Lo que la fuerza aérea saudí estaba haciendo en Jartum: La inclinación de Sudán hacia el Golfo

Publicado el Por Omair Anas (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Jartum Sudán, Riad, Arabia Saudita

Aviones participan en un ejercicio conjunto de las fuerzas aéreas de Sudán y Arabia Saudita en la base aérea Marwa, cerca de Meroe unos 350 kilómetros al norte de Jartum, el 9 de abril de 2017 (fotografía: AFP)
Aviones participan en un ejercicio conjunto de las fuerzas aéreas de Sudán y Arabia Saudita en la base aérea Marwa, cerca de Meroe unos 350 kilómetros al norte de Jartum, el 9 de abril de 2017 (fotografía: AFP)

 

Al entrar en el vestíbulo del hotel Al-Salam Rotana en Jartum, me encontré con el personal militar saudí que se preparan para salir hacia el último día de ejercicios conjuntos de las Fuerzas Aéreas ‘Blue Shield’ con sus homólogos sudaneses.

El inusual ejercicio militar conjunto de las fuerzas aéreas saudíes y sudanesas fue anunciado al día siguiente con grandes titulares en los periódicos de Sudán, citando al presidente Omar Al-Bashir diciendo que los ejercicios eran una advertencia para todos aquellos que querían dañar la seguridad de ambos países.

No dio, sin embargo, más detalles de quiénes eran esos “enemigos”, porque no era necesario.

Sudán durante mucho tiempo ha sido conocido por sus estrechos vínculos con Irán. La relación comenzó con una percepción común de ‘solidaridad islámica’ cultivada por sus ideologías revolucionarias y más tarde floreció con una cooperación militar que atrajo sanciones occidentales contra el régimen militar de Sudán.

Pero la relación entre los dos países terminó en enero de 2016 después que la embajada saudí en Teherán fue atacada por manifestantes tras la ejecución de Nimr Al-Nimr, un destacado clérigo chiíta, y otros 46 reclusos, y Sudán cortó sus lazos diplomáticos con Irán.

Era la excusa perfecta que Jartum llevaba tiempo buscando. Antes de este incidente, Sudán se había unido a la coalición liderada por Arabia Saudita en Yemen en 2015 y se dice que recibió $2.2 mil millones a cambio de enviar a sus tropas a la primera línea contra los rebeldes hutíes, aliados de Irán.

 

Nuevas relaciones más allá de Arabia Saudita

La tendencia de Sudán hacia Arabia Saudita no parece detenerse en Riad. Una serie de eventos muestran la dirección en la que Sudán quiere ir.

A finales de marzo, el jefe de Inteligencia y Seguridad Nacional de Sudán, Mohamed Atta, se reunió en Washington DC con el director de la CIA Mike Pompeo, el director del FBI, James Comey y varios congresistas. La operación de la CIA en Sudán se cree que es la más grande en Medio Oriente, aparentemente para mejorar la cooperación en la lucha contra el terrorismo.

En uno de sus últimos días en el cargo, el presidente Barack Obama emitió una orden para aliviar las sanciones vigentes desde hace 20 años, contra Sudán. Si bien muchas de las sanciones quedaron revocadas y Sudán se mantendrá como un “Estado patrocinador del terrorismo” en EEUU, la medida allana el camino para la normalización de las relaciones entre los dos países.

Sudán no solamente está construyendo relaciones con EEUU. El 10 de abril de 2017, el diario Al-Sudani publicó una entrevista en profundidad del embajador británico, Michael Aron, de la cual se desprende un mensaje importante tanto para Sudán como para la región; el final gradual de las sanciones occidentales y el boicot a Sudán.

El inicio del diálogo estratégico entre Sudán y Reino Unido en marzo el año 2016 fue seguido por una mayor interacción entre los dos países, incluyendo una tercera ronda de diálogo celebrada el mes pasado en Jartum.
 
Esta normalización creciente con las potencias occidentales clave parece tener el apoyo de Israel, que ve la salida de Sudán de la órbita de Irán como un paso importante para la seguridad de Israel.
 
 

Equilibrio interno-internacional

Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos han invertido mucho en Sudán, ayudando al país a crear más empleos, construir infraestructura y resolver sus conflictos en Darfur y Sudán del Sur.

Más de 25 años después del golpe militar de 1989, que lo llevó al poder, Bashir ha fallado en cumplir muchas de sus promesas y tiene graves problemas internos. Con la pobreza extrema, el desempleo, los jóvenes sin formación y la vida política restringida, Bashir necesita aliados con mucho dinero, y los estados del Golfo están planeando invertir $15 mil millones en el país durante 2017.

Por lo que el cambio geopolítico - y el apoyo financiero que viene con él - ofrece a Bashir un plan de rescate interno.

Pero no es así de simple: la forma en que Bashir ha distribuido tierras a los inversores del CCG, muchas de uso agrícola, se está convirtiendo en una importante fuente de descontento entre la población rural de Sudán.

Además, gran parte de la inversión extranjera directa que entra en Sudán es para los animales, alimentos, y minería agrícolas, y no para sectores generadores de empleo, como la manufactura o la infraestructura. El desempleo ha ido en aumento desde 2011, cuando se creó un Sudán del Sur independiente y grandes recursos de petróleo se fueron con él.

El turismo también continúa descuidado ya que el país carece de infraestructura, transporte y servicios.
 
 
El panorama regional

El papel regional de Sudán está siendo moldeado por la guerra civil en Libia, cuyo resultado está siendo definido en gran parte por Egipto. También ha habido falta de confianza entre Chad y Sudán después de que Sudán acusó a Chad de apoyar a los rebeldes en Darfur.

Bashir todavía tiene el apoyo de los políticos conservadores de Sudán y, por lo tanto, no podía seguir con Irán cuando gran parte de la región se estaba volviendo en contra de la república islámica.

Y con la confusión completa de Egipto sobre sus políticas regionales y a su vez, su relación confusa con sus aliados del Golfo, el momento para Sudán no podría ser mejor. Las políticas de Egipto sobre Siria e Irán han cambiado varias veces. En Libia, Egipto ha apoyado plenamente al general Khalifa Haftar mientras que otros países todavía reconocen al GNA -gobierno de unidad con sede en Trípoli- como el principal representante del pueblo libio.

Sorprendentemente, mientras que todos los aliados regionales de Egipto dieron la bienvenida al ataque estadounidense contra el aeropuerto de Shayrat de Siria, que se llevó a cabo una semana después que el Abdel Fattah al-Sisi y Trump se reunieron en la Casa Blanca, Sisi se ha mantenido en silencio sobre el mismo. Los dos ataques suicidas en su país en los que murieron 45 personas han planteado más dudas sobre la capacidad de Sisi para mantener la seguridad y la estabilidad en el país.

Así, mientras que Egipto sigue siendo un socio renuente y poco fiable para Arabia Saudita, Sudán encuentra una oportunidad apta para poner fin a su aislamiento regional e internacional y recibir el apoyo económico necesario a cambio.

La participación de Sudán en las operaciones lideradas por Arabia Saudita en Yemen han convertido al país en un aliado confiable que es elegible para convertirse en parte de una gran comunidad económica y de seguridad del CCG (Consejo de Cooperación del Golfo), junto a Jordania, Yemen y Marruecos.

Inclinándose hacia el Golfo y convirtiéndose en parte de la ‘gran familia’ del CCG, Sudán tendrá un sistema político propenso al “síndrome holandés”, porque será más dependiente de las rentas y de fuentes externas, lo cual implicará una mayor estabilidad para el régimen de tres décadas de Bashir, pero también traerá decepción a muchos sudaneses que están cada vez más frustrados por las condiciones invariables del país.
 
 
 
 
 
 
 

 

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