Otro intento de alto el fuego destinado al fracaso

Publicado el Por Sharif Nashashibi (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Damasco, Siria

Bombarderos MIG-23 de las fuerzas del gobierno sirio arrojando su carga durante un ataque aéreo sobre la zona bajo control rebelde de Qabun, al este de Damasco, el 6 de mayo de 2017, un día después de la entrada en vigor del acuerdo de desescalada (fotografía: AFP)
Bombarderos MIG-23 de las fuerzas del gobierno sirio arrojando su carga durante un ataque aéreo sobre la zona bajo control rebelde de Qabun, al este de Damasco, el 6 de mayo de 2017, un día después de la entrada en vigor del acuerdo de desescalada (fotografía: AFP)

 

Si parece un intento de alto el fuego y suena como un intento de alto el fuego, debe ser un intento de alto el fuego.

Aunque uno puede comprender los motivos de que los principales mediadores diplomáticos en el conflicto de Siria se muestren tan reacios a llamar al pan, pan, y al vino, vino. Los altos el fuego en Siria tienen mala reputación porque han fracasado desde el primer momento.

Pero en vez de abordar esos fracasos para poder llegar a una propuesta de alto el fuego que tenga posibilidades reales de éxito, los intermediarios se han limitado a reempacar el mismo producto defectuoso. El pasado año fue testigo de muchos “ceses de hostilidades” malogrados, junto con negaciones poco convincentes de que fuera a ocurrir lo mismo que con los anteriores.

Ahora tenemos un nuevo término para la misma cosa: “Desescalada”. Pero esa falsa propaganda no debería confundir a nadie.

La semana pasada, Rusia, Turquía e Irán firmaron un acuerdo que establecía cuatro “zonas de desescalada” en Siria; que serán un fracaso por las mismas razones que los “ceses de hostilidades” de todos los anteriores altos el fuego: porque comparten los mismos defectos fundamentales.

 

Muy pocas zonas

La inmensa mayoría del territorio sirio no está cubierto por esas zonas. Las franjas de territorio en el centro y en el este, bajo control del Estado Islámico (EI), están excluidas, al igual que el inmenso tramo en el norte controlado por los kurdos, quienes ya han condenado el plan por constituir una “partición sectaria” del país.

Sólo cubren una minoría del territorio controlado por el régimen y por la oposición. De hecho, resulta impactante ver en un mapa lo poco de Siria que incluye.

Si Moscú, Ankara y Teherán consideran que una extensión tan reducida va a aumentar las probabilidades de éxito haciendo que esas zonas se amplíen o creando otras nuevas, lo más probable es que ocurra todo lo contrario. Es muy posible que los acontecimientos en el resto de Siria, donde la guerra proseguirá como de costumbre, afecten al éxito o fracaso de esas zonas.

Pero incluso esas limitadas áreas no van a poder quedarse aisladas del conflicto. El régimen sirio, que acepta oficialmente la propuesta (aunque no la ha firmado), ha incluido en su forma habitual una serie de advertencias que la convierten en inútil.

La primera y principal de todas ellas es que seguirán persiguiendo a los “terroristas”. Como considera que todos los grupos rebeldes son terroristas, la temporada de caza está técnicamente abierta.

 

Malo si lo haces y malo si no lo haces

Por su parte, algunos delegados rebeldes se marcharon furiosos de la firma del acuerdo, rechazándolo debido a la inclusión de Irán en el mismo. Mientras tanto, Rusia dice que continuará atacando al EI, pero desde que inició su intervención directa en Siria en 2015, Moscú ha utilizado este pretexto para atacar principalmente a los rebeldes.

También seguirán atacando a los grupos vinculados con Al-Qaeda, pero no hay una referencia específica a ellos, lo que aumenta la posibilidad de que haya interpretaciones divergentes –y convenientes- según los objetivos e intereses de cada una de las partes.

Como en pasados altos el fuego, Moscú dice que esta propuesta da a los rebeldes la oportunidad de separarse sobre el terreno de los grupos vinculados con Al-Qaeda. Eso es más fácil decirlo que hacerlo porque, como Rusia sabe bien, las fuerzas rebeldes están o entrelazadas o en estrecha proximidad unas con otras, a menudo en zonas confinadas, lo que hace casi imposible separarlas.

Además de constituir potencialmente otro pretexto para atacar a los grupos de la oposición en general, podría ser también una maniobra para fomentar las luchas internas facilitando así los avances del régimen. Los rebeldes se enfrentan al dilema de verse atacados por el régimen y sus aliados si no se separan de los grupos vinculados a Al-Qaeda, o de ser atacados por estos últimos si lo hacen.

 

¿Quién va a vigilar esto?

Teniendo en cuenta todo lo anterior, no resulta sorprendente que los duros combates y los ataques aéreos del régimen hayan proseguido desde el día uno del acuerdo, lo mismo que sucedió con sus predecesores.

Se han intercambiado acusaciones sobre quién lo inició, lo que nos lleva a otro fracaso fundamental de esta y anteriores propuestas: la ausencia de un mecanismo de vigilancia para detener las violaciones, sin el cual no hay forma de impedirlas.

El régimen ha frustrado la posibilidad de un control independiente negándole a la ONU cualquier papel. También rechaza la idea de fuerzas extranjeras patrullando las zonas; esto excluiría obviamente a sus principales aliados Rusia e Irán, pero ¿qué ocurre con el tercer garante del acuerdo, Turquía?

El régimen lleva largo tiempo condenando la presencia de fuerzas turcas en Siria, de modo que lo único que parece contemplar es el control único por parte de sus aliados, al igual que en la última farsa de elecciones presidenciales. Incluso aunque Turquía se viera involucrada, esto haría que el mecanismo de vigilancia acabara siendo rehén de las reclamaciones y contrarreclamaciones de las partes que apoyan a los diferentes bandos en el conflicto.

 

El mayor defecto

Otro defecto fundamental es que la “desescalada”, al igual que sus predecesores, no está vinculada a un proceso de paz viable, sin el cual está condenado cualquier alto.

El intento actual está unido al proceso de Astaná lanzado por Rusia y Turquía en diciembre de 2016, que no ha conseguido ningún progreso tangible. No resulta sorprendente porque es una réplica del proceso de Ginebra en curso aunque bajo un liderazgo diferente, a pesar del hecho de que lleva años naufragando.

El fallo principal en ambas rutas es que evitan activamente abordar la cuestión fundamental: el destino del presidente sirio Bashar al-Asad, cuya dictadura y brutal respuesta a las protestas pacíficas provocaron la guerra, y cuyo régimen es responsable de la inmensa mayoría de las muertes, desplazamiento y destrucción.

Ambas vías se centran en la gestión del conflicto en vez de en su resolución, en medio de la repetida insistencia del régimen en que el problema principal es el “terrorismo”, que el destino de Asad no está en discusión y que volverán a tomar toda Siria (convirtiendo las conversaciones y altos el fuego en algo sin sentido).

Por lo tanto, ¿qué sentido tiene este plan? Parece ser otro intento de Moscú de marginar a EEUU y la ONU de la cuestión siria y afirmar su dominio sobre los acontecimientos en el campo de batalla y en la mesa de negociaciones.

Es también un medio para que Rusia y Turquía consoliden su acercamiento trabajando juntos, sin que importe la inutilidad del esfuerzo. Y, además, legitima a Irán como actor clave a nivel diplomático y militar. En otras palabras, la “desescalada” es otro intento más de beneficiar a sus garantes olvidando, como siempre, al pueblo sirio.

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