Arabia Saudita y Saad Hariri: A situaciones desesperadas, medidas desesperadas

Publicado el Por Peter Speetjens (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Beirut, Líbano, Riad, Arabia Saudita

Hariri después de votar en las elecciones municipales, el 8 de mayo de 2016 en Beirut (fotografía: AFP)
Hariri después de votar en las elecciones municipales, el 8 de mayo de 2016 en Beirut (fotografía: AFP)

 

...Y la danza de poder en El Líbano, finalmente llegó a su fin.

Después de 29 meses de estancamiento político, Michel Aoun vio sus sueños presidenciales convertidos en realidad gracias al repentino giro de Saad Hariri, que apoyó que el ex general de 81 años fuera nombrado primer ministro.

Un notable giro de los acontecimientos, teniendo en cuenta que un joven Hariri se opuso al bloque pro sirio durante casi una década. Además de que el principal partido chií del país, Hezbolá -que lucha junto a Bashar Al-Assad en la frontera con Siria- sea verdad o no, está acusado del asesinato del padre de Saad, el ex primer ministro del Líbano, Rafik Hariri.

Fue un giro de los acontecimientos importante, pero, sin embargo, no del todo inesperado. Después de todo, las situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Y Saad Hariri parece un hombre desesperado, en verdad.

Dicen que se necesitan tres generaciones para desperdiciar una fortuna familiar. Pues bien, con 46 años, Saad se encuentra bien encaminado en destruir la de su padre en una sola generación.

 

Enfrentamientos en Arabia Saudita

La lista de multimillonarios a nivel mundial publicada el 2 de diciembre de este año, estima la fortuna de Saad Hariri en unos $1,3 mil millones, bastante por debajo de la asombrosa cifra de $4,1 mil millones que se le atribuían poco después del asesinato de su padre, en febrero de 2005.
 
La merma de la fortuna de Hariri se debe, sobretodo, a los problemas financieros de Saudi Oger.
 
Fundada en 1978, el gigante de la construcción ayudó a construir el reino de Arabia Saudita, y de paso convirtió a Rafik Hariri, el hijo de un agricultor de naranjas, en multimillonario.
 
En los últimos tiempos, ha habido numerosos informes sobre miles de trabajadores extranjeros que no han recibido sus sueldos durante muchos meses, y se han quedado varados en el reino saudí. En junio, unos 150 de ellos prendieron fuego a una flota de vehículos de Saudi Oger frente a la sede de la empresa, en Yeda.
 
En general, la económica de Arabia Saudita es culpable de los problemas de la empresa. Debido al bajo precio del petróleo, el gobierno saudí no ha pagado facturas de proyectos antiguos y ha ofertado cada vez menos contratos. La mala gestión (de entre otros, el hermano menor de Saad, Ayman) es otra de las causas.
 
Si bien ambas causas tienen parte de culpa de la situación de la empresa, podría decirse que no abarcan toda la verdad. Por un lado, el precio del petróleo se derrumbó en 2014, mientras que los problemas financieros de Saudi Oger comenzaron tres años antes.
 
En enero de 2011, una televisión libanesa transmitió un audio filtrado en el que se podía oír a Hariri comparando al ministro del Interior de Arabia Saudita, el príncipe Mohammed bin Nayef, con el “sanguinario”, Assef Shawkat, el jefe de Inteligencia militar de Siria.
Bin Nayef en ese momento estaba a cargo de la lucha contra el terrorismo y era conocido como un hombre rudo.

A pesar de los que los medios de comunicación se retractaron y ofrecieron negaciones y disculpas, a bin Nayef no le hizo ninguna gracia ser siquiera mencionado en la misma frase que su homólogo sirio.

Semanas después -tal y como me contó un ex editor de un periódico libanés- Saudi Oger fue allanado por la policía saudí y acusado de pagar sobornos. La empresa también habría perdido miles de millones de dólares en contratos que ya parecían cerrados.
 
Poco después, en agosto de 2011, Saudi Oger firmó préstamos por $2 mil millones con bancos regionales, seguido por otro préstamo de $1 mil millones en febrero de 2013.
 
Si bien es muy difícil de ver detrás del velo del poder saudí, no es ningún secreto que la política y los negocios en el reino a menudo van de la mano. Sin duda no ayudó a la fortuna de Oger que el ya poderoso bin Nayef en enero el año 2015 se volviera aún más poderoso cuando fue nombrado príncipe heredero a la corona.
 
Lo cierto es que las cosas no han mejorado desde entonces. En septiembre, Reuters informó sobre las negociaciones entre el gobierno saudí y Saudi Oger por unos $8 mil millones en pagos de proyectos anteriores y la posibilidad de que el Estado se hiciera cargo de parte de la empresa.

Las conversaciones se detuvieron bruscamente en julio, con Saudi Oger diciendo que el gobierno había sido “agresivo” en las negociaciones. No dio ninguna razón.  Poco después, según la misma fuente, Samba Financial Group se convirtió en la primera entidad de crédito en demandar a Saudi Oger por los pagos pendientes.

Mientras tanto, 31.000 empleados en Arabia Saudita han presentado quejas por  impago de salarios, mientras que unos 200 ingenieros y directivos franceses - que no han sido remunerados por su trabajo durante nueve meses - se están preparando para demandar a la empresa.
 
Desde entonces se han sucedido informes sobre venta de activos, desde una mansión de Hariri con 45 habitaciones en Londres, hasta recientemente, la participación del 21% de Saudi Oger en el Banco Árabe, estimada en $1 mil millones.
 
La falta de fondos de Hariri ha debilitado seriamente su posición en el Líbano. El partido político Al-Mustaqbal está en medio de un conflicto abierto con algunos miembros, el más destacado de ellos, Ashraf Rifi. Medios de comunicación de Hariri en 2015 estuvieron 6 meses sin pagar sueldos.
 
Con las finanzas consumiéndose y el camino a Riad aparentemente cerrado, no debe sorprender que Hariri haya dirigido su atención a su tierra natal para recuperar su fortuna, incluso si eso implica abrazar a sus antiguos adversarios. Además, no es la primera vez que Hariri ha actuado de manera misteriosa.

Hace aproximadamente un año, sorprendió a amigos y enemigos cuando, de repente, anunció que apoyaba el nombramiento de Suleiman Frangieh como presidente. Frangieh proviene de una familia política muy conocida que siempre ha tenido estrechos vínculos con Damasco. El plan, que contó con el apoyo de Francia, fracasó espectacularmente.

Hasta entonces, el candidato de Hariri para el puesto había sido siempre Samir Geagea, que viene a ser el archienemigo de Frangieh. En los primeros años de la guerra civil libanesa, Geagea participó en una incursión en la fortaleza Frangieh en Ehden matando a unas 40 personas, entre ellos el padre de Suleiman, Tony.

Si Frangieh se hubiera convertido en presidente, Geagea hubiera quedado fuera de escena por completo.

Pero Hariri decidió abandonar ese barco, y unirse a la facción Aoun/Hezbolá. Como resultado de ello, el desestancamiento de la presidencia libanesa dejó a Hariri aún más aislado que antes.  

La opción por la que optó Hariri al apoyar el nombramiento de Aoun como presidente, y por lo tanto unirse al bloque político que se ha opuesto durante tanto tiempo, parece que su única posibilidad de supervivencia económica y política. En El Líbano, al igual que en Arabia Saudita, negocios y política también van de la mano.

Como primer ministro, Hariri estará al tanto de todos los contratos del gobierno saliente, y será capaz de poner a algún aliado en un Ministerio que le resulte lucrativo. Su renovada posición de poder y prestigio incluso pueden interesar a la familia real saudí.

Quién sabe, puede que le recompensen con un contrato para Saudi Oger o, al menos, paguen lo que le deben.
 

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