Cara; Arabia Saudita pierde, Cruz; Irán gana

Publicado el Por David Hearst (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Riad, Arabia Saudita

Príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman (fotografía: Reuters)
Príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman (fotografía: Reuters)


Por muchos giros y vueltas a las crisis que den los dirigentes suníes, una potencia regional siempre parece salir ganando. Ese país es Irán.

La amenaza de Irán de intervenir militarmente fue uno de los factores que frustraron los planes de Arabia Saudita de invadir Qatar al comienzo del bloqueo. Sé, por fuentes bien informadas, que Irán resultó ser un elemento disuasorio más importante - cuando Riad estaba completando el envío de tanques a la frontera- que la presencia simbólica de tropas turcas en Doha.

¿El resultado? Después de lo que fue calificado como un “buen Hajj” del que 86.000 peregrinos iraníes formaron parte, una delegación saudí viajará a Teherán para “visitar” los edificios de la embajada de Arabia Saudita abandonados hace dos años, cuando los países rompieron relaciones.

Además, después de una serie de visitas, Arabia Saudita está reconstruyendo sus relaciones con Bagdad, y el ministro del Interior iraquí, Qasim Al-Araji ha ofrecido sus servicios como mediador. Al-Araji es un miembro de alto rango de la organización Badr, que está cerca de Qassim Soleimani, el comandante de la fuerzas Quds de la Guardia Revolucionaria, que se convirtió en el ‘Napoleón’ de la intervención militar iraní en Siria e Irak.

Se necesita un instrumento similar a un sismómetro para monitorear los cambios repentinos y tambaleantes en la política exterior de Arabia Saudita.

Por una parte, el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, ha amenazado con una guerra “dentro de Irán”, cuando dijo en mayo que el objetivo último de Teherán era arrebatar el control de los lugares sagrados.

“No vamos a esperar a que la batalla sea en Arabia Saudita”, dijo, sin dar más detalles. “En su lugar, vamos llevar la batalla dentro de Irán, no de Arabia Saudita”.

Por otra parte, bin Salman le dijo a dos diplomáticos retirados de Estados Unidos en Washington que quiere salir de Yemen, y se mostró relajado ante las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán.

El enemigo del reino saudí va cambiando constantemente de forma y aspecto. Bajo el rey Abdullah era la Primavera Árabe y el Islam político. Bajo el rey Salman el enemigo número uno es Irán, y después Qatar.

En el momento en que escribo esto, no hay tarea más urgente para los saudíes que sobornar y controlar a su incontrolable vecino. Pero en el momento de la publicación puede que esto haya cambiado una vez más.

Por supuesto, hay razones detrás de estos cambios. Para ser un planificador militar saudí hay que poder soportar una serie de derrotas militares y estratégicas. Los rebeldes respaldados por los cataríes y saudíes han perdido en Siria, y han sido abandonados por Riad. La campaña de dos años contra los hutíes de Yemen se ha convertido en un desastre militar. El asedio de Qatar es otra apuesta perdedora.

Los partidarios del ministro de Defensa y príncipe heredero saudí de 32 años lo definen como un pragmático. Lo que es otra forma de describir que cada cambio de rumbo es una constatación de que en primer lugar no debería haber apretado el gatillo. Una política exterior activa solo funciona si las acciones alcanzan los objetivos previstos. El caso contrario tiene otro nombre.

Sin embargo, se necesita un poco de experiencia para saber beneficiarse de estos errores, e Irán de eso tiene en abundancia. No tanto beneficiándose de este tipo de errores de sus vecinos como dando vueltas alrededor de ellos.

¿Cómo es que ha alcanzado Irán la posición de ganador por defecto en la feroz competencia que libra con sus vecinos árabes suníes?.

 

La importancia del 9/11


Irán no emergió del siglo pasado como una gran potencia. Había librado una brutal guerra fronteriza con Saddam Hussein, que duró ocho años y costó más de un millón de vidas iraníes. Ha soportado 20 años de sanciones de Estados Unidos. Fue considerado como un Estado paria, desde que fue declarado por George W Bush como parte del "eje del mal" en 2002. De hecho, fue el 11 de septiembre de 2001 el que transmutó la posición estratégica de Irán. De repente, para Occidente había una amenaza global más virulenta; tratar con Al-Qaeda. América cooperó con Irán en Irak y Afganistán, dejando la puerta de la apertura entreabierta. De ahí en adelante, la política exterior de Irán pasó a la ofensiva.

Irán utilizó su período de aislamiento internacional sabiamente. Sea cual sea el equilibrio de poder interno, Irán desarrolló un mando unificado central, una estrategia clara, y la confianza que depender de sus propios recursos. Creó su propio complejo militar industrial, que puede fabricar armas sofisticadas como misiles. Con su propia economía del petróleo para sostenerlo.

La mayor lección que había aprendido Irán del 11 de septiembre es que si quieres lograr algo como nación, tienes para ser capaz de defenderte a ti mismo. Con esta determinación llegó una estrategia clara para convertirse en el poder militar y político dominante en la región. Irán estaba determinado a asegurar su estrategia en Irak y Siria. Y es lo que ha logrado ahora.

Irán utilizó tres tácticas para alcanzar sus objetivos. La primera consistía en reforzar los vínculos con todos los grupos árabes de la región que pudieran considerar a Irán como una potencia protectora. Esto no sólo significa ofrecer ayuda militar a las minorías chiíes en Irak, Siria y Yemen. La ayuda fue política y organizativa. Irán proporcionó la infraestructura que el Estado árabe en descomposición no podía - hospitales, escuelas y servicios locales.

La segunda táctica fue llenar el vacío creado por la retirada de las fuerzas de ocupación estadounidenses o británicas, sobre todo en el sur del país.

La tercera táctica fue ser lo suficientemente pragmáticos para llegar a acuerdos con sus enemigos si la ocasión lo justificaba.

La prueba número uno de esto es la relación encubierta de Irán con Al-Qaeda, a cuyos líderes ha protegido, y por cuyo territorio podían transitar. El informe de la comisión del 9/11 habló de “una fuerte evidencia de que Irán facilitó el tránsito de los miembros de Al-Qaeda dentro y fuera de Afganistán antes del 9/11 y que algunos de ellos fueron después secuestradores del 9/11”. El año pasado, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció que había sancionado a tres miembros de alto nivel de Al Qaeda que viven en Irán.

Bin Laden le devolvió el favor. En octubre de 2007 escribió una carta al precursor del Dáesh (Estado Islámico) de Irak, en la que desaprobaba las amenazas que dirigía a Irán.

“Usted no consultó con nosotros sobre esta cuestión grave que afecta el bienestar general de todos nosotros. Esperábamos que consultaría con nosotros estos asuntos importantes, para que seáis conscientes: Irán es nuestro principal arteria de fondos, personal y comunicación, así como la cuestión de los rehenes”, escribió Bin Laden.

La prueba número dos es el apoyo militar encubierto de Irán a los talibanes. Cuatro comandos iraníes estaban entre las decenas de talibanes muertos, cuando un asedio de tres semanas de Farah en Afganistán fue levantado por los ataques aéreos de Estados Unidos.

Como Carlotta Gall del New York Times informó el mes pasado, los talibanes se ha convertido en un indicador útil para los intereses iraníes, elevando los costos de la continua intervención de Estados Unidos. Es un cuento con el cual los ojos árabes están profundamente familiarizados.

Últimamente, Hamás ha estado reparando las relaciones con Irán que fueron destrozadas por la guerra civil de Siria, y los diplomáticos iraníes han indicado su disposición de acercarse a los Hermanos Musulmanes.

 

Cambio de rumbo sobre Irán

Ahora comparemos esto con el comportamiento de Arabia Saudita: No construye alianzas; abandona a las milicias; persigue diferentes programas en diferentes países. No tiene una visión estratégica unificada, y el poder saudí se basa en una familia, no en un Estado. Por encima de todo, Arabia Saudita no puede defender sus propias fronteras con su propio Ejército.

Entonces, ¿cúal es la motivación de Mohammed bin Salman para intentar reparar las relaciones con Irán?

Hay cuatro motivos posibles. Inmediatamente después de que bin Salman advirtió a Irán sobre llevar la guerra hasta ellos, granadas propulsadas por cohetes comenzaron a ser utilizadas contra objetivos policiales en la conflictiva Provincia Oriental de Arabia Saudita, dominada por la minoría chií del reino. Fue un mensaje al que bin Salman parece haber prestado atención.

El segundo es que el objetivo de todas sus acciones es llegar a ser rey. Él sabe que hay muchos retos para él y que necesita minimizarlos. Necesita una estrategia de salida para Yemen y para ello una relación con Irán es esencial.

El tercer motivo es que su relación con Trump ha fracasado hasta el momento en dar frutos. Estados Unidos no le ha brindado el apoyo que esperaba con Qatar y ha dejado de presionar a Irán. Mohammed bin Salman puede tener que esperar demasiado tiempo. Trump está demasiado ocupado con Corea del Norte y Estados Unidos está demasiado dividido como para lanzar una nueva guerra en Oriente Medio.

El cuarto motivo es el más intrigante. Es que Qatar se ha convertido en una mayor amenaza para bin Salman que Irán. Qatar cuenta con más simpatía dentro de Arabia Saudita, especialmente entre los miembros perdedores de la casa real, y el príncipe heredero se da cuenta de esto. Necesita fortalecer sus lazos con Irán para luchar contra su vecino del Golfo.

 
Ganar la batalla

Irán está ganando la batalla, pero hasta ahora no ha podido ganar la guerra. Su intervención en el mundo árabe ha creado mucha división que será difícil de curar. Millones de suníes son refugiados en su propio país y si un alto comandante sirio sigue en su puesto, lo seguirán siendo.

El mayor general Issam Zahreddine, de la Guardia Republicana presidencial de élite, "aconsejó" que cualquier persona que huyó del conflicto en Siria no puedan regresar, y agregó que el Ejército no "olvida ni perdona”.

"Para aquellos que huyeron de Siria a otro país, yo les pido que no regresen nunca, porque incluso si el gobierno los perdona, nunca vamos a perdonar ni olvidar", dijo en la televisión estatal de Siria. Más tarde se disculpó por sus comentarios y dijo que fueron malinterpretados. Afirmó que se refería a Dáesh, y a refugiados civiles no sirios. Pero no fue así como sus observaciones sectarias originales fueron recibidas por los propios refugiados.

El conflicto sectario es fácil de empezar pero mucho más difícil de detener. La historia no se detiene en este punto, y si Irán quiere ser parte de la paz regional tiene que pensar cómo se va a curar las divisiones sectarias, que sus intervenciones han sustentado. La estabilidad árabe es del interés a largo plazo para Irán.

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