Crisis de Catar: Intentos de golpe, política de venganza y el sueño de convertirse en rey

Publicado el Por Jamal Elshayyal (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Doha, Catar

 Segundo príncipe heredero y ministro de Defensa de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman (fotografía: AFP)
Segundo príncipe heredero y ministro de Defensa de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman (fotografía: AFP)

 

"Es difícil ver cómo van a empeorar las cosas; van a ponerse mucho peor antes de mejorar".

Esa fue la dura advertencia que me dio un alto funcionario de Oriente Medio enviado por el líder de su país para tratar de mediar entre Catar y Arabia Saudí la semana pasada.

Después de visitar al jeque Tamim Bin Hamad Al-Thani en Doha, y al segundo príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed Bin Salman, mi contacto regresó a su país lleno de preocupación.

En nuestra reunión, su perspectiva pesimista fue reivindicada: Baréin y Egipto siguieron la iniciativa de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos y cortaron relaciones diplomáticas con Catar. Pero eso no era todo.

Los mismos países anunciaron que estaban cerrando su espacio aéreo y sus vías marítimas a los aviones y barcos de Catar. Además, Arabia Saudita, que comparte la única frontera terrestre con Catar, anunció el cierre del cruce que es una puerta de entrada para un gran porcentaje de los productos alimenticios que entran en Catar.

Por primera vez en su historia, los estados del Golfo están imponiendo un asedio total a uno de los suyos. La razón oficial dada por Riad y Abu Dhabi es el supuesto "apoyo y financiamiento de organizaciones terroristas" de Doha. Han exigido el cierre del primer canal de noticias independiente del mundo árabe (Al Jazeera), la expulsión del destacado pensador cristiano Azmi Bishara y el destierro de figuras en la Hermandad Musulmana.

Dado que una demanda como el cierre de Al Jazeera es indignante y nunca sería aceptada de buena gana por los cataríes, uno debe cuestionarse los verdaderos motivos detrás de esta escalada.

La verdad es que esta caída se trata de un intento de derrocar al emir de Catar, una oportunidad para los Emiratos Árabes Unidos de vengarse de su vecino, y una maniobra del príncipe heredero de Arabia Saudita para ser rey.

 

El intento de golpe

Era más de la medianoche del miércoles 24 de mayo, cuando la Agencia Estatal de Noticias de Catar publicó una historia diciendo que el líder del país había criticado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresando su apoyo a Irán, declarando, además, su ansiedad por trabajar con Israel a la vez que ofrecía apoyo incondicional a Hamás.

Por si la extravagancia de estas declaraciones no lo dejaban claro, fue cuestión de minutos antes de que las autoridades dijeran que el sitio web había sido ‘hackeado’ y que el emir no había hecho ninguna declaración ese día.

Eso no impidió que los canales de noticias con sede en Emiratos como Al Arabiya y Sky News Arabia transmitieran una cobertura continua de estas falsas declaraciones. Afirmaron que las declaraciones eran genuinas, y sacaron a un analista tras otro para criticar a los dirigentes de Catar y pedir a la gente que se levante contra su líder.

Simultáneamente, cuentas de 'Twitter' con origen emiratí y direcciones IP egipcias se crearon afirmando ser figuras de la oposición de Catar e incluso soldados que habían desertado. A estas alturas, la campana de alarma sonaba de forma fuerte y clara en Doha, la brecha dentro del CCG (Consejo de Cooperación del Golfo) estaba tomando una nueva dimensión.

 

En busca de venganza

A pesar del fracasado intento de impulsar a la oposición contra el jeque Tamim, la guerra de desinformación continuó. Día tras día, las noticias y los artículos que acusaban a Catar de patrocinar el terrorismo y desestabilizar la región fueron publicadas desde El Cairo, Riad y Abu Dhabi.

El hilo común entre esas capitales es su postura sobre la llamada Primavera Árabe. Después de que millones de personas salieron a las calles en 2011 pidiendo libertad y democracia, la región comenzó  a dividirse en nuevas líneas: Los que apoyaron los levantamientos en Túnez, Egipto, Libia, Siria y Yemen, y los que se opusieron.

Arabia Saudita, Egipto y Emiratos Árabes Unidos, por supuesto, estaban entre los poderes que trabajaron incansablemente para anular las revoluciones. Catar, sin embargo, tomó la decisión de apoyar a grupos como la Hermandad Musulmana que fueron las fuerzas principales en la Primavera Árabe.

Abu Dhabi consideró esto una traición, no sólo porque Doha estaba adoptando una política exterior diferente a la acordada por todos los demás miembros del CCG, sino también porque Emiratos Árabes Unidos ve en los Hermanos Musulmanes, así como en otros movimientos políticos en la región, amenazas existenciales a su sistema político antidemocrático y autoritario.

Cuando Hosni Mubarak de Egipto se vio obligado a dimitir por aclamación popular y parecía que la nación más poblada del mundo árabe estaba de camino a la democracia, el estremecimiento en Emiratos Árabes Unidos fue casi tangible.

No sólo temían que llegara hasta ellos el efecto dominó de las revoluciones, sino que estaban furiosos de que Mubarak, el aliado más cercano a su padre fundador (el jeque Zayed), fuera forzado a salir del poder, y para añadir sal a la herida, fue con la ayuda de la pequeña península llamada Catar. Los Emiratis no ocultaron su furia hacia sus vecinos, jurando vengarse.

No es ninguna sorpresa entonces que figuras de Arabia Saudita y Emiratos se estén utilizando ‘hastags’ como “final del juego Catar” y “Adios Tamim”(#GameOverQatar y #GoodbyeTamim).

 

El intento de convertirse en rey

Para entender por qué los saudíes están siguiendo la agenda anti-Catar con la misma ferocidad que los emiratíes, uno debe entender la lucha de poder que actualmente tiene lugar dentro del reino rico en petróleo.

Hoy, Arabia Saudita es gobernada por un rey de 81 años de edad, que es uno de los últimos hijos restantes del padre fundador del país. La creencia común es que él no estará ahí por demasiado tiempo -y dos hombres esperan ocupar su puesto: su sobrino, Mohammed Bin Nayef, y su hijo, Mohammed Bin Salman, o MBS como es conocido.

MBS es el ministro de Defensa del reino, tiene 31 años, y tiene una mente impulsiva y muy ambiciosa. Es el hombre detrás de la guerra contra Yemen, que casi destruyó el país, y una persona, según un antiguo estadista, que está dispuesto a vender a su propio padre para convertirse en rey.

Es una creencia común que para ser monarca en Arabia Saudita, uno debe asegurar las bendiciones de tres partes interesadas clave: la casa de Saud, el establecimiento religioso y los Estados Unidos de América. La verdad es, sin embargo, si se asegura Washington los otros dos vienen detrás.

Y aquí es donde Catar se encuentra en la línea de fuego una vez más. Emiratos Árabes Unidos, que durante varios años ha utilizado agencias de relaciones públicas y grupos de presión (como lo han revelado las filtraciones de la cuenta de correo electrónico de su embajador estadounidense Yousef Al-Otaiba), prometió entregar la aprobación de Washington a MBS si se unía a ellos en la guerra contra Catar. Según mis fuentes en palacio, el joven príncipe aceptó la oferta de buena gana.

 

¿Una nueva era de matones?

No es casual que esta última escalada tuviera lugar pocos días después de la muy celebrada visita del presidente Donald Trump a Riad.

Todo esto puede parecer separado de los Estados Unidos. Podría parecer un enfrentamiento entre árabes que no tiene ningún impacto en Estados Unidos, pero eso no podría estar más lejos de la verdad. Estos países son algunos de los mayores exportadores mundiales de petróleo y gas, Estados Unidos tiene su base militar más grande situada en Catar, y la coalición internacional contra el grupo islámico depende en gran medida de la logística y la Inteligencia proporcionada por Naciones del Golfo.

Pero hay cosas aún más grandes en juego aquí. A través de su embajador en Washington, Emiratos Árabes Unidos han comprado con éxito la influencia en los principales ‘think tanks’ y medios de comunicación que, a su vez, han ayudado a conformar la política exterior de los Estados Unidos de la manera que los emiratos desean y no la que es mejor para Estados Unidos. La influencia extranjera, al parecer, no se limita a la participación de Rusia en las elecciones del año pasado.

Además, el mundo árabe ya está en llamas, con los conflictos en Siria, Irak, Yemen y Libia, todos contribuyendo a desestabilizar la región, y contribuyendo al aumento del terrorismo tanto en el país como en el extranjero. Lo último que necesita el mundo es un conflicto que desgarre la única parte estable del Oriente Medio.

En la actualidad, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita están poniendo a Catar bajo asedio, en todos los sentidos de la palabra. Ellos han tomado a los 2,8 millones de residentes del país como rehenes en un intento de obligar al jeque Tamim y su gobierno a sucumbir ante sus demandas.

Incluso si Washington no está de acuerdo con la política de Catar, no debe permitir que esto suceda, lo contrario significará el fin de la diplomacia internacional y el inicio de la traición internacional.

 
 

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