Las reformas de Mohamed bin Salman no pueden ocultar la sombría realidad de Arabia Saudita

Publicado el Por Mustafa Salama (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Riad, Arabia Saudita

Príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman durante una ceremonia de bienvenida para el secretario de Defensa británico Michael Fallon en Yeda, el 19 de septiembre (fotografía: Reuters)
Príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman durante una ceremonia de bienvenida para el secretario de Defensa británico Michael Fallon en Yeda, el 19 de septiembre (fotografía: Reuters)

 

Mientras el mundo - y los medios de comunicación internacionales - han llevado el anuncio del levantamiento de la prohibición de conducir a las mujeres a los titulares, otros acontecimientos más importantes que tienen lugar en el reino que no han encabezado los noticiarios. Una nueva ronda de detenciones ilegales que ha tenido lugar recientemente incluyó a jueces, predicadores y expertos de los medios, así como a 21 saudíes por compartir publicaciones de disidentes en las redes sociales.

Esta no es la primera vez que figuras públicas saudíes han sido detenidas y recluidas en prisiones desconocidas sin cometer ningún delito. A mediados de septiembre, Amnistía Internacional emitió una declaración relativa a una "oleada de detenciones" que incluía a más de 20 personas, entre ellos, predicadores famosos y respetados de Arabia Saudita.

Cualquier analista especializado en políticas saudíes entenderá que la represión actual es parte de un patrón más amplio, quien será rey, Mohammed Bin Salman, está preparando el escenario para sí mismo. Para gobernar en un escenario diferente al de sus predecesores que han utilizado la religión como su paradigma legitimador primario.

 

Distracciones locales e internacionales

El mes pasado, los llamamientos en las redes sociales para protestas el 15 de septiembre, que eran principalmente contra las políticas de austeridad económica y la corrupción en el reino, no fueron sorprendentes. Durante el segundo trimestre de este año, la tasa de desempleo en Arabia Saudita alcanzó 12,8%, cuando el desempleo entre los saudíes entre los 20 y 29 años supera el 28%.

Esto contrasta con los optimistas planes económicos establecidos en la “Visión 2030”.

Las autoridades saudíes no sólo utilizan el levantamiento de la prohibición de conducir a las mujeres como una distracción local e internacional, sino también la conmemoración del 87º Día Nacional de Arabia Saudita el 23 de septiembre sirvió para un propósito similar. El día, que se celebró de manera diferente este año que en años anteriores, se caracterizó por fiestas públicas con mezcla de géneros, bailes y cantos. Tales escenas eran impensables para Arabia Saudita.
 
Aunque el levantamiento de la prohibición de conducir para las mujeres habría sido inimaginable hace una década, las autoridades saudíes han ido mucho más lejos al anunciar en agosto sus destinos vacacionales en el Mar Rojo “libres de sharia”, en una evidente contradicción con la naturaleza de la legitimidad política en el reino.
 

Ceder ante la presión de Estados Unidos

Arabia Saudita está, de hecho, siendo testigo de una tendencia a erosionar la influencia religiosa, que se manifiesta de muchas maneras. Un ejemplo de ello es la disminución de las facultades de la ‘Comisión para propagar el bien y prohibir el mal’, más popularmente conocida como la "policía religiosa", al mismo tiempo que aumenta el poder de la Autoridad General para el entretenimiento, recientemente creada. 

Después de todo, Arabia Saudita solo ha logrado esquivar la Ley de Justicia contra los patrocinadores del terrorismo (JASTA), y ha sido fervientemente llamado a mostrar su moderación al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su administración. Trump, que demonizaba el Islam y fue el candidato menos favorecido por los saudíes en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, después se calmó en la cumbre árabe-estadounidense en Riad.
 
Trump cambió considerablemente su tono sobre el Islam desde que regresó a Estados Unidos con ofertas saudíes por miles de millones. Si estas se materializan o no es otra cuestión, pero Trump prometió a los estadounidenses muchos empleos y beneficios económicos.

Se podría hablar más sobre el cumplimiento de Arabia Saudita con las presiones estadounidenses para cambiar su sistema educativo, frenar sus ‘obras de caridad’ y educación islámica en el extranjero. Sin embargo, es suficiente citar al secretario de Estado, Rex Tillerson, hablar de Arabia Saudita:

"Que no haya cambiado en largos siglos no significa que no podemos afectar en el cambio ... el ritmo ha sido lento, más lento del que cualquiera de nosotros desea. Hay un cambio en marcha en el reino de Arabia Saudita; lo que sí creo es, que se está moviendo en la dirección en que queremos que se mueva".

Recientemente se entregaron dos islas egipcias, Tirán y Sanafir, a Arabia Saudita, que fue de hecho un movimiento muy significativo por parte de Arabia Saudita (y Egipto) hacia Israel. Las dos islas no tienen un valor estratégico para Arabia Saudita. De hecho, el mayor ganador geoestratégico de la operación es Israel, ya que el Golfo de Aqaba se convertirá en unas aguas internacionales donde poder navegar libremente.

Además, según informó en mayo el Wall Street Journal, los países del CCG (Consejo de Cooperación del Golfo) se han ofrecido a mejorar las relaciones con Israel, además de posibles conversaciones secretas sobre negociaciones comerciales. También ha habido recientes rumores de que un príncipe saudí ha visitado Israel. Por no hablar del movimiento hacia la normalización de Baréin, que debe haber tenido el sello de aprobación de Arabia Saudita.

Arabia Saudita ha cedido claramente a la presión estadounidense y públicamente se está yendo por las ramas cuando se trata de Israel. Ha optado por ceder a la presión exterior y poner boca abajo cualquier reacción interna.

Mientras que la actual represión recuerda una similar oleada de detenciones en la década de 1990, la situación actual es bastante diferente: El establecimiento religioso no es ni remotamente tan respetado como lo era en la antigua Arabia del muftí Bin Baz, que fue estimado hasta por los opositores al régimen a pesar de que promovió la legitimidad del Estado.

En aquel entonces no había redes sociales para expresar disentimiento, y en general, la región era mucho más estable. Además, la Casa de Saud no estaba alterando fundamentalmente el contrato social sobre el cual el reino fue construido.

A medida que el régimen sigue erosionando su legitimidad islámica, imponiendo políticas de austeridad y silenciando la disidencia, el futuro de Arabia Saudita parece sombrío.

 

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