Normalización a cambio de un espejismo

Publicado el Por Saleh Al-Naami (author), Monitor de Oriente (author)

Los jefes de Estado de los países participantes posan para una foto durante la Cumbre árabe-islámica-americana en Roa, Arabia Saudí el 21 de mayo de 2017  (fotografía: AA)
Los jefes de Estado de los países participantes posan para una foto durante la Cumbre árabe-islámica-americana en Roa, Arabia Saudí el 21 de mayo de 2017 (fotografía: AA)

 

Las recientes celebraciones del 69 aniversario de la Nakba siguieron al largo tiempo esperado encuentro en la Casa Blanca entre el presidente estadounidense Donald Trump y su contraparte de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas. Y a la vez que los líderes israelíes y palestinos, así como los analistas políticos, estaban ocupados digiriendo los mensajes públicos emitidos desde Washington –en un intento por prever el rumbo del estancado proceso de paz– los Estados del Golfo lanzaban un histórico bombazo.

Mientras el presidente de EE.UU. se preparaba para su viaje a la región para visitar Arabia Saudí, Israel y los Territorios Palestinos, el Wall Street Journal (WSJ) informaba de que algunos Estados árabes, liderados por Arabia Saudí, estaban proponiendo realizar diversos pasos encaminados a la normalización de relaciones con Israel a cambio de de algunas “concesiones” por parte del Estado judío. Los detalles completos de la supuesta oferta no han sido dados a conocer en público, pero –como ocurre muchas veces en dichas situaciones– seguramente si el río suena, agua lleva.

Según el WSJ, y coincidiendo con el periódico israelí Haaretz, los pasos planteados incluyen el establecimiento de telecomunicaciones directas entre Israel y alguno estados árabes, permitir a las líneas aéreas israelíes usar el espacio aéreo de los países del Golfo y la abolición de las limitaciones a los negocios con Israel. Asimismo existen propuestas adicionales como la de garantizar visados a los atletas israelíes y a personalidades del mundo de los negocios interesadas en visitar estos países.

A cambio, el gobierno de Benjamín Netanyahu necesitaría “avanzar significativamente en el proceso de paz con los palestinos”, en particular “congelando la ampliación de los asentamientos” y “aliviando las restricciones al comercio con Gaza”.

Cuando uno escucha esto, sospecha que el primer ministro israelí debe haberse reclinado en su asiento y haber echado a reír. Casi se le puede oír reírse por lo bajo junto a sus asistentes y comentar “lo veis, si esperas lo suficiente, los palestinos y los árabes harán más concesiones, ¿para qué darse prisa?”

Netanyahu ha estado intentando “dirigir” a la nueva administración estadounidense a ver la solución al conflicto palestino-israelí a través de un enfoque bilateral más que regional. Esta tendencia potenciaría una solución basada en “lo que prefieran ambas partes” más que en el derecho internacional, tal y como subrayó Trump durante la visita de Netanyahu a la Casa Blanca en Febrero.

No hubo ninguna mención acerca de implementar la “Iniciativa de paz árabe” de 2002, que en la reciente cumbre árabe en Amán fue reiterada como el camino a seguir por Israel para asegurar la paz con los palestinos, a cambio de la normalización de relaciones con todos los Estados árabes y musulmanes. Un premio que realmente vale la pena ganar, podría uno pensar, para un país en búsqueda de reconocimiento y aceptación, 69 años después de su establecimiento en territorio palestino. No obstante, los sucesivos primeros ministros israelíes no han respondido formalmente a esta propuesta, más allá de reconocer que estaban al tanto de su existencia.

La Autoridad Palestina ha destacado por su silencio en relación al documento filtrado por el WSJ. Tal vez esté buscando esclarecimiento en privado. Públicamente, el representante de la Organización para la Liberación de Palestina en Washington, Husam Zomlot, declaró que “no nos importa si Israel y los países árabes tienen buenas relaciones, si eso nos acerca a la paz o nos aleja de ella”.

Sin embargo, todos los detalles ya han salido a la luz. La afirmación de Netanyahu de que las relaciones con los países del mundo árabe se encuentran en su mejor momento parecen verse apoyadas por su cambio de posición respecto a los países árabes, que no gustará a los palestinos –que esperan que Abbas intente sin descanso volver a la mesa de negociaciones–. “Ya no vemos a Israel como un enemigo, sino como una potencial oportunidad”, decía recientemente un alto cargo árabe. Por su parte, el ministro de energía israelí, Yuval Steinitz, confirmaba que “en Oriente Próximo están ocurriendo muchas más cosas en este momento que nunca antes habían ocurrido en el pasado. Es prácticamente una revolución en la región”.

Los estados del Golfo están mucho más preocupados por la amenaza que supone Irán y están dispuestos incluso a colaborar con Israel en un plan común para contener a Teherán. El peligro aquí es que si los Estados árabes hacen esta generosa oferta a los israelíes –aparentemente sin el consentimiento de los palestinos– e Israel lo acepta, el pueblo palestino tendrá incluso menos cartas que jugar en las negociaciones.

Aceptando como “un gesto de buena voluntad” la paralización de la expansión de asentamientos ilegales en Cisjordania –lo que no incluye el aumento de viviendas dentro de los ya existentes–, la oferta es una aceptación de facto de que los asentamientos están ahí para quedarse. Esto da a Israel permiso para definir y redefinir un asentamiento tal y como determinan sus propias políticas expansionistas, dejando cada vez menos territorio libre para que los palestinos puedan establecer un estado, o siquiera un mini-Estado. La oferta tampoco hace referencia a las colonias ilegales en Jerusalén Este, las cuales están transformando progresivamente la ciudad árabe en una urbe puramente judía.

Mientras que Israel se niega a hacer públicas sus concesiones a los palestinos, el mundo árabe reduce los mínimos que está dispuesto a aceptar, lo que presiona a los palestinos para que hagan lo propio. A pesar de ello, no existen evidencias de que Israel vaya a reducir el nivel de sus exigencias hasta un punto ni siquiera remotamente cercano a algo que los palestinos vayan a aceptar. Todo apunta a que, como ha ocurrido en otras ocasiones en el pasado, tomará las partes que le interesen de la propuesta para luego buscar cualquier excusa para no cumplir ninguna de las obligaciones incluidas en la misma, citando sus flexibles demandas de “seguridad” como prueba. Tomará la oferta de que sus aviones puedan sobrevolar el espacio aéreo de Arabia Saudí y luego intentará discutir qué se considera “dentro” y “fuera” de un asentamiento. En el caso de que hubiera un desacuerdo respecto a lo que se considera aumento o no de los asentamientos ¿volverán los Estados del Golfo a prohibir a los israelíes sobrevolar su territorio?¿Dejarán de conceder visados a los atletas israelíes si no se alivia el bloqueo sobre Gaza?

El enfoque de Donald Trump respecto al conflicto árabe-israelí quizás suponga un antes y un después en las negociaciones, pero cuando se desvanezca la emoción del momento ¿serán los israelíes o los palestinos los que salgan favorecidos? La historia muestra que el actual liderazgo palestino aceptará cualquier cosa que se le ofrezca, mientras Israel evalúa la realidad, reflexiona y después tergiversa la situación, dándose cuenta de que es cuestión de tiempo que una oferta mejor sea puesta sobre la mesa. En ausencia de una presión significativa por parte de la comunidad internacional, el Estado judío está más que satisfecho con dejar pasar el tiempo hasta conseguir todo lo que quiere y tal y como lo quiere.

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