La visión de Mohammed bin Salman para Arabia Saudita puede conducir a la resistencia popular

Publicado el Por Arabia Watch (author)

Lugar(es): Riad, Arabia Saudita

Príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman
Príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman

 

El martes, el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, declaró que su país se estaba moviendo hacia una forma "moderada y abierta" del Islam. Las declaraciones, que desencadenaron reacciones mixtas entre los saudíes, reflejan a qué equivale un cambio radical en la cuestión de la religión en el reino.

Muchos se preguntan qué papel desempeñará la religión cuando Mohammed bin Salman sea rey, especialmente teniendo en cuenta el hecho de que los gobernantes saudíes anteriores han invertido mucho en la creación de la percepción del reino como el único guardián de la fe musulmana.

 

La religión como una herramienta

Desde la fundación del Estado saudí - y su toma de posesión de los sitios más sagrados del Islam - la religión no sólo sirvió como una herramienta interna de la élite política para hacer cumplir su autoridad, sino también como una herramienta externa para imponer su liderazgo y dominio sobre el mundo musulmán.

Durante las últimas décadas, una forma de lograr este objetivo fue invertir miles de millones en proyectos de desarrollo en los sitios sagrados del Islam y sus alrededores.

Recientemente, el gobierno del rey Salman anunció la asignación de $100 mil millones para trabajos de nueva construcción en aquellos sitios. Vale la pena señalar que esta financiación "generosa" viene en tiempos difíciles, cuando se han impuestos medidas de austeridad económica a los ciudadanos saudíes cortando los subsidios gubernamentales, y elevado los precios de los productos básicos, como combustible, agua y electricidad.

Además, el gobierno costea una guerra en curso en Yemen, cuyos costes de funcionamiento, según los informes, ascienden a $200 millones al día.  

Tal efusión de fondos no es de ninguna manera una inversión inocente, ni puede ser vista como una simple respuesta a las necesidades de desarrollo. Más bien está impulsado por una estrategia de creación de una imagen de la monarquía saudí como defensora de la fe.

Esto también podría explicar la que llegó a ser conocido como una ‘tradición saudí’, por la cual cada rey ha iniciado nuevos planes para los sitios sagrados, e incluso ha intentado estirar la duración de estos proyectos a lo largo de su vida.

 

¿Compromiso con el Islam?

La idea es crear una percepción de un compromiso continuo por parte de Arabia Saudita con el Islam mediante la expansión sin fin de sus sitios más sagrados. Por eso, cuando se anunció el proyecto de ampliación del Mataf (circunvalación) que fue terminada después de tres años de trabajo durante la época del anterior rey Abdullah, su sucesor, el Rey Salman anunció el inicio de nuevos proyectos, entre ellos - una vez más - la expansión de la misma área Mataf.

Salman, obviamente, no quiere ser visto como el rey que no respeta la tradición. Más importante aún, el detenimiento de los proyectos de expansión podría empañar la imagen de "el guardián del Islam", que el gobierno de Arabia Saudita afirma ostentar. En realidad, sin embargo, nadie sabe realmente el alcance o la meta final de este tipo de proyectos.

Parece que esta es la única manera en la que los reyes saudíes se "ganan" el título de "Guardián de las Dos Mezquitas Sagradas". Otro signo de la politización de estas inversiones está en la concentración de proyectos de desarrollo en y alrededor del área de Haram.

Por ejemplo, la ciudad de la Meca sufre de todo tipo de empobrecimiento, falta de inversión y deterioro de la infraestructura. Pero dado que se encuentra fuera del alcance del radar de los peregrinos, el gobierno no podría ser más indiferente a esas necesidades.

La asignación de recursos solamente prioriza cualquier proyecto dependiendo de la consideración anticipada de retribución política.

 

La compra de influencia

Además, los gobernantes saudíes han utilizado tradicionalmente la religión como un instrumento para extender su influencia sobre el mundo islámico en su conjunto. Por ejemplo, la sede de la Organización de Cooperación Islámica y el Banco Islámico de Desarrollo no tienen su sede en Egipto, Turquía o Malasia, sino en Yeda, Arabia Saudita.

Riad siempre ha tratado de dominar estas instituciones mediante la financiación de sus presupuestos, y programas a cambio de dominar su voluntad política. Por ejemplo, durante la última cumbre celebrada en Turquía, los saudíes lograron presionar para que la declaración final estuviera centrada en una condena a Irán.

Más recientemente, durante su crisis con Qatar, Arabia Saudita desplegó sus recursos religiosos - como siempre - ya que chantajeó a algunos países de África, amenazándolos con limitar sus cuotas de visas para la peregrinación, si no cortaban lazos con Doha. Luego vino el papel del gran muftí de Arabia Saudita, quien dió su “bendición” a la decisión de imponer un bloqueo a Qatar.

Estos son sólo algunos ejemplos de cómo utiliza, y abusa, la casa Al-Saud de la religión, y de la forma en que el país siempre ha dependido de la utilización política de la religión.

Por lo tanto, la religión es tanto una fuerza coercitiva para legitimar su dominio interno, como una herramienta para la intervención externa en los asuntos de los países extranjeros.

Después de las declaraciones de Mohammed Bin Salman, la pregunta clave es : ¿Es probable que esto cambie cuando él sea rey?.

Mohammed bin Salman dijo: "Queremos vivir una vida normal. Una vida en la que nuestra religión se traduzca en tolerancia y nuestras tradiciones de bondad". Obviamente, se está dirigiendo a las nuevas generaciones de saudíes.

 

Un reino en transición

La relación entrelazada entre religión y Estado en Arabia Saudita es sensible y profundamente arraigada. Cualquier intento de sacudir esta alianza debe pasar por un proceso de diálogo público e intelectual inclusivo, considerado y libre. Debe venir como resultado de la demanda del público en lugar de como una imposición de arriba hacia abajo.

Sin embargo, desde que el príncipe Mohammed bin Salman asumió el poder, la relación del Estado con la religión en el país está en declive.

Bin Salman parece decidido a llevar al país al otro extremo. Parece que está trabajando para que Arabia Saudita se despoje de todo lo que tenga que ver con su herencia religiosa. Él piensa que a base de reales decretos es capaz de revertir el status quo. Esto es equivalente a despertar una mañana y descubrir que el presidente de Estados Unidos ha emitido una orden ejecutiva para que la ley de la sharia se imponga en la tierra.

Él está obligando efectivamente al secularismo, en lugar de persuadir al público para que acepte lo que tradicionalmente se ha afirmado como valores y creencias extranjeros.

Por ejemplo, hace poco el gobierno anunció el Proyecto del Mar Rojo, un complejo de ocio de estilo internacional, en la costa occidental del reino. Se le ha dicho a una sociedad conservadora y tradicional que su gobierno quiere crear un complejo donde no se aplican las reglas del país- incluyendo la segregación por sexos y el código de vestimenta "islámico" - a sólo unos cientos de kilómetros de los sitios más sagrados del Islam.

Este no es el resultado de una evolución natural y cultural dentro de la sociedad, sino una decisión real que,  de la noche a la mañana, ha transmutado del estricto fanatismo -cabeza hueca- religioso. Esto es un insulto a un segmento importante de la sociedad saudí que ha comprado la propaganda religiosa oficial durante décadas.

 

Lecciones de historia

Este enfoque puede tener consecuencias graves. No sólo es éticamente incorrecto, sino que podría proporcionar una justificación para la resistencia popular que no sería única en la historia del país. El 20 de noviembre de 1979, el primer día del año islámico 1400, Al-Haram Masjid fue capturado por un grupo bien organizado de 400 a 500 hombres bajo el liderazgo de Juhayman Al-Otaybi.

Al-Otaybi atacó a los ulemas wahabíes por no protestar contra las políticas que (según él creía) traicionaban el Islam, y los acusó de aceptar las normas de un Estado infiel y ofrecer lealtad a gobernantes corruptos a cambio de honores y riquezas.

 La historia puede repetirse si el gobierno actual de Mohammed bin Salman no aprende sus lecciones.

Creo que la protección de la libertad de pensamiento y de expresión puede, a largo plazo, proporcionar un contexto para cambios liberales en el país. Esto crearía un marco para que las ideas muten y permitan que emerja una sociedad tolerante. Por el bien común se debe permitir que el diálogo público se lleve a cabo con antelación, y no tomando a la sociedad, como está ocurriendo ahora, por sorpresa.

 

Mensajes para Emiratos Árabes Unidos

Por otra parte, Arabia Saudita nunca debe permitir que cualquier discurso de su interés, que se considere en contradicción con el mundo musulmán en general, se traduzca en una política real.

Se debe enviar un mensaje claro sobre este respecto a Emiratos Árabes Unidos (EAU) específicamente. EAU no logra comprender el alcance completo de la importancia de la religión para la estructura socio-política del reino. Abu Dhabi parece no darse cuenta de las implicaciones de empujar a una secularización forzada a Arabia Saudita.

A tal efecto, Arabia Saudita ha detenido recientemente a intelectuales, escritores y activistas como una medida preventiva para impedir cualquier potencial protesta contra sus políticas. Estas detenciones parecen estar orquestadas por Abu Dhabi.

Por último, hay que hacer una distinción entre el laicismo y la libertad. Algunos de los regímenes más brutales y fascistas que el mundo ha conocido jamás eran de hecho seculares y estaban en contra de la religión, incluyendo la Rusia de Lenin y la Alemania de Hitler.

El esquema previsto de EAU para Arabia Saudita no es diferente. Arabia Saudita debe definir su camino hacia la libertad de acuerdo a las aspiraciones de su pueblo no de algún jeque de Abu Dhabi o de un príncipe de un palacio Al-Salam.

 
 

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