Cómo Bashar Al-Assad rescató a Trump

Publicado el Por Daud Abdullah (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Damasco, Siria

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, habla durante una conferencia de prensa conjunta con el rey Abdullah II de Jordania el 5 de abril de 2017 (fotografía: AA)
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, habla durante una conferencia de prensa conjunta con el rey Abdullah II de Jordania el 5 de abril de 2017 (fotografía: AA)

 

Un único acto de pura maldad de Bashar Al-Assad ha rescatado la presidencia de Trump. Desde que asumió el cargo en enero de 2017, Donald Trump ha luchado para poner en marcha su administración. En el centro de sus problemas está la investigación en curso del FBI sobre posibles connivencias entre su equipo de campaña electoral y el gobierno ruso.

Las investigaciones de contrainteligencia sobre las relaciones Trump-Rusia que comenzaron a principios de julio de 2016 han arrojado una oscura sombra sobre el joven gobierno. En menos de un mes, Trump perdió a su asesor de seguridad nacional, Michael Flynn, después de que trató de encubrir los contactos con funcionarios rusos durante la campaña electoral. Recientemente, sufrió un golpe demoledor cuando su principal estratega político, Steve Bannon, fue despedido del Consejo de Seguridad Nacional y reemplazado por oficiales de seguridad.

No hay humo sin fuego y parece sólo una cuestión de tiempo antes de que la verdad sobre las relaciones Trump-Rusia salgan a la luz.

Mientras tanto, el flujo diario de información; las inesperadas dimisiones de  funcionarios; y el fracaso de Trump a la hora de lograr la aprobación del Congreso para dar forma a sus promesas electorales, especialmente su "prohibición musulmana" y la derogación de la política de salud de Obama, han destrozado el índice de aprobación de su administración.

A finales de marzo, pocos días antes del ataque químico de Al-Assad, la calificación de aprobación de Trump fue de un 35%, la más baja de cualquier presidente en su primer año. Debe haber visto lo que estaba por suceder; que si este descenso implacable en la popularidad continuaba, sus esperanzas para un segundo mandato serían prácticamente nulas. Sólo otros dos presidentes, Jimmy Carter y George H.W. Bush, vieron sus calificaciones de aprobación de forma similiar. Tampoco fueron reelegidos para un segundo mandato.
 
Al gasear a la población civil de Jan Sheijun, Al-Assad había arrojado efectivamente un salvavidas a Trump. Y como cualquier hombre que se está ahogando, lo agarró con ambas manos.
 
Siria le proporcionó el teatro perfecto para que él montara un espectáculo de fuerza fuera de los EE.UU. Obviamente sabía que además un ‘golpe en la nariz’ al protegido ruso desviaría las preocupaciones sobre sus vínculos con Rusia, el antiguo enemigo de Estados Unidos. De hecho, si los rusos hacen público ahora cualquier "secreto" que guarden sobre él, siempre podría afirmar que es una falsa noticia del enemigo.
 
Al-Assad claramente había malinterpretado las recientes declaraciones de funcionarios de la Casa Blanca diciendo que su prioridad era Daesh. Neciamente se valió de esto para creer que podía actuar con impunidad. Además, malinterpretó la retórica aislacionista de Trump y sus discursos diciendo que quiere ser el presidente de Estados Unidos, no presidente del mundo.

El fatal error de cálculo cometido por Al-Assad fue que creía que tenía una licencia para usar las armas químicas que aún tiene almacenadas, desafiando a la comunidad internacional. Pero cuando cometes un crimen contra la humanidad tan horrible como un ataque con gas sarín, tiene que haber consecuencias, incluso de parte de un ‘aislacionista’ como Trump.

A pesar de las amenazas posteriores de que Estados Unidos repita los ataques con misiles contra Siria, si es necesario, no hay nada en el horizonte que sugiera que Washington o sus aliados quieran un enfrentamiento con los rusos. Su principal aliado, Reino Unido, ha dicho que esto no es el comienzo de una campaña militar. El ataque de esta semana sólo pretendía ser disuasivo; de ahí el ataque limitado en la base aérea desde donde despegaron los aviones con el gas mortal. Seguramente si Trump quería una escalada, habría extendido sus ataques con misiles para incluir los palacios de Al-Assad en Damasco.

Políticamente hablando, Donald Trump fue, hasta finales de marzo, un cadáver político. Perseguido por los escándalos relacionados con Rusia y acosado por lo que él llama los "medios malvados", su administración parecía estar en un camino de implosión. Eso fue hasta que Bashar Al-Assad salió a su rescate atacando a Jan Sheijun con armas químicas.

Donald Trump tiene los instintos naturales de un sobreviviente. En este caso bien pudo haber aprendido una lección crucial de Maquiavelo; que un león no puede protegerse de las trampas, y el zorro no puede defenderse de los lobos. Por lo tanto, uno debe ser un zorro para reconocer las trampas, y ser un león para asustar a los lobos.

Por ahora, ha evitado las trampas rusas y ha mantenido a raya a los lobos mediáticos. ¿Pero cuánto durará esto?, el tiempo dirá. Las investigaciones del FBI sobre sus vínculos con Rusia, y ahora sobre la implicación de Rusia en el ataque químico pueden, tarde o temprano, ser su enemigo. Sin embargo, si líderes extranjeros como Al-Assad son lo bastante tontos como para hacer que su tarea de supervivencia sea fácil, él no le dará la espalda a ninguna oportunidad.
 
 
 

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