¿Pueden Turquía y Rusia hacer retroceder a Irán en Siria?

Publicado el Por David Hearst (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Damasco

Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov estrecha la mano a sus homólogos de Turquía, Mevlut Cavusoglu, y de Irán, Javad Zarif, durante una conferencia en Moscú el 20 de diciembre de 2016 (fotografía: AFP)
Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov estrecha la mano a sus homólogos de Turquía, Mevlut Cavusoglu, y de Irán, Javad Zarif, durante una conferencia en Moscú el 20 de diciembre de 2016 (fotografía: AFP)

 

No hace mucho tiempo, la pregunta en la mente de muchas personas era si Estados Unidos elegiría a los turcos o a los kurdos en la liberación de la ciudad del norte de Siria de Al-Bab de las garras del grupo Estado Islámico.

Esa pregunta ya ha sido contestada en al menos dos ocasiones. Las fuerzas terrestres turcas están recibiendo cobertura aérea de los rusos, y hay poco que Estados Unidos, o sus antiguos aliados kurdos del YPG puedan hacer al respecto.

Sputnik News -que ha adoptado el papel de voz oficial de Rusia en lugar de la Agencia RIA Novosti y que en un momento estuvo prohibido en Turquía- informó sobre los tres primeros ataques aéreos rusos alrededor de Al-Bab de la siguiente manera:

“Escudo de Éufrates, una operación de Turquía para defender su frontera de los terroristas, recibió un impulso notable de Rusia. Funcionarios militares turcos anunciaron que ataques aéreos de aviones de combate rusos eliminaron a 12 militantes de Daesh (Estado Islámico). Estados Unidos ha eludido apoyar a Turquía debido a que Washington ha apoyado a los kurdos del YPG, un grupo que ha buscado durante mucho tiempo para crear su propia nación, independiente de Ankara".

Sputnik ha omitido mencionar que Moscú apoyó a los kurdos sirios en dicha ambición, y les permitió abrir su primera oficina internacional en Moscú. Todo eso, por supuesto, es ahora agua pasada.
 

Arabia Saudita ya no está interesada

Bienvenidos al nuevo orden mundial; por lo menos en lo que respecta a Siria. La caída de Alepo supuso un cambio de liderazgo entre aquellos Estados que han tirado de los hilos de la oposición política y militar de Siria. Han salido Estados Unidos y Arabia Saudita, y ha entrado Turquía.
 
No hace mucho tiempo, los saudíes controlaban hasta los más pequeños movimientos de oposición siria. Cuando los líderes de la oposición siria se retiraron de la última serie de conversaciones de paz en Ginebra, hubieron llamadas desde Riad dándoles instrucciones sobre el momento de salir del hotel.
 
En diciembre, el rey Salman se dirigió a su recién nombrado Consejo de la Shura, el Parlamento no electo del reino, en lo que podría considerarse un discurso de ‘estado de la nación’. Esto fue un par de días antes de la caída de Alepo. Salman no hizo ni una sola referencia a Siria en la parte de su discurso dedicado a la política exterior, y sólo emitió una escasa condena en medio de las alabanzas a la labor humanitaria de Arabia Saudita, en su campaña para ayudar a los refugiados sirios.
 
La omisión fue deliberada. El mensaje que el rey de Arabia Saudita estaba enviando a los rebeldes sirios, a los que una vez había financiado y armado, era simple: Ya no estamos interesados. Claramente este hecho tiene consecuencias para Turquía.
 

Cortejo a Turquía

El desencanto de Turquía con la administración saliente de Obama se había estado construyendo de manera constante, y alcanzó un pico después del fallido golpe de Estado de julio del año pasado. Durante años, pidieron una zona de exclusión aérea en Siria y no lo consiguen. Durante años, pidieron armas que permitirían al Ejército Libre de Siria cambiar el curso de la guerra. Obama tampoco lo permitió.
 
Teoría de la conspiración o no, la mayoría de los miembros del gobierno en Turquía creen que Washington tuvo algo que ver en el intento de golpe o tenía conocimiento previo del mismo. Las relaciones con Europa son frías, después del fracaso de la UE para facilitar un acuerdo de exención de visado para los ciudadanos turcos. Esta fue una de las razones que obligaron a Ahmed Davutoglu a renunciar como primer ministro.

Mucho de esto es ha supuesto ‘maná del cielo’ para el hombre que se ha convertido en el aliado extranjero más cercano a Erdogan, Vladimir Putin. La relación con Turquía se ha convertido en muy importante para Moscú, demasiado importante para verse descarrilada incluso por el asesinato de un embajador ruso. Turquía es el segundo mayor ejército de la OTAN, la alianza militar cuya expansión hacia el este ha minado gran parte de la fuerza geopolítica de Rusia. La posibilidad - aún remota - de que Erdogan pueda alejarse de la OTAN sería un logro importante para Putin.
 
Putin ha conseguido lo que quería de su intervención en Siria. Él tiene su base militar; el Estado sirio se ha preservado, y los rebeldes han sido tan debilitados, que están listos - o al menos es lo que los rusos calculan - para aceptar un acuerdo sobre un gobierno de transición que mantendría a Assad en el poder.
 

Riesgo de represalias

Rusia no está interesada en aniquilar a los rebeldes sirios en Idlib, o en poner a la gran mayoría de la población suní contra ellos. El despliegue de 400 policías militares de Chechenia - que son musulmanes sunitas - en Alepo fue otro producto del pacto turco-ruso; fue una petición de Turquía.

Donald Trump siente que tiene un problema con los musulmanes, que suponen menos del 1% por ciento de la población en Estados Unidos, pero las minorías musulmanas - principalmente tártaros, bashkires y chechenos - alcanzan hasta el 14% de la población de la Federación Rusa. Hay un millón de musulmanes sólo en Moscú, donde tiene lugar una de las celebraciones de Eid más grandes del mundo. El riesgo de llevar las consecuencias de la situación de Siria a las calles de Moscú es real, con o sin amenazas en vídeo de células durmientes en la capital rusa del grupo Estado Islámico.

A Rusia le interesa alcanzar un cierre en el conflicto sirio más pronto que tarde. Lo último que Putin quiere hacer es repetir los errores de Bush en Irak, o el de los soviéticos en Afganistán, en la que ambas fuerzas invasoras ganaron la guerra, pero perdieron la paz.

Aquí los intereses rusos e iraníes divergen. Rusia nunca ha tenido un problema con los ataques aéreos israelíes en las líneas de suministro de Hezbolá en el sur de Siria. A diferencia de Rusia, los motivos de Irán en Siria son ideológicos.

Irán es el cerebro detrás del plan de Assad para volver a dibujar el mapa étnico de Siria. Ellos quieren evacuar a todos los suníes de las zonas entre Damasco y la frontera con el Líbano. Irán ha llevado a 300 familias chiíes de Irak para repoblar el pueblo cercano a Damasco de Daraya, que se rindió como bastión de la oposición en agosto. También se han distribuido familias chiíes para proteger el santuario de Zainab. La planificación estratégica de Irán es, a largo plazo y profundamente sectaria.
 
Irán impulsó una ofensiva total contra Idlib después de la caída de Alepo, argumentando, hasta ahora sin éxito, que no se les debe dar ni un respiro a los rebeldes.
 

Los ganadores, perdedores y un abandono

Esta es, entonces, la situación actual en Siria; la que recibirá Trump el 20 de enero. Sin él tener que tomar una decisión política, todo está hecho a medida para un nuevo acercamiento de Estados Unidos tanto a Putin como a  Erdogan, y todo ello con la bendición de Israel.
 
Los perdedores del pacto ruso-turco -bendecidos por Trump- serán las milicias apoyadas por Irán y el YPG. Ha habido tensiones entre Irán y los kuros iraquíes, aunque con un grupo más cerca de Barzani, un grupo armado de oposición kurdo iraní llamado el Partido Democrático del Kurdistán Iraní. Ellos acusaron a Irán de un bombardeo en Koy Sanjaq, una ciudad al este de Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, en el que murieron cinco de sus combatientes y un policía iraquí.
 
El año pasado de produjeron los primeros enfrentamientos letales en muchos años entre combatientes kurdos y la Guardia Revolucionaria iraní en el noroeste de Irán. Por ahora, las fuerzas kurdas sirias, apoyadas por Estados Unidos y las Fuerzas Democráticas Sirias, todavía avanzan hacia Raqa.
 
El pacto de facto entre Rusia y Turquía para demarcar zonas de influencia en Siria tendría la bendición del rey Salman. Los saudíes estaban tan aterrorizados de la intervención rusa, el acuerdo nuclear con Irán y la ley de Justicia contra Patrocinadores del Terrorismo (JASTA) en el Congreso estadounidense, que harían cualquier cosa para estar del mismo lado que la nueva administración de Estados Unidos. Su política exterior se basa ante todo en el miedo. Esta fue la razón por la que silenciaron a su mejor periodista, Jamal Khashoggi, por meramente ‘tuitear’ sobre el tema.
 
No obstante, al final de la historia. Ni Irán, ni Assad - ambos de los cuales quieren aprovechar su ventaja contra los rebeldes - se verán frenados tan fácilmente, como han mostrado las últimas violaciones de alto el fuego en los alrededores de Damasco. Después de haber invertido tanto en su intervención extranjera, Irán no va a querer que Turquía logre estabilizar y fortalecer al Ejército Libre Sirio bajo un mando unificado, como ahora amenaza con hacer.
Tampoco las facciones rebeldes sirias son tan fáciles de “encender o apagar”. No comparto la confianza de Moscú de que se vayan a sentar con Assad en una habitación, y mucho menos que estén de acuerdo en quedarse en ella.
 
Todos estamos siendo testigos de otro capítulo en la retirada de Estados Unidos de Oriente Medio.
 

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