El eje de autócratas árabes de pie detrás de Donald Trump

Publicado el Por David Hearst (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Jerusalén

Banderas de Israel y Estados Unidos en Jerusalén el  de diciembre de 2017 (fotografía: AFP)
Banderas de Israel y Estados Unidos en Jerusalén el de diciembre de 2017 (fotografía: AFP)

 

Donald Trump reveló su mano sobre Jerusalén. De este modo, se apartó a un lado cualquier pretensión persistente de EE.UU. de poder llegar a un acuerdo entre Israel y Palestina. No puede haber una "neutralidad" ahora. Sin Jerusalén como su capital, no puede existir ningún Estado Palestino. Es sólo una cuestión de tiempo antes de que comience un nuevo levantamiento.

Sólo un símbolo tan poderoso como Jerusalén puede unir a los palestinos tan visceralmente opuestos entre sí como Mahmoud Abbas, de Fatah, e Ismail Haniyeh de Hamás. Sólo Jerusalén tiene el poder de unir a los internos de todas las cárceles y lugares de exilio palestinos donde se encuentran -prisiones físicas de Israel y metafóricas, los palestinos en 1948, Gaza, Cisjordania, los campos de refugiados y la diáspora-. Sólo Jerusalén habla a los mil millones de musulmanes en todo el mundo.

Como Trump aprenderá pronto, los símbolos son poderosos. Ellos tienen la costumbre de crear una realidad propia.

Trump, sin embargo, no actúa solo. Cualquiera que sea el electorado nacional que lo respalde, y los cristianos evangélicos aparecen en la lista, Trump no podía, y no habría hecho el anuncio, a menos que tuviera apoyos regionales.

El apoyo del Likud de Benjamin Netanyahu y los nacionalistas religiosos son un hecho, pero son cansinamente familiares. El apoyo novedoso y tentador extranjero proviene de una nueva generación de supermocosos del Golfo Pérsico, jovenes irreverentes y zurradores, que se toman un selfie contigo y aparece un golpe de Estado cerca de ti.

Bajo Trump han formado un eje de autócratas árabes, cuya ambición geopolítica es tan grande como sus billeteras. Ellos realmente creen que tienen el poder para imponer su voluntad no sólo en los fragmentos de un Estado palestino, sino en la región en su conjunto.

Está en construcción, por lo menos en sus mentes, una red de Estados policiales modernos, cada uno con un brillo de labios de liberalismo occidental. Todos ven al Likud como sus socios naturales, y a Jared Kushner como su interlocutor discreto.

Pensamiento, reflexión, cooperación, consulta o consenso no aparecen en su léxico. La democracia es para ser pospuesta, la libertad de expresión está ahí para ser administrada. ¿Y los árabes? están ahí para ser comprados.

Esta fue la razón por Mohammed bin Salman, príncipe heredero y gobernante de facto de Arabia Saudita, pensó que podía intimidar a Mahmoud Abbas, el presidente palestino enfermo, en consecuencia. Le dijo a Abbas que o acepta los términos -sin Jerusalén, sin derecho de retorno- o da el paso a alguien que lo haga, de acuerdo con múltiples fuentes citadas por el New York Times.

Varios de los funcionarios dijeron que bin Salman había ofrecido, para endulzar el trato, un pago directo a Abbas, que rechazó.

 

Normalización de las relaciones con Israel

Las amenazas de bin Salman han sido orquestada por un coro de escritores y periodistas saudíes con licencia para distanciarse de la causa palestina y que piden la normalización de relaciones con Israel.

El principal de ellos es el novelista y escritor saudí Turki Al-Hamad. ¿Por qué, escribió él, deben molestarse en apoyar Palestina, si los propios palestinos se habían vendido? Palestina ya no debe ser considerada como la prima causa árabe.

Él escribió: "Se informó que yo tuiteé que Jerusalén no es la cuestión. Esto no es cierto. Lo que dije fue que Palestina ya no es la primera causa de los árabes después de que su gente se ha rendido”.

“Tengo la causa de mi propio país de desarrollo, la libertad y la emancipación del pasado. . En cuanto a Palestina, la casa (Palestina) tiene un Señor (Dios) que la protegería si es abandonada por sus habitantes (palestinos)”.

Y agregó: "Desde 1948 hemos estado sufriendo en nombre de Palestina. Golpes fueron orquestados en nombre de Palestina, el desarrollo fue suspendido en el nombre de Palestina, libertades fueron reprimidas en nombre de Palestina, con el tiempo, incluso si Palestina volviera no sería más que un país árabe tradicional ... así que vamos a detener el fraude”.

"No voy a apoyar una causa cuyos habitantes fueron los primeros en abandonarla”, concluyó.

Hay muchas otras voces en Arabia Saudita diciendo lo mismo.

Hamzah Muhammad Al-Salim, el analista escritor y económico, tuiteó: "Una vez que la paz se concluya con Israel, se convertirá en el primer destino turístico de Arabia Saudita”.

Saud Al-Fawzan escribió: "No soy un defensor de los judíos, pero el nombre de un solo judío que mató a un saudí y te voy a dar los nombres de mil saudíes que mataron a sus propios compatriotas con cinturones explosivos”.

El ex director del canal de televisión Al-Arabiya, Abd al- Rahman Al-Rachid, escribió: "Ya es hora de reconsiderar el concepto de tratar con Palestina e Israel”.

Muhammad Al-Sheikh, dijo: "La cuestión de Palestina no es nuestra, si un islamista usando maquillaje viene a ti llamando a la yihad, éscupele a la cara”.

En un país donde el piar equivocado de un tuir puede llevarte a tres años de cárcel, estas no son expresiones espontáneas. Sino que crean la música ambiente para el anuncio que hizo Trump.

 

División de la región

Este es entonces el eje detrás de Trump, los príncipes herederos y gobernantes de facto de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Baréin. Mohammed bin Salman, Mohammed bin Zayed y Abdel Fatah Al-Sisi son dependientes personalmente de Trump.

Ni el bloqueo de Qatar, ni el intento de forzar a Saad Hariri a dimitir como primer ministro del Líbano, ni la ruptura del Consejo de Cooperación del Golfo y la formación de una alianza militar y económica entre Arabia Saudita y los emiratíes podrían haber ocurrido sin la luz verde de Trump.

Trump ha permitido a bin Salman aplastar los pilares del Estado saudí, robar a sus primos sus riqueza, y vestirlo todo como en nombre de la modernización y la reforma.

Pero ellos también han permitido Trump imponer su prohibición musulmana y retuitear el veneno de fascistas de británicos sobre musulmanes.

El caos creado por este grupo ha abierto una distancia clara con otro grupo de aliados de Estados Unidos, que están sintiendo los efectos de estas políticas sobre sí mismos. Tanto el rey Abdullah de Jordania, como Mahmoud Abbas trataron de advertir a Washington de los peligros de lo que Trump estaba a punto de anunciar en Jerusalén. Ellos se ven a sí mismos como arrinconados, y han perdido espacio para maniobrar.

Jordania se unió a Turquía, cuyo presidente, Recep Tayyip Erdogan, tiene el apoyo de todos los Partidos para la suspensión de las relaciones con Israel. Turquía es actualmente el líder de la Organización fuerte de 57 naciones de Cooperación Islámica.

Los nacionalistas también se están sumando a poner el grito en el cielo. El líder de la oposición de Turquía, del Partido Movimiento Nacionalista, Devlet Bahceli, advirtió a Estados Unidos que estaba cometiendo un "error histórico”, con su decisión de reconocer  Jerusalén como capital de Israel. Bahceli, dijo: "La trama Jerusalén es una daga que ha sido desenvainada contra todas las cosas que consideramos sagradas”.

El tercer grupo es Irán, Irak, Siria y Hezbolá, a quienes se les entregó otro regalo en bandeja de plata. Trump ha dado a Irán una gran oportunidad para reparar el daño causado por la guerra civil en Siria con grupos suníes y naciones, solo con decir una vez más: “Estamos con ustedes sobre Jerusalén” Es una invitación que Teherán acepta con entusiasmo.

El cuarto grupo es uno que Trump, Netanyahu, Salman bin, bin Zayed nunca podrán alcanzar. Son los propios palestinos. Históricamente han sido más potentes cuando están en su punto más aislados. Este poder se pudo ver en el inicio de la Primera y Segunda Intifada. Es lo que salió a la luz cuando obligaron a Israel a tomar distancia de las barreras de seguridad en la entrada de la ciudad vieja.

Ningún palestino, sea él o ella nacionalista, secular, musulmán o cristiano puede aceptar perder Jerusalén como su capital, y vamos a ver exactamente lo que esto significa en los días y semanas venideros. Hay 300.000 habitantes de Jerusalén que son residentes, pero no ciudadanos de la capital israelí recién declarada y Trump acaba de lanzar una granada en medio de ellos.

El viernes será el 30 aniversario de la Primera Intifada, justo a tiempo para ver la reacción palestina en las paredes de la ciudad vieja -el único poco de "bienes inmuebles" que se les había dejado- y cómo encienden un cigarrillo en los colores de las banderas israelíes y estadounidenses.

 

Article rating:

datos de la votación

0 Respuesta(s) a “El eje de autócratas árabes de pie detrás de Donald Trump”

Dejar una respuesta