Irán busca una frágil coalición en Oriente Medio

Publicado el Por Fatih Isik (author)

El presidente iraní, Hassan Rouhani, pronuncia un discurso en el Complejo Deportivo Azadi antes de las elecciones presidenciales que se celebrarán el 19 de mayo en Teherán, Irán el 13 de mayo de 2017 (fotografía: AA)
El presidente iraní, Hassan Rouhani, pronuncia un discurso en el Complejo Deportivo Azadi antes de las elecciones presidenciales que se celebrarán el 19 de mayo en Teherán, Irán el 13 de mayo de 2017 (fotografía: AA)

 

Cuando el portavoz del ministerio de Exteriores iraní, Bahram Qassemi, declaró el 16 de julio que Irán no busca forjar una coalición regional con Siria, Irak y Turquía contra Estados Unidos, muchos interesados en la política de Irán pensaron que las palabras importan menos que las acciones. Esto se puede considerar si nos fijamos en los eventos regionales que han sucedido desde 2011.

A pesar de su respaldo general a los movimientos de la oposición que pedían un cambio durante la Primavera Árabe, Irán fue selectivo cuando se pidió un cambio en zonas de interés estratégico como Siria, donde desarrolló una actitud diferente para justificar su apoyo al régimen de Assad en Damasco. Por lo tanto, las declaraciones mencionadas anteriormente sobre la supuesta coalición regional podrían ser distintas de la realidad, como pasó en la Primavera Árabe.

La política que practica Irán en Siria ha disminuido su influencia sobre el régimen sirio. A pesar de la alianza formada en siria, no es ningún secreto que existen roces entre los proyectos de Rusia y los de Irán en Siria. Además, varios informes demuestran que Hezbollah – que, junto al régimen de Assad, está muy involucrada en la guerra civil siria – ha mostrado signos de descontento, ya que los miembros de la organización creen que Irán les considera un factor fácil de reemplazar.

No exageraríamos al decir que la imagen de Hezbollah a ojos del mundo árabe y musulmán ha cambiado considerablemente en 2017 tras su participación en la guerra con Siria, en comparación con el periodo previo a su guerra con Israel en 2006.

Un hecho que a menudo se ignora sobre las alianzas regionales de Irán es que son potencias no estatales o Estados fallidos. Aparte de su alianza con Hezbollah y otros grupos armados de la región, dos de los principales aliados regionales de Irán – Irak y Siria – son Estados fallidos. Para un país que se declara a sí mismo como un oasis de estabilidad en una región sumergida en el caos, esta falta de aliados ‘adecuados’ y su asociación con poderes no estatales y Estados fallidos podría provocar, en el futuro, un efecto boomerang.

Mientras que estos poderes pueden desaparecer en el momento en el que pierdan su función, el fracaso sostenido de los Estados de la región seguirá provocando más inestabilidad bajo el control de Irán. Los cambios demográficos en Siria (e Irak, en menor medida) sugieren que Irán está emprendiendo políticas que pretenden mantener la inestabilidad en la región.

En medio de los intentos de Irán de forzar alianzas con ‘Estados propios’, el embargo impuesto por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto en Qatar a mediados de 2017 representa una oportunidad única para Irán. Aunque ponerse de parte de Irán fue una de las razones que causaron el embargo, las duras medidas promulgadas por los países que lo imponen parecen haber acercado a Qatar e Irán.

Si bien este último ha adoptado una postura ostensiblemente neutral sobre la crisis, la postura más neutral de Rusia puede haberle indicado a Irán que tiene más margen de maniobra. El resultado de la crisis beneficiará regionalmente a Irán, especialmente en Siria.

Antes, Irán se aprovechó de las divisiones en el mundo árabe, cuando se sentía aislado en Oriente Medio, como hizo cuando Saddam Hussein invadió Kuwait después del fin de una costosa guerra con Irán, y todos los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) embargaron a Irán. En aquel momento, Irán se aprovechó del cisma entre Irán y los países del CCG para desarrollar su relación con estos últimos.

De la misma manera, tras la invasión de Irak en 2003, Irán intentó mejorar sus relaciones con el Golfo y con Turquía (e incluso con EEUU) para participar en la reconstrucción del país, arrasado por la guerra. Gracias a esto, el CCG e Irán hicieron más estrecha su relación. Un componente destacado de la política de aquel momento fue, de nuevo, su afirmación de ser un oasis de estabilidad.

Un desarrollo similar en la región se produjo tras la caída de la Unión Soviética. Para poner esto en el contexto de una dicotomía centro-periferia, se construyó un nuevo centro en la región, y EEUU conservó su posición como única superpotencia y consolidó su relación con aliados como Israel, Arabia Saudí y Egipto para formar el frente del nuevo orden.

Por otra parte, Irán, junto a Siria e Irak, fue excluido y empujado a la periferia. Para desmantelar este estado de aislamiento, Irán intento avanzar hacia el centro y fortalecer su relación con otros países de la periferia, atrayendo simultáneamente a Siria. Esta consolidación de relaciones en el centro y en la periferia está volviendo a suceder. Junto a Irán, Turquía y Qatar disfrutan ahora de esta posición. Esto podría transformarse en una frágil coalición.

Como resultado, las relaciones bilaterales entre Turquía e Irán están mejorando. Aunque la guerra civil siria intensificó la rivalidad entre ambos países, los dos tienen experiencia para evitar que un conflicto de intereses se convierta en un conflicto físico, gracias a su legado histórico a la hora de arreglar diferencias. Por lo tanto, ambos países podrían sentarse frente a la misma mesa para determinar el futuro de Siria, como demuestra el Proceso de Paz de Astaná.

A cambio de ser excluido por sus acciones en el norte de Siria en su lucha contra las unidades de la YPG, Turquía renunció a su posición en contra del régimen de Assad. El volumen comercial entre los dos países ha decaído en los últimos años. Según datos del Instituto de Estadística Turco, el comercio bilateral se situó en los 21.890 millones de dólares en 2012. Esta cifra bajó hasta los 2.940 millones de dólares en los primeros seis meses de 2016. Aun así, ambos países quieren recuperar la cifra previa a la guerra civil siria. Además, las dos naciones declararon públicamente su desaprobación frente al referéndum de independencia del Gobierno Regional de Kurdistán en Irak.

Irán también estuvo en desacuerdo con Qatar por su apoyo a movimientos de la oposición en la guerra civil, así como por hallarse bajo la influencia de Arabia Saudí en sus asuntos regionales. Desde enero de 2016, las relaciones diplomáticas entre ambos países han decaído más que nunca, después de que Qatar retirara a su embajador tras los atentados en la embajada saudí de Teherán como reacción por la ejecución del jeque Nimr Al-Nimr y otras 46 personas.

Sin embargo, la última crisis del Golfo allanó el camino para que ambos países arreglen sus diferencias. Irán ofreció a las líneas aéreas qataríes el uso de su espacio aéreo, y los dos países intentaron desarrollar su relación económica, ya que comparten el mayor campo de gas natural del mundo.

A pesar de que suponga una mayor cooperación, hay razones por las que esta coalición será frágil. Por ejemplo, aunque el conflicto con los kurdos en Siria e Irak obligó a Ankara y Teherán a actuar juntos en la región, Irán parece tener la ventaja en este contexto.

Además, la creciente influencia de Irán en su vecino mediante sus fuerzas Quds – que operan bajo los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Iraní (IRGC) – podría suponer una amenaza futura para Turquía, considerando el fanatismo y la postura militante del grupo, que actúa sin consultar al gobierno. Aunque el gobierno evitaría por todos los medios tener un conflicto con un miembro de la OTAN y un país con relaciones estratégicas con Rusia – que también es militarmente superior a Irán – no pueden garantizar que puedan atar en corto a los IRGC.

En segundo lugar, respecto a la posición de Qatar en la crisis del Golfo, no puede considerarse una opción que forme una alianza completa con Irán contra los saudíes y los demás países involucrados en el embargo. Más bien adoptó una postura neutral en el conflicto, desde la cual defendió sus derechos, pero, a la vez, actuó con cautela.

En cuanto a la actitud de Qatar, podría decirse incluso que Irán sabía que iba a adoptar esta postura neutral, ya que ya se han producido casos similares de conflictos y crisis entre Qatar y Arabia Saudí. Dicho de otra forma, Teherán no se abalanzó sobre el conflicto que surgió entre los Estados árabes y actuó de forma más táctica, gracias a la experiencia acumulada tras casos previos.

Finalmente, es de máxima importancia para estos países que encuentren un terreno común para lograr una coalición duradera. Este punto en común sólo puede encontrarse en áreas de intereses comunes, en lugar de obligar al otro a aceptar su opinión como una ‘posición moral’.

Parece como si Turquía y Qatar hubiesen puesto en peligro su postura en varios expedientes regionales, sobre todo en el caso de la guerra civil siria. Sin embargo, Irán parece estar avanzando en la dirección contraria. Considera sus logros en Siria en los expedientes regionales por la virtud de la ‘posición moral’. En consecuencia, evita una opinión flexible, la cual es un pre-rrequisito para el establecimiento de un diálogo constructivo entre distintas potencias, lo que llevaría a la creación de una coalición regional.

La región está a punto de dar a luz a un nuevo orden en el centenario del acuerdo de Sykes-Picot. En este nuevo orden se intensifican los esfuerzos por formar nuevas coaliciones y colaboraciones.

Sin embargo, el orden anterior tiene un legado de largos conflictos y crisis, y ya ha supuesto suficientes fracasos y la profundización de las divisiones entre naciones. Sobre la base de un terreno tan frágil, estas coaliciones parecen infértiles. En otras palabras: veremos más fragilidad en este nuevo orden.

Sobre un terreno tan inestable, los Estados preferirían ‘actuar’ más que ‘hablar’ o ignorar si su discurso y sus acciones son coherentes entre sí. Irán es uno de los países que mejor juega en esta realidad. Quizás esto explica por qué Irán tiene éxito a la hora de recoger los frutos de sus estrategias en conflictos regionales, centrándose en acciones dentro de un contexto cada vez más gobernado por la política real que por el idealismo.

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