¿Una OTAN árabe? Aún queda un largo camino por recorrer

Publicado el Por Jane Kinninmont (author), Arabia Watch (author)

Ejercicios militares parte de la operación 'Trueno del Norte' el 10 de marzo de 2016 (fotografía: AFP)
Ejercicios militares parte de la operación 'Trueno del Norte' el 10 de marzo de 2016 (fotografía: AFP)

 

Incluso cuando los aliados de Estados Unidos buscan dar sentido a las declaraciones contradictorias, y a menudo críticas contra la OTAN, ha surgido un rumor sobre que Estados Unidos quiere ayudar a construir un equivalente árabe de la alianza.

Sea cual sea la situación exacta de esta supuesta política -en un momento de gran incertidumbre y declaraciones contradictorias- la supuesta iniciativa pone de manifiesto dos tendencias importantes en la evolución de la seguridad en Oriente Medio.

La primera es la aspiración que existe en el mundo árabe a intensificar la cooperación en la seguridad regional. A pesar de las similitudes culturales y lingüísticas en la región, las diferencias políticas y económicas, así como los legados coloniales, han limitado el alcance de la cooperación regional, ya sea a nivel político, económico o militar. En la actualidad, la Liga Árabe es una de las organizaciones regionales más débiles del mundo.

Incluso el Consejo de Cooperación del Golfo, formado por sólo seis monarquías que parecen tener más en común que los 22 estados (y Palestina) de la Liga Árabe, ha tenido problemas para encontrar una línea común en muchos de los temas clave de seguridad a los que sus miembros se enfrentan, desde Irán, a Yemen, pasando por el papel del Islam político.

No obstante, hay países del Golfo que actualmente están impulsando la cooperación en seguridad regional, a través de la coalición liderada por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) que está luchando en Yemen, y la “Alianza militar islámica” de la operación “Trueno del norte”. Esta última ambiciona considerarse a sí misma como la “OTAN islámica” para luchar contra el extremismo.

Tradicionalmente, los países del Golfo han dependido de las garantías de seguridad occidentales, pero ahora están tratando de tener opciones más cerca de casa, especialmente en el mundo árabe e islámico.

 

La autosuficiencia se queda corta

Esto es en parte la evolución natural de los Estados poscoloniales, y en parte es una respuesta a la percepción de que el compromiso de Estados Unidos con la seguridad del Golfo ya no es tan segura como lo fue en el pasado.

Esta percepción es probablemente exagerada, pero refleja los cambios a largo plazo en el mercado del petróleo, la falta de apoyo público de Estados Unidos a las intervenciones militares en Oriente Medio, y las ideas divergentes sobre las futuras amenazas de seguridad para los Estados del Golfo.

Sobre este último punto, una de las mayores preocupaciones para los gobiernos del Golfo son los posibles escenarios donde sus regímenes se puedan ver amenazados por los movimientos nacionales o transnacionales, y no por otros Estados, y ellos no están seguros de si Estados Unidos los defendería ante este tipo de amenazas.

Por consiguiente, desean ser más autosuficientes, con EAU, y ahora Arabia Saudita, tratando de desarrollar sus propias industrias de defensa en lugar de depender totalmente de las importaciones, que en el futuro podrían ser suspendidas por Parlamentos extranjeros. EAU y Catar están introduciendo el servicio militar obligatorio. Y dado que la mayoría de ellos tienen poblaciones pequeñas, sus gobiernos están buscando la cooperación de seguridad con países que tienen mayor mano de obra militar, especialmente con Egipto.

La sociedad civil en general lamenta el déficit de cooperación regional, sobre todo en el aspecto económico; cualquier reunión de economistas regionales que aborde los males del mundo árabe recomendará una mayor cooperación regional, pero en la práctica nunca sucede. La sociedad culpa a los gobiernos por no superar sus diferencias políticas.

Cuando se trata de la cooperación de seguridad, las opiniones son más variadas; la sociedad civil se muestra a menudo dudosa -o directamente amenazada- ante la cooperación entre las fuerzas de seguridad de países que en su mayoría siguen siendo autoritarios.

En cuanto a la cooperación militar, la guerra en Siria, y la ausencia de cualquier intención creíble de una intervención contra Assad ha llevado a muchos a la conclusión de que la región necesita su propia fuerza y no se puede confiar en Estados Unidos, u otros, para intervenir o incluso para detener las matanzas.

Pero Siria también ha puesto de manifiesto las divisiones dentro del mundo árabe, como se ha visto en la extendida oposición a cualquier sugerencia de intervención del Golfo o Turquía allí, y en que la división política ha tendido a recaer en gran medida - aunque no exclusivamente - a lo largo de líneas sectarias.

La Alianza liderada por Arabia Saudita ‘Trueno del Norte’ ha sido criticada por haber estado formada hasta hace muy poco exclusivamente por Estados de mayoría suní. En diciembre el año 2016 se unió Omán, pero Irán e Irak todavía permanecen fuera de la agrupación.

La administración Obama ya había tratado de fomentar una mayor cooperación de seguridad regional, ya que quería reducir la presencia a largo plazo de sus propias fuerzas en la región. Pero tenía remordimientos después de ver cómo las "soluciones regionales a problemas regionales" se estaban desarrollando en Siria y Yemen.

 

El enemigo común ya no Israel: Es Irán

La segunda tendencia importante es que se han producido cambios importantes en la percepción de amenazas regionales en las últimas décadas, que han llevado a los estados árabes clave a considerar a Israel menos como un enemigo y más como un estado con el que comparten otros enemigos comunes. En su lugar, el foco de los gobiernos árabes clave está en la percepción de amenaza de Irán, y de una variedad de grupos no estatales transnacionales, en particular el grupo Estado Islámico y Al-Qaeda.

Los militares de Egipto y de Israel están cooperando hoy en día más de lo que lo han hecho en el pasado, con el fin de protegerse de la insurgencia en el Sinaí, que ven en gran parte como una amenaza común. Y aunque los Estados del Golfo oficialmente todavía no tienen relaciones diplomáticas con Israel, no lo consideran una amenaza geopolítica.

Ante esto, la idea de una unidad de seguridad regional árabe que podría funcionar en silencio con Israel no es sorprendente. Sin embargo, su puesta en práctica sigue siendo un problema, sobre todo por las divisiones entre los gobiernos árabes (que pueden ponerse de acuerdo sobre la lucha contra Estado Islámico, por ejemplo, pero tienen opiniones diametralmente opuestas sobre los Hermanos Musulmanes), así como la competencia entre Arabia Saudita y Egipto, e incluso entre Arabia Saudita y los EAU.

Estas cuestiones hasta ahora han hecho difícil incluso construir una alianza militar del Golfo, especialmente una que pretenda ir más allá de Yemen. Incluso en Yemen existen importantes diferencias estratégicas entre Arabia Saudita y EAU sobre la posibilidad de trabajar con los islamistas locales.

 

Divisiones sectarias

También hay preguntas acerca de cómo una alianza de Estados árabes podría hacer frente a los desafíos de seguridad más complejos a los que se enfrenta la región, en términos de fracaso del Estado y su fragilidad, y el resurgimiento de una forma violenta y conflictiva de política de identidad sectaria en torno a suníes y chiíes.

Esto último es a veces instrumentalizado por los Estados - sobre todo por Irán y Arabia Saudita - pero en última instancia, los pone en peligro a todos ellos. La guerra en Yemen ha exacerbado la disfunción del Estado y la violencia sectaria en el país más pobre del mundo árabe de una manera que no es probable que mejore la estabilidad en la península arábiga.

Obama había dicho que los Estados del Golfo podrían enfrentarse a más riesgos por problemas internos que por Irán. La administración de Trump es probable que adopte el punto de vista opuesto, ya ha tomado una postura más dura contra Irán, al menos retóricamente, y ve la política interna de cada Estado como un asunto propio de casa país; una actitud que será bien recibida por los propios Estados árabes.

Ellos están adoptando una posición similar hacia las políticas de Trump, como cuando el ministro de Exteriores de EAU dijo que la prohibición de la nueva administración de Estados Unidos a siete países musulmanes era un asunto interno de Estados Unidos. De hecho, los aliados occidentales de Estados Unidos en el Reino Unido, Alemania o Canadá han sido más críticos con la prohibición de visados que los Estados del Golfo o Egipto.

Todo esto pone de manifiesto que a pesar de su retórica contra los musulmanes, y las críticas durante la campaña electoral a Hillary Clinton por sus vínculos con Arabia Saudita y Catar, es probable que Trump tenga buenas relaciones con los Estados árabes del Golfo, así como con Egipto.

Es probable que las políticas hacia el Golfo cambien en gran medida, y que la nueva administración de Estados Unidos dé un mayor apoyo a la coalición liderada por Arabia Saudita en Yemen. Pero cualquier tipo de "OTAN árabe" sigue teniendo un largo camino por recorrer.

Article rating:

datos de la votación

0 Respuesta(s) a “¿Una OTAN árabe? Aún queda un largo camino por recorrer”

Dejar una respuesta