatientes de hoy en día en palabras de Kilo no son "democráticas". La cara original de esta revolución tiene que ser recuperada para que una Siria unida pueda resurgir alguna vez de las cenizas de Alepo.

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