Sangre, corrupción y las dos islas: Una historia egipcia

Publicado el Por Amr Khalifa (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): El Cairo, Egipto

Egipcios protestando cuando el Tribunal anunció el 19 de diciembre de 2016 que posponía el veredicto sobre las islas al 16 de enero de 2017 (fotografía: AFP)
Egipcios protestando cuando el Tribunal anunció el 19 de diciembre de 2016 que posponía el veredicto sobre las islas al 16 de enero de 2017 (fotografía: AFP)

 

En abril de 2016 sin ninguna consulta política previa, Abdel Fattah Al-Sisi decidió entregar dos islas del Mar Rojo, Tirán y Sanafir, al principal benefactor político y económico del país, Arabia Saudita.

La ira fue generalizada, y el 15 de abril tuvieron lugar las mayores manifestaciones desde que que Sisi tomó el poder, con una segunda ronda de manifestaciones y detenciones preventivas 10 días más tarde.

El 21 de junio, el Consejo de Estado -el organismo judicial que supervisa cualquier asunto legal del gobierno- anuló el acuerdo entre Sisi y Arabia Saudita. Pero inmediatamente después, la Autoridad judicial del Estado recurrió la decisión.

Ingenuamente, el régimen de Sisi pensó que la reacción a la venta de las islas quizás duraría un día o dos. Mal de nuevo: Apenas el miércoles pasado, varios grupos de la oposición anunciaron una manifestación que coincidirá con una decisión final sobre las islas que será emitida por el Tribunal Supremo Administrativo el 16 de enero.

"El poder judicial egipcio es independiente", ha dicho Sisi en múltiples ocasiones. Sin embargo, los hechos han desmentido tales afirmaciones constantemente y la denominada “célula Marriott” -incluídos los periodistas de Al-Jazeera Peter Greste y Mohamed Fahmy- no es más que un ejemplo entre muchos.

Con el veredicto final del 16 de enero acercándose rápidamente, cada vez queda más claro que el régimen está ejerciendo una enorme presión sobre el Consejo.

La lucha por las islas es la punta del iceberg de una batalla entre el poder judicial de Egipto y la rama ejecutiva; un caso de corrupción con dramatismo cinematográfico, una estancia en un hotel misterioso y lo que algunos creen que puede haber sido un asesinato.


El tesoro de Ali Baba

Tres días después de la Navidad, Ahmed Gamal El Labban, director del Departamento de compras del Consejo de Estado, a cargo de la asignación de papel, tinta y equipos a los Tribunales del país, recibió una visita.

La autoridad administrativa de control (ACA), un cuerpo de agentes de la Policía y del Ejército en su mayoría jubilados que supervisa las agencias públicas, había llegado para investigar su casa.

En casa de Labban, según los informes, descubrieron un tesoro del tamaño del de Ali Baba, como fue descrito por medios locales: $4 millones de dólares, 24 millones de libras egipcias, dos millones de euros y un millón de riales saudíes, escrituras de bienes raíces, vehículos y oro.

En lugar de reportar la noticia, la prensa egipcia a favor del gobierno transmitió la historia tal como se le entregó escrita por un acérrimo del régimen.

Pero teniendo en cuenta la simultaneidad con la apelación sobre las islas en la Corte, algunos observadores sospecharon sobre el momento y la naturaleza pública de este caso de "corrupción".

Al final resultó que Labban era socio de una casa de cambio de moneda extranjera, hecho que era muy conocido entre los jueces de los tribunales y empleados administrativos.

De hecho, "muchos de los empleados del Consejo de Estado, enviadas al exterior, le piden a Labban que les cambie dinero", dijo una fuente de la Corte Suprema.

Con una investigación mínima, la ACA podría haber confirmado estos hechos. Además, sin afirmar la culpabilidad o inocencia del sospechoso, los medios de comunicación deberían haber puesto de manifiesto que muchos de los involucrados en el comercio de divisas a menudo desplazan los fondos desde las oficinas a sus hogares para evitar la confiscación.

Pero en realidad, el régimen había "comenzado un esfuerzo orquestado para arruinar la reputación del Consejo de Estado", dijo la fuente. Efectivamente, cuando la noticia del hallazgo en la casa de Labban llegó a los medios, no fue descrita como un posible caso de corrupción personal, sino como "la corrupción en el Consejo de Estado ".

Ese sólo fue el primer acto en la batalla entre el poder ejecutivo y el judicial de Egipto.

Muchos en el Consejo de Estado se pusieron nerviosos sobre el impacto que el escándalo pudiera tener sobre los jueces, de acuerdo con la fuente, quien afirmó sin rodeos que en ese momento se trataba del régimen de Sisi presionando al Consejo más poderoso del Estado de forma implícita. Se trataba de dejar pasar el caso de ‘corrupción’ a cambio del veredicto sobre las islas.

A pesar de las promesas de la ACA al Consejo de Estado de que su investigación finalizaría con Labban, poco después fue registrada la casa del secretario del Consejo de Estado, Wael Shalaby, presuntamente por estar vinculado con el caso de Labban.

"Shalaby estaba muy, muy cerca de los círculos de poder  y estaba involucrado de forma directa con los aumentos salariales recibidos por los jueces" a causa de su relación íntima con Sisi, dijo la fuente. Durante su mandato, las oficinas del Consejo de Estado aumentaron de siete a 21, según la fuente.

Estar en una posición tan sensible puede ser un arma de doble filo: Por un lado, te conviertes en una caja de secretos. Por otra parte, los secretos pueden ser considerados un peligro para los pocos que caminan por los pasillos del poder. "Él era el hombre del régimen", dijo la fuente.

Hasta que dejó de serlo.

 

Una noche en Al Masa

Según la fuente, los consejeros del Consejo de Estado privado, que consta de los siete más antiguos - y, por extensión, los miembros más poderosos - escucharon una conversación telefónica suministrada por la ACA que implicaba, pero no confirmaba cualquier delito cometido por el juez; deliberaron y "presionaron" al juez Shalaby a renunciar.

Después de su dimisión, el Consejo de Estado pidió una orden de silencio y el cierre de todos los informes sobre el caso Shalaby, pero fue rechazado.

"Una orden de silencio no es una decisión jurídica, sino política", dijo la fuente. "Habían utilizado órdenes de mordaza en asuntos mucho más pequeños que afectaban a cualquiera en el poder judicial".

Por ley, Shalaby perdería su inmunidad judicial esa medianoche y luego podría ser arrestado. No se dirigió a casa. En su lugar, se dirigió al "Al Masa", un hotel utilizado por las fuerzas armadas cerca del aeropuerto internacional de El Cairo.

¿Por qué se metió de buen grado en la boca del lobo?.

Nadie, incluyendo a la fuente de alto rango que conocía a Shalaby, puede decir con certeza lo que ocurrió en el hotel. Pero es muy posible que  negociaciones iniciadas ya sea por Shalaby o por un funcionario de alto rango del Ejército hayan podido tener lugar. Muchos de esos acuerdos han sido alcanzados de manera similar en lugares no convencionales.

La ACA tenía  la intención de detener a Shalaby antes, pero fue obstaculizado por su inmunidad y el Consejo de Estado. Pero a las 2 am, dijo la fuente, una orden de detención fue emitida por el juez.

"Como saben, esta nación tiene una sola voz, y se conoce el destino de cualquier voz en contra", explicó la fuente del Consejo de Estado.

Esa noche, Shalaby llamó a su familia: "No os preocupéis por mí, esto va a pasar en un día o dos". Él estaba equivocado.

 

Conectar los puntos

Después de 40 horas de investigación del caso Shalaby por la ACA y los miembros de la oficina del fiscal de distrito, el juez estaba muerto. "Mi cliente se ahorcó usando una bufanda que llevaba", dijo su abogado a la prensa.

Las noticias del aparente suicidio de Shalaby se filtraron rápidamente y, con la terrible reputación de las fuerzas de seguridad del gobierno en relación con las muertes de prisioneros, las teorías fueron numerosas.

"El “suicidio" de Wael Shalaby, a pesar de las dudas que le han rodeado, no cabe en cabeza de nadie”, dijo la fuente. “Si tuvieran pruebas materiales del 'suicidio', las habrían hecho públicas".

Labban está ahora en la cárcel, Shalaby está muerto, y el Consejo de Estado está manchado con acusaciones de corrupción". El Consejo tiene su parte de corrupción, como lo tienen todas las instituciones en Egipto, dijo la fuente, sin parpadear.

Vale la pena mencionar el caso de Hisham Geneina, ex jefe de la Autoridad de Rendición de Cuentas del Estado.
El año pasado, después de que Geneina declaró públicamente que la corrupción en las instituciones del Estado egipcio durante cuatro años ascendió a $68 mil millones, se vio envuelto en el caso legal ampliamente publicitado contra él.
El régimen vilipendió a Geneina por poner de relieve la corrupción, pero cuando el régimen trató de atacar al Consejo de Estado, utilizó la misma acusación para manchar la reputación de la venerable institución.

Curiosamente, a finales de este mes, el Consejo de Estado tiene previsto pronunciarse sobre si Geneina puede volver a su antiguo puesto.

Los casos de Tirán y Sanafir y Geneina son nada menos que una vergüenza para el gobierno. ¿Son la “corrupción y el  "suicidio" por la independencia judicial que Sisi y sus seguidores consideran inaceptable?, ¿o se trata de un intento de cortar las alas del último bastión de independencia relativa dentro del panteón egipcio judicial?

Después del golpe militar de 2013, 75 jueces se reunieron en un barco del Nilo y pidieron el retorno a la democracia.Tres años más tarde,"casi la mitad" fueron retirados de sus cargos.

Y ahora nos encontramos mirando el caso de las Islas. Pero esto no se trata de dos islas, ni siquiera de un empleado presuntamente corrupto y otro muerto.

En juego está un órgano judicial que lucha por su independencia, de hecho, su propia supervivencia, contra un régimen luchando por la hegemonía.

Al centrarse en las islas por sí solas muchos están paralizados observando un árbol, que les impide ver el bosque: La independencia judicial.

 

 

 

 

 

 

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