La muerte de Saleh desbarata la estrategia de Irán en Yemen

Publicado el Por Mahan Abedin (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Saná, Yemen

Manifestantes pro-hutíes protestando contra la operación militar de la coalición liderada por Arabia Saudita, el 26 de marzo de 2015
Manifestantes pro-hutíes protestando contra la operación militar de la coalición liderada por Arabia Saudita, el 26 de marzo de 2015

 

La sorpresiva decisión del asesinado ex líder de Yemen, Ali Abdullah Saleh, de acercarse a Arabia Saudita, fue ampliamente interpretada como el preludio de un cambio importante en el conflicto de Yemen.

La presunta muerte de Saleh viene de la mano de la intensificación de los enfrentamientos en la capital, Saná. entre el movimiento Ansar Allah (popularmente conocido como los “hutíes”) y las fuerzas leales al ex hombre fuerte de Yemen.

La feroz lucha interna en Saná -junto con una intensificada campaña aérea liderada por Arabia Saudita contra objetivos hutíes en la ciudad- ayudó a precipitar una ruptura completa en la alianza Houthi-Saleh.

 

La conexión Saleh

La muerte reportada de Saleh -supuestamente como resultado de la lucha con las milicias hutíes- hace que el final de la alianza sea casi inevitable. Aunque este hecho no se traduce necesariamente en una victoria de Arabia Saudita, como mínimo, se trata de un duro golpe para los esfuerzos de Irán para destruir los objetivos saudíes en Yemen.

De hecho, el creciente aislamiento de los hutíes, con cuentas en redes sociales mostrando la ira popular contra su 'gobierno', pone toda la estrategia de Irán en Yemen en tela de juicio. En ausencia de una alternativa política viable  a la propuesta de la coalición liderada por Arabia Saudita, Irán no tiene una estrategia sostenible en Yemen.  

A la luz de la alianza malograda de Saleh con los hutíes, su difícil relación con Irán prácticamente ha sido olvidada. Vale la pena recordar que el líder yemení muerto fue una pesadilla para la República Islámica durante más de dos décadas.

Saleh fue un fuerte aliado de Saddam Hussein de Irak, a quien prestó un apoyo retórico y práctico significativo durante la guerra Irán-Irak. De hecho, los yemeníes luchaban contra las tropas iraníes durante la guerra.

Tras el final de la guerra, el apoyo continuo de Saleh a las ambiciones estratégicas de Irak, en particular a su decisión muy controvertida para apoyar la invasión iraquí de Kuwait en 1990, fue una fuente de preocupación para Teherán.

Más recientemente, la decisión de Saleh de acabar con los hutíes en 2004, provocando así una serie de insurgencias lideradas por Al-Houthi en la provincia norteña de Saada, fue considerada como un desafío por parte de Irán, en la medida en que debilitó a un aliado potencial.

El apoyo militar y político de Saleh

Mientras que los orígenes de la asociación de Irán con los hutíes no están del todo claros, es más que probable que los contactos tuvieran lugar a principios de la década de 1990, cuando los hutíes aparecieron por primera vez como una fuerza social y cultural en el extremo norte de Yemen. Desde la perspectiva de Irán, la proximidad geográfica de los hutíes a Arabia Saudita les resultaba difícil de ignorar.

Irónicamente, Saleh llevó a cabo las sucesivas guerras contra los hutíes, en parte partiendo de la misma premisa que la adoptada por la coalición liderada por Arabia Saudita en la actualidad, a saber, que el movimiento Ansar Allah representa una "Hezbolá yemení"; por lo tanto una extensión de Irán.   

Fue en este contexto que Irán apoyó el levantamiento de Yemen en 2011, además de debido a la percepción muy extendida en Teherán de que Saleh fue apoyado por Arabia Saudita como parte de una estrategia más amplia para contener la influencia de la llamada Primavera Árabe en la Península Arábiga.

La decisión de Saleh de apoyar en la toma de posesión por parte de los hutíes de Saná en septiembre de 2014 (supuestamente influyendo en que el Ejército de Yemen no se resistiera a la operación hutí) estaba en consonancia con los planes iraníes para crear una cobertura política más amplia del avance hutí.

La utilidad del ex presidente se vio aún más subrayada una vez que la coalición militar liderada por Arabia Saudita lanzó una campaña de bombardeos en marzo de 2015. En ausencia de apoyo militar y político de Saleh, es poco probable que el movimiento Ansar Allah hubiera sido capaz de resistir con éxito la ofensiva saudí durante tanto tiempo. La pregunta inmediata en este momento es si la muerte de Saleh precipitará un colapso de los hutíes.

 

Una estrategia incompleta

Aunque desconfiaban profundamente de Saleh, los iraníes habían invertido capital diplomático y político significativo en la alianza entre el Movimiento Ansar Allah y elementos de las fuerzas militares y de seguridad yemeníes.

Esta inversión se vió claramente en la reacción oficial de Irán ante el estallido de combates entre los partidarios de Saleh y los hutíes. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Bahram Ghassemi , instó a formar un “frente nacional unido” contra las agresiones externas.

Esta reacción oficial iraní, aunque no sorprende, sin embargo, muestra un grado de disonancia política en Teherán.

Aunque que el Ministerio de Asuntos Exteriores, y la comunidad política diplomática más amplia en Teherán, estén dispuestos a incorporar el apoyo de Irán a los hutíes en una alianza más amplia en Yemen, los poderosos Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) pueden estar tirando en una dirección diferente; aislando y radicalizando aún más a los hutíes.

Dejando la propaganda a un lado, el grado de implicación de los CGRI en el conflicto de Yemen no está claro. Hasta ahora, no se han visto indicios de un fuerte despliegue de la fuerza Quds (ala expedicionaria de los CGRI) en Yemen.

Y mientras que el comandante de la Guardia Revolucionaria, el general Mohammad Ali Jafari, recientemente admitió un papel “consultivo” en Yemen, no especificó si esta era proporcionado en el terreno o desde la distancia.  

 

Guerras de poder regionales

Esta falta de claridad puede exacerbar la discordancia política en Teherán, sobre todo si los CGRI deciden intensificar su apoyo a los hutíes mediante el suministro de más sistemas de armas avanzados. Existen evidencias de que esto puede haber ocurrido ya, con un organismo de las Naciones Unidas presentando informes de que los restos de cuatro misiles balísticos disparados contra Arabia Saudita, al parecer, tenían origen iraní.

Por su parte, los principales portavoces del Establishment de seguridad nacional iraní, entre ellos el jefe de la comisión de seguridad nacional y política exterior del Majlis (Parlamento), Mohammad Javad Jamali Nobandegani, negó enérgicamente las acusaciones sobre el suministro de tecnología de misiles balísticos a los hutíes.

Más allá de la discrepancia política, hay problemas más amplios en la estrategia iraní en Yemen. Usualmente, en guerras de poder regional, Irán intenta llegar a todos los actores clave en el conflicto, incluso a sus adversarios más comprometidos. Este enfoque se puso de relieve en el conflicto sirio, donde Irán negocia con sus enemigos más amargos para obtener ventaja táctica.

El problema es que en Yemen, Irán tiene poco o ningún contacto significativo con las fuerzas que luchan contra los hutíes, incluyendo el incipiente gobierno de Abd Rabbuh Mansour Hadi, las tribus clave y los diversos elementos de la rama yemení de los Hermanos Musulmanes (Islah).   

La salida de Saleh exacerba este déficit estratégico y amenaza con radicalizar aún más el conflicto. Esta es una mala noticia para todo el mundo.

 

 
 

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