Alianza entre Israel y Arabia Saudita: Suenan tambores de guerra

Publicado el Por Richard Silverstein (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Riad, Arabia Saudita

Príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman (fotografía: Reuters)
Príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman (fotografía: Reuters)

 

En las últimas 24 horas, el redoble de tambores de guerra en Oriente Medio ha subido de tono. Arabia Saudita ha provocado tanto una crisis interna como una externa para permitir que el príncipe Mohammed bin Salman lleve a cabo su grandiosa visión del Estado saudí.

Internamente, Salman creó una comisión contra la corrupción y cuatro horas después ya había ordenado la detención de algunos de los príncipes de mayor nivel en el reino, incluyendo al menos a cuatro ministros y al hijo de un rey anterior.

El nombre más conocido en la lista, y uno de los hombres más ricos del mundo, es el de Alwaleed bin Talal.

 

Bajo coacción

Apenas unas horas antes, después de haber sido convocado a Arabia Saudita, el primer ministro libanés, Saad Hariri dijo ante una televisión saudí que renunciaba a su cargo debido a las "amenazas de muerte" contra él. ¿Por qué el primer ministro de un país renunciaría en la capital de una nación extranjera?; es inexplicable.

La cobertura de la declaración de Hariri mostró que habló con voz entrecortada y miró fuera de cámara varias veces, lo que indica que podrían haberle escrito el discurso y que puede haberlo leído bajo coacción.

Dadas las tácticas de mano dura utilizadas por bin Salman -en busca asegurar su propio título como príncipe heredero- y la posterior detención de decenas de saudíes prominentes que no considera suficientemente leales a él, no parece en absoluto fuera de lugar pensar que convocó al líder de un Estado vasallo y le ofreció un ultimátum: o renuncias o acabaré contigo (literalmente).

El editor de Middle East Eye, David Hearst, está de acuerdo:" Es difícil evitar la conclusión de que cuando abandonó el Líbano, Hariri no tenía ninguna intención de renunciar, que él mismo no sabía que iba a renunciar y que esta renuncia ha sido forzada por los saudíes".

El líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, llamó a Hariri "nuestro primer ministro" en su discurso a la nación después de la "renuncia". Esto no suena como un hombre que quería ver a Hariri fuera del poder. El presidente de Líbano anunció que no aceptaría la renuncia de Hariri hasta que regrese y se lo diga en persona.

Además, Arabia Saudita anunció que Hariri no regresaría a Líbano debido a las “amenazas contra su vida”. Algo no huele bien.

El asesinato de Rafik Hariri en 2005 se produjo después de las amenazas formuladas contra él por el presidente sirio, Bashar Al-Assad, lo que explica en parte la persistente hostilidad entre el régimen sirio y la familia real saudí.

Esta hostilidad fue probablemente un factor primordial para que Arabia Saudita se convirtiera en el principal financiador de grupos armados de siria, entre ellos algunos de los más sanguinarios militantes afiliados al Estado Islámico (Dáesh) y Al-Qaeda.

 

El nuevo aliado de bin Salman

Después de perder en Yemen y Siria, Mohammed bin Salman parece dispuesto a intentarlo por tercera vez y convertir Líbano en un juego político para igualar puntuaciones con los enemigos extranjeros.

Desafortunadamente Hariri, al igual que su padre antes que él, está exprimiendo su último aliento. Esta vez, a manos de los saudíes en lugar de los sirios.

El príncipe de la corona saudí parece ansioso por presionar hasta un conflicto con Irán. Bin Salman, al igual que su nuevo aliado, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, parece dispuesto a explotar y manipular la hostilidad de un enemigo extranjero con el fin de reforzar su propia posición nacional.

Teniendo en cuenta que él está empeñado en establecer su propio dominio de política interna, tal enemigo es muy útil para mantener a sus rivales a raya.

Israel ha correspondido. El lunes, el Ministerio de Asuntos Exteriores envió un cable urgente a todos los diplomáticos exigiendo que adopten una línea pro-saudí en relación con la renuncia de Hariri. El corresponsal diplomático de Haaretz, Barak Ravid, tuiteó el contenido del cable.

Esto indica que Israel y Arabia Saudita están desarrollando una relación “sin luz” que los líderes israelíes utilizan para tratar de promocionar con sus homólogos estadounidenses. Junto con su riqueza y poder militar conjunto de petróleo, estos dos países podrían presentar un cóctel altamente combustible.

Bin Salman también puede haber aprendido otra lección de Israel: que es inútil buscar la ayuda de potencias extranjeras para acometer este tipo de conflictos. Ha visto cómo Netanyahu ha pasado años pidiendo a dos presidentes de Estados Unidos sin éxito que se unan a él en una aventura militar contra Irán.

Su nueva alianza con Arabia Saudita podría proporcionar el golpe militar que necesita para forjar una exitosa serie de ataques contra los enemigos regionales.

Tanto los saudíes como los israelíes observaron con pesar el acuerdo nuclear de Irán del ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que fue negociado pesar de la vociferante oposición de Netanyahu, eliminado esta carta de su mazo político. Netanyahu había jugado la carta de la oposición al programa nuclear de Irán durante años.

Estaba furioso porque ya no podía utilizarlo para sacar los colmillos ante desafíos políticos internos o invocar una crisis nacional.

En los últimos meses, ambos países han perdido otra "carta"; sus aliados sirios se han doblegado bajo un ataque conjunto del régimen sirio y sus aliados de Irán y Rusia.

Unos años antes, Netanyahu se había unido a Arabia Saudita para intervenir en Siria, atacando instalaciones militares asociadas con Irán o Hezbolá. Él persiguió esta política como método de disuasión, para disminuir el arsenal a disposición de las milicias libanesas antes de la próxima guerra con Israel. Pero actuó también con el fin de reforzar sus credenciales de seguridad entre los israelíes obsesionados con la seguridad.

Pero con la guerra civil decayendo y aliados de Arabia e Israel habiendo fallado, Netanyahu ya no puede ofrecer el hombre del saco sirio a los votantes israelíes. Tiene cuatro grandes escándalos de corrupción frente a él. Sus confidentes más cercanos están cayendo bajo investigación policial uno a uno.

Netanyahu necesita desesperadamente una distracción. Una guerra contra el Líbano es sólo el billete. La maravilla sería unir al país el tiempo suficiente para ver cómo los cargos se evaporan en el aire.

Sin embargo, habría una diferencia importante en esta guerra venidera: Arabia Saudita se unirá a esta lucha específicamente para asestar un puñetazo a Irán. Así que atacar Líbano será sólo una parte de su agenda mientras que atacar directamente a Irán será el objetivo real de Arabia Saudita.

Con Israel uniéndose a la lucha, los dos estados podrían montar una guerra regional con ataques lanzados contra objetivos en el Líbano, Siria e Irán; provocando posiblemente contraataques contra Arabia Saudita, Israel y los Estados del Golfo.

 

Enemigo extranjero

Como he mencionado anteriormente, bin Salman parece haber aprendido una lección política crítica de su aliado israelí: se necesita un enemigo extranjero con el fin de infundir miedo dentro de su circunscripción nacional. Debe construir ese enemigo al acecho; una fuerza nefasta para el universo.

Esa es una de las razones por la cual bin Salman está interviniendo en la guerra civil de Yemen. A pesar de que la matanza de Arabia Saudita induce a una inanición masiva y epidémica, bin Salman ha sido capaz de invocar cismas musulmanes con el fin de pintar a Irán como "el agresor" y la amenaza a los intereses saudíes.

Más recientemente, ha declarado a sus vecinos en Qatar como personas non gratas por no ponerse  suficientemente del lado de los saudíes contra Irán. Para bin Salman, o estás con él o contra él. No hay término medio.

Afortunadamente, la mayor parte del resto de la raza humana busca ese punto intermedio.

Aquellos que evitan poner fin a la media son dictadores o locos. Esa parece ser la dirección en la que se dirige el príncipe saudí.

En el Líbano, su estrategia parece ser la de provocar una crisis política y financiera. Arabia Saudita ofrece un gran nivel de apoyo financiero y comercial a Líbano.

Bin Salman parece creer que si retira este apoyo, obligará a los libaneses a controlar a Hezbolá. Aunque no está claro cómo se supone que los libaneses pueden frenar un Movimiento político que es uno de los más grandes y más populares en el país.

El príncipe saudí está tratando de utilizar la misma estrategia que hasta ahora le ha fallado con Qatar. Allí se declaró un boicot. La mayoría de los Estados que dependen de su generosidad se unieron al bloqueo. Las fronteras fueron cerradas. Los vuelos fueron cancelados. El comercio se detuvo.

Pero en lugar de doblegarse, los qataríes (alentados por Irán, sin duda) han llevado su caso ante el mundo y se defendieron. Qatar no muestra signos de que vaya a rendirse.

 

El factor ruso

No está claro cómo los saudíes creen que obligarán a un Estado como el Líbano a dar su brazo a torcer. Puede cerrar los grifos y declarar un boicot. De hecho, Baréin, uno de los estados vasallos de los saudíes, instó a sus ciudadanos que abandonen Líbano y declaró una prohibición de viajar, como la prohibición de Qatar que le precedió.

Todo esto no hará sino reforzar la mano de Hezbolá. También servirá como una tácita invitación a Irán a desempeñar un papel mucho más importante en el Líbano. Cuando existe un vacío, se llena.

Hay un poder aún mayor que asoma detrás de todo esto: Rusia. El punto muerto en Siria entre los rebeldes financiados por los saudíes y Assad ha permitido a Putin intervenir con decisión y manejar el resultado final de ese conflicto. Si Putin percibe una estrategia saudí similar en Líbano, veo pocas razones para que Irán y Rusia no formen un equipo del mismo modo que hicieron en Siria para apoyar a sus aliados en el terreno.

Es interesante fijarse en que el rey Salman hizo la primera visita real saudí a Moscú el mes pasado y mantuvo conversaciones con Vladimir Putin.

Nos gustaría saber lo que discutieron, pero sin duda esa conversación debe haber implicado a Siria y Líbano, ya que esos son los dos lugares en los que los intereses saudíes están en conflicto, o potencialmente en conflicto con Rusia.  

Tal vez el rey saudí advirtió a Putin que no debe aprovecharse del caos en Líbano como lo hizo en Siria. Dudo mucho que Putin se deje intimidar dado el fracaso de Arabia Saudita en Siria.

Las acciones futuras de Rusia serán determinadas por cúanto sienta Putin que tiene que ganar si se pone del lado de Hezbolá e Irán en un futuro conflicto en el Líbano.

Es importante recordar que durante los días de la Unión Soviética, con Estados Unidos como una fuerza dominante en la región, apoyó a la mayoría de los estados árabes de primera línea en su conflicto con Israel.

Putin es conocido por tratar de restaurar la antigua gloria del imperio soviético. Sin duda, le complacería que no se pusiera fin al retorno de Rusia de pleno derecho al poder e influencia en Oriente Medio.

 

Los estrategas militares en Riad y Tel Aviv

Israel no es el elefante en la habitación aquí. Limita con el Líbano y ha librado dos guerras importantes allí, junto con 20 años de ocupación del sur. Hezbolá es un enemigo jurado de Israel, e Irán, el mayor patrocinador del movimiento, es también uno de los principales adversarios de Israel.

Los saudíes tienen los medios financieros para apoyar un prolongado conflicto en el Líbano (también aportó $1 mil millones en apoyo de la campaña de sabotaje de Israel contra Irán). Pueden estar más que dispuestos a financiar otra invasión israelí.

Por su parte, los saudíes pueden estar dispuestos a crear otro gobierno libanés improvisado compuesto por colaboradores y políticos comprados, mientras deja a Hezbolá fuera del poder político.

Del mismo modo, la historia de la intervención israelí está llena de este tipo de construcciones políticas simuladas. En Cisjordania, crearon los "consejos de los pueblos". En el sur de Líbano, crearon el Ejército del Sur del Líbano. Y en Siria, financiaron a grupos como Al-Nusra que luchan contra el régimen en los Altos del Golán.

Sólo cabe esperar que los estrategas militares en Riad y Tel Aviv no sean lo suficientemente locos como para contemplar un escenario de este tipo. Pero dada la horripilante historia de Líbano, y su papel como un cordero de sacrificio en los conflictos entre las potencias mayores, uno no puede descartarlo.

Por último, Estados Unidos que había jugado un papel decisivo en la prevención de un ataque israelí contra Irán desde hace años, está dirigido por un presidente que está bastante prendado tanto de Israel como de Arabia Saudita.

La primera visita al exterior de Trump como líder del país fue a Arabia Saudita. Sus cálidas relaciones con Netanyahu y el apoyo a las políticas más extremas de Israel son también bien conocidas. Nadie debe esperar que esta administración frene a los saudíes o israelíes. Si acaso, puede que los incite.

 
 
 

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