Macron ha sido elogiado por los líderes de todo el mundo árabe, ahora tiene que ganarse a su pueblo

Publicado el Por Amelia Smith (author), Monitor de Oriente (author)

El presidente francés Emmanuel Macron
El presidente francés Emmanuel Macron

 

Es difícil señalar a dónde fue exactamente a parar el “voto musulmán” en las elecciones francesas. A pesar de que Le Pen despertó sentimientos islamófobos al hacer campaña con sus promesas de introducir restricciones a la carne halal, la ropa religiosa y los burkinis, circularon numerosos artículos sobre “los argelinos” o “los musulmanes” que apoyaban a la candidata de extrema derecha.

Por el contrario, Emmanuel Macron ha sido elogiado por su apoyo al derecho a usar hiyab y su declaración de que “ninguna religión es un problema en Francia”. Pero mientras algunos lo aplauden por no usar el miedo al Islam para impulsar su campaña, otros opinan que sus promesas son demasiado buenas para ser verdad.

Tal vez la lección de todo esto sea que no existe tal cosa como un “voto musulmán”, incluso si los periodistas insisten en hablar de los 4,7 millones de musulmanes de Francia como si fueran una entidad monolítica. Una cosa está clara, sin embargo, y es que muchas personas, sin importar su confesión, respiraron con alivio cuando Macron venció a Marine Le Pen en las recientes elecciones francesas.

Durante la campaña, el terrorismo y la seguridad ocuparon un lugar central, y seguirán haciéndolo durante los próximos cinco años. La capacidad de Macron para sofocar la oleada de ataques terroristas que golpea a Francia será un factor decisivo en su popularidad. Si continúan los ataques terroristas, será criticado por no ser lo suficientemente duro, pero si cae en la trampa familiar de hostigar a la población musulmana como una forma de demostrar que está tomando medidas, no sólo perderá popularidad sino que fatigará aún más a sus propios ciudadanos.

En un sumario en el que muestra sus proyectos en política exterior, Macron expuso varias ideas para combatir el extremismo islámico: emplear a 10.000 oficiales de policía más era una de ellas y crear un centro de rehabilitación para los combatientes de Daesh en Francia era otra.

Más polémicos son los planes de Macron de cerrar lugares de culto que promuevan una ideología “yihadista” y de hacer que los imanes sean entrenados y educados en Francia en lugar de en el extranjero. Como mucha gente ha señalado, la difusión del yihadismo se lleva a cabo en redes sociales haciendo del “Sheikh Google” la mayor amenaza. Además, relacionar a las mezquitas con la radicalización es una apuesta peligrosa que puede despertar el sentimiento popular de que el islam es el problema y descarta todos los demás factores.

Muchos de los musulmanes franceses están desempleados, viven en barrios marginales en las afueras de las ciudades, son discriminados y sufren la brutalidad policial. Macron propone, en cierta medida, lo siguiente: “necesitamos entender por qué hay viveros (de jihadismo) en Francia, y por qué somos responsables de ellos”; El terrorismo es una “batalla económica, social, cultural y religiosa”. Será interesante ver hasta qué punto sus acciones coinciden con su discurso.

Su predecesor, Hollande, trató de destruir el terrorismo desde su origen, enviando al ejército a Malí a este efecto e irritando a muchas personas por su decisión. A Macron le sería más útil ayudar a mejorar la situación económica en Oriente Medio y el norte de África dado que muchos combatientes de Daesh han confesado que viajaron a Siria buscando el beneficio financiero; en tanto que eran bien pagados por combatir. Los tunecinos, por ejemplo, uno de los grupos más numerosos entre los miembros de Daesh en Siria, llevan protestando contra el desempleo desde la revolución.

En agosto del año pasado, policías armados, todos varones y franceses rodearon a una mujer en una playa de Niza y la obligaron a quitarse el velo. En ese momento, varias autoridades de las ciudades francesas emitían prohibiciones de burkini, citando preocupaciones de seguridad a raíz de los ataques terroristas en el país. La indignante exhibición en la playa fue el resultado de décadas de deshumanización de los musulmanes en películas, programas de televisión, en los medios de comunicación y en la retórica de los políticos que se habían incrementado en esos meses. Nadie en la playa ese día intervino para ayudarla.

Esto es lo que Macron tenía que decir al respecto: “Es un terrible fracaso al ver a los agentes de policía en una playa pidiendo a una mujer, en nombre del secularismo, dejar de usar un burkini”.

Pero Macron sigue apoyando la prohibición: “La prohibición del burkini estaba justificada en algunos lugares, por razones de orden público (…) Es crucial llevar a cabo una batalla política, una batalla ideológica, para mostrar que esta pieza de tela es contraria a nuestra idea de civismo e igualdad entre hombres y mujeres. El burkini es contrario a estas ideas”.

No se trata sólo de los debates sobre la ropa femenina en los que Macron no toma una posición clara. Mientras que sus intenciones de distanciarse de Arabia Saudí serán bienvenidos a la luz de la evidencia de que los ataques aéreos dirigidos por Arabia Saudí están dirigidos a civiles en Yemen, Macron ha afirmado que no se venderán más armas a Riad. Francia autorizó contratos de venta de armas por valor de hasta 18.000 millones de dólares a Arabia Saudí sólo en 2015.

Su apoyo a la intervención militar contra Assad -si se demuestra que usó armas químicas- le granjeará apoyos entre los activistas sirios, pero su oposición al movimiento BDS y los comentarios de que es antisemita le quitarán apoyo entre los pro palestinos.

En cuanto a la inmigración, Macron ha dicho que Francia necesita seguir el modelo de Alemania y tomar una cuota justa de refugiados y ayudar a los extranjeros a integrarse. Esta parte de su plan es un testimonio del hecho de que un político puede hacer campaña en un mensaje positivo sobre los refugiados y aún así ganar las elecciones.

Tras ser elegido, Macron recibió mensajes de apoyo de todo Oriente Medio. El Rey Mohammed VI de Marruecos, el Príncipe de Qatar, Al-Sisi en Egipto, el Presidente yemení Abd Rabbuh Mansur Hadi, el Presidente de Túnez Beji Caid Essebsi y el Emir de Kuwait le felicitaron.

La mayor atención se ha prestado a la relación de Francia y Argelia tras el viaje de dos días al país, cuando Macron describió la colonización como un “crimen contra la humanidad” y prometió que Francia se disculparía por sus crímenes. Los argelinos vivieron bajo el dominio francés durante 132 años hasta que libraron una sangrienta guerra de independencia en 1962, pero no antes de que murieran 1,5 millones de argelinos.

Macron ha dicho que un área de interés de los esfuerzos diplomáticos franceses es el Magreb y sus comentarios sobre Argelia le han dado legitimidad para hacerlo, en respuesta a sus comentarios sobre la colonización, el ministro de Asuntos Exteriores de Argelia llamó a Macron un “amigo” del país y el presidente Abdelaziz Bouteflika dijo que esta “actitud pionera” permitiría la reconciliación entre Francia y Argelia.

Ahora Oriente Medio observa atento para ver si Macron mantendrá su promesa o si sus palabras fueron un acto de oportunismo político. Macron puede haberse ganado a los líderes de Oriente Medio, ahora tiene que convencer a su pueblo.

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