Quien con 89 años amenazaba al régimen egipcio incluso en su muerte

Publicado el Por Wael Haddara (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): El Cairo, Egipto

Mohammed Mahdi Akef  (fotografía: AFP)
Mohammed Mahdi Akef (fotografía: AFP)

 

Este mes se cumple el 88º aniversario de la muerte de Omar Al-Mukhtar, el líder de la resistencia a la ocupación italiana en el Líbano, en el siglo pasado. Al-Mukhtar fue ejecutado por sedición por la Italia ocupante el 16 de septiembre de 1931.

En su famoso elogio a Al-Mukhtar, el célebre poeta Ahmad Shawqi predijo que su martirio sería siempre una llama que instaría a los libios a reclamar su libertad, y su sangre siempre sería un obstáculo en el camino de la reconciliación entre el ocupante y el ocupado.

En una muestra de la fuerza de las ideas y del impacto de la resistencia humana; cuando Al-Mukhtar fue finalmente capturado -con 73 años- los italianos eligieron llevar a cabo su juicio en secreto, y enterrarlo en una tumba sin nombre, vigilada por un centinela italiano.
 
Los opresores tienen miedo de las ideas, y a los hombres y mujeres que creen en ellas, independientemente de su fragilidad, edad avanzada o incluso si están vivos o muertos.
 

El hombre frágil rodeado de Seguridad

Este mes también se recordará por la muerte de otro hombre, Mohammad Mahdi Akef. Era un ex parlamentario egipcio, y el séptimo hombre que sirvió como guía de los Hermanos Musulmanes egipcios.

Bajo su dirección en 2004, los Hermanos Musulmanes emitieron el primer programa de reformas verdaderamente integral en Egipto, y en 2005 llevó a los Hermanos Musulmanes a su mayor victoria electoral antes de la Revolución de 2011.

En 2009, fue clasificado como el número 12º en la lista de los 500 musulmanes más influyentes, seleccionados por especialistas para un libro publicado por el Real Centro Islámico de Estudios Estratégicos.

Tras el derrocamiento del presidente Mohamed Morsi en 2013, fue detenido con 85 años, y vivió, al igual que muchos de los 40.000 presos políticos de Egipto, en condiciones brutales.

Según su familia, se le diagnosticó un cáncer el año pasado, y a pesar del deterioro de su salud, fue mantenido casi incomunicado por el régimen egipcio.

Akef fue ampliamente elogiado por negarse a ser nominado para un segundo mandato como guía de la Hermandad, salió del cargo en 2010 después de la elección de Muhammad Badie, y él continúo siendo una de las pocas figuras de liderazgo que hizo un llamamiento a un amplio sector de los islamistas.

Sus repetidas apariciones en los juzgados a lo largo de los últimos cuatro años evocaban imágenes de Omar Al-Mukhtar en su cautiverio: de pelo blanco y envuelto en una manta blanca; un frágil anciano que aún ya fallecido aún debe estar rodeado de fuertes medidas de seguridad.

 

Preguntas inquietantes

Akef parece asustar al régimen represivo en El Cairo, casi tanto como los italianos estaban asustados por Al-Mukhtar. El régimen egipcio ha presidido cuatro años de intensa represión que incluye como víctimas a decenas de miles de presos políticos y miles de exiliados políticos. Entre su arsenal también se encuentra el uso generalizado de las ejecuciones extrajudiciales y la tortura sistemática y generalizada.

A pesar de todo esto, la represión y la apariencia de control, las autoridades se negaron a permitir que el entierro de un hombre de 89 años de edad tuviera lugar el viernes. Sólo se permitió asistir a la familia inmediata y el entierro tuvo lugar pocas horas después de su fallecimiento.

La detención de Akef, y por último su muerte, plantean muchas preguntas inquietantes, tanto para los egipcios como para los occidentales. ¿Qué ha sido de la población de Egipto en los 85 años desde que Shawqui tan elocuentemente elogió a Al-Mukhtar?.

¿Dónde está el discurso de la libertad y los principios que hicieron la poesía de Shawqui celebrada, y la muerte de Al-Mukhtar una inspiración?.

Hubo apagados llamamientos ocasionales de clemencia para Akef, pero poco más. Y en el transcurso de los cuatro años de su encarcelamiento inhumano, ni un solo gobierno occidental emitió una declaración oponiéndose a su encarcelamiento o pidiendo su liberación.

Este silencio se mantuvo, a pesar del hecho de que incluso dentro de los ridículos estándares de justicia egipcio, fue absuelto de todos los cargos en enero de 2016 y todavía siguió detenido por otros 20 meses, hasta el día de su muerte.

 

El precio del silencio

Mientras Akef era el preso político más antiguo de Egipto, hay otros en circunstancias similares, ya sea por la edad o la salud. Su detención, al igual que el tratamiento que Akef recibió tanto en vida como en su muerte, sólo puede ser descrito como un reflejo del miedo que el régimen egipcio tiene de hombres y mujeres que mantienen en pie sus principios.

El juez Mahmud Al-Khudeiri, una de las principales figuras del movimiento de un poder judicial independiente, sigue preso a pesar de su avanzada edad y mala salud.

Pero el silencio de la comunidad internacional hacia los abusos en curso en Egipto va más allá de los casos graves de Akef y Al-Khudeiri. Human Rights Watch publicó recientemente un informe sobre la tortura llevada a cabo por las autoridades egipcias, calificándola como endémica y, posiblemente, constitutiva de crímenes contra la humanidad. Este silencio de la comunidad internacional no deja de tener un precio.

No se necesita mucha perspicacia para darse cuenta de que apoyar o financiar al régimen egipcio invita a la enemistad de las personas que sufren su brutalidad y a una represión que ofrece el ambiente perfecto para la radicalización.

Los gobiernos democráticos occidentales parecen haber tomado la determinación de que el riesgo de este tipo de acción es tolerable y los beneficios de continuar abrazando a una dictadura son mucho más deseables.

Parece ser que es poco probable que este régimen acabe en el corto plazo, y que, incluso si lo hace, el que lo reemplace estará también “respaldado por la comunidad internacional”, independientemente de este silencio ensordecedor. Esto está lejos de ser una apuesta segura.

 

La mejor opción

Este es un régimen que prefiere asesinar a los jóvenes que llevarlos ante los tribunales; que mantiene a un anciano en régimen de aislamiento para presionar a su padre aún más anciano; que ha tomado abiertamente el control del poder judicial; que ha utilizado el poder judicial para emitir sentencias de ejecución en masa sin examinar los casos individuales; y que anhela el elogio por la liberación de una activista como un “favor” a Donald Trump sin dejar de mantener entre rejas indefinidamente a decenas de miles de personas.

Ahora vemos que también es un régimen que se siente amenazado por un hombre de 89 años de edad, no sólo en sus últimos días, sino también en su funeral. Este es un régimen que entiende que su permanencia en el poder es precaria y teme que cada día podría llegar a ser el último. Haríamos bien en tomar nota.

Los acontecimientos de los últimos años han cambiado los pueblos del Oriente Medio. En Egipto, Libia, Siria y Yemen, los viejos patrones no se han mantenido. Si alguna vez ha habido un momento en el que apostar por la gente y no por sus opresores, es este.

 
 
 

 

 

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