Eje Arabia Saudita-Emiratos Árabes Unidos: Unidos contra la unidad del Golfo

Publicado el Por Andreas Krieg (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Riad, Arabia Saudita, Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos

Ministro de Relaciones Exteriores de Emiratos Árabes Unidos, Abdullah bin Zayed Al-Nahyan, junto a su homólogo saudí, Adel Al-Jubeir (fotografía: AFP)
Ministro de Relaciones Exteriores de Emiratos Árabes Unidos, Abdullah bin Zayed Al-Nahyan, junto a su homólogo saudí, Adel Al-Jubeir (fotografía: AFP)

 

El anuncio por parte de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos (EAU) de establecer un Comité de cooperación y coordinación conjunto "en los ámbitos militares, políticos, económicos, comerciales y culturales" no debería haber sido una sorpresa para cualquier observador del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).

Se formaliza así una amistad ya existente entre los dos gobernantes de facto Mohammad bin Zayed (MbZ) de EAU y Mohammad bin Salman (MbS) de Arabia Saudita, en una región donde las instituciones y relaciones personales informales importan más que las formales.

 

Sirviendo a los intereses saudíes

El momento del anuncio, el día de una cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo en Kuwait, es significativo. Pocos pensaron la cumbre podría allanar el camino a la reconciliación regional de la peor crisis del Golfo hasta la fecha.

El anuncio conjunto de Emiratos y Arabia Saudita no solo fue una afrenta al emir de Kuwait y sus esfuerzos de mediación, sino más significativamente fue un esfuerzo calculado para descarrilar la cumbre y dejar caer una cortina sobre el CCG.

No obstante, las instituciones formales en el mundo árabe no se disuelven, son relegadas a la irrelevancia - un destino que el CCG pronto podría compartir con la Liga Árabe.

Durante años, el CCG no ha sido más que una tertulia que proyectaba una imagen distorsionada de la cooperación y la unidad al mundo. Aunque oficialmente fundada en 1981 para promover la cohesión social, económica y política a través de las seis monarquías del Golfo, la organización, según el experto Golfo George Gause, ha servido sobre todo a los intereses de seguridad saudíes construidos alrededor de las paranoias sobre el expansionismo iraní.

A medida que la potencia extendía su hegemonía regional en las orillas occidentales del Golfo, el reino de los Al Saud dominó los otros cinco pequeños Estados, algunos de los cuales acababan de independizarse de Reino Unido.

El equilibrio de poder en el CCG comenzó a cambiar a finales de 1980 y más aún, al parecer, en la década de 1990 cuando Emiratos y Qatar entraron en una fase de hiper-desarrollo económico, social y político.

 

Narrativas alternativas

La liberalización económica, alimentada con el aumento de las rentas de hidrocarburos, facilitaron la liberalización social,  hicieron que dos Estados pequeños estuvieran en vías superar rápidamente a Arabia Saudita, que a pesar de su inmensa riqueza petrolera nunca había sido capaz de reformar su Estado rentista y ponerlo en la línea del siglo XXI.

Doha y Abu Dabi salieron de la sombra de Arabia Saudita mostrando dos narrativas alternativas para la reforma. En Emiratos, un joven y ambicioso príncipe MbZ  sentó las bases de lo que el secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, llamaría más tarde "la pequeña Esparta"-un Estado militarmente fuerte, altamente centralizado, basado en el secularismo y el autoritarismo político.

Al otro lado de la bahía, en Qatar, el príncipe heredero y más tarde emir Hamad bin Khalifa, desarrolló un modelo socio-político diferente, basado en el pluralismo sociopolítico y  libertades civiles relativas. En la búsqueda de sus ambiciones, ambos Estados pequeños socavaban cada vez más la autopercepción de Arabia Saudita como el eje ideológico y político del Golfo.

El avance fue rápido hasta 2011; cuando el reino observó como las protesta en todo el mundo árabe derrocaron regímenes y sumieron a las antiguas potencias de la región en el caos.

Mientras tanto, Qatar y EAU se habían embarcado en una política de confrontación regional cada vez mayor,  tratando de dar forma a los resultados de la Primavera Árabe, según sus relatos: El pluralismo político-social para Doha y el autoritarismo para Abu Dhabi. Bajo el difunto Rey Abdullah, Riad seguía siendo un espectador pasivo.

No fue hasta que el rey Salman ascendió al trono en 2015 que el hombre cada vez más enfermo del Golfo comenzó a despertar.

 

El ‘amor fraternal' entre MbS y MbZ

Salman ha facultado a su ambicioso hijo MbS para inducir una transformación tectónica en el reino tratando de impulsar el Estado medieval hacia la era post-hidrocarburos.

El joven príncipe encontró la inspiración y orientación a través de la frontera, pero no en Doha, sino en Abu Dhabi, donde un príncipe de la corona casi omnipotente MbZ vio la oportunidad de remodelar el reino en retroceso social, económico y político a imagen y semejanza de EAU.

En los últimos dos años, el "romance" entre MbS y MbZ no sólo ha enviado ondas expansivas a través de la península sino que también ha consolidado una relación bilateral basada en intereses mutuos, valores y lo más importante, narrativas recíprocas.

MbS ha abrazado la visión de MbZ de la reforma: La liberalización autoritaria; o la construcción de un fuerte Estado centralizado, capaz de revocar las normas sociales y políticos sin consenso previo. Con él llegó una visión común para Oriente Medio - que favoreció el mito de la ‘estabilidad autoritaria’ por sobre las voces de la Primavera Árabe, en favor de un mayor pluralismo socio-política y las libertades civiles.

El joven príncipe saudí saltó al carro contrarrevolucionario de Abu Dabi con el objetivo de restaurar un vieja orden donde autócratas autoritarios fueron capaces de defenderse tanto de los islamistas como de los aliados a los iraníes.

 

Una reliquia de una época pasada

Lo que en la década de 1980 podría haber sido una asociación entre el ‘patrón y el protegido’ se ha convertido en una relación entre iguales. Dentro de esta nueva realidad del Golfo- donde a Arabia Saudita le resulta difícil mantener su papel como un primus inter pares- EAU y Arabia pueden reunirse cara a cara y embarcarse en aventuras de política exterior en Yemen, Egipto o Libia.

Mientras tanto, Qatar continuó en su camino de la emancipación de Riad, abrazando narrativas que van en contra de las de Arabia Saudita. Kuwait y Omán han desarrollado sus propias relaciones con Teherán a menudo ante la incomodidad de Arabia Saudita.

Baréin, por otro lado, debido al impago de su Estado rentista, ha vendido su soberanía al reino a cambio de rescates - rescates que podría acabar pronto si la situación financiera de Arabia Saudita no mejora.

Por lo tanto, el CCG se apartó de la cohesión y la unidad hace mucho tiempo. La inflexible postura conjunta de Emiratos y Arabia Saudita sobre la seguridad regional hasta ahora sólo ha tenido eco en el Estado vasallo de Arabia Saudita, Baréin.

Para el reino, el CCG ya no cumple con sus propósito y aparece como una reliquia de una época pasada de la dominación de Arabia Saudita. El grupo de seis naciones, una vez previsto por Riad para unirse en torno a un consenso dictado por Arabia Saudita se ha reducido a un grupo de dos y medio, donde MbZ ya no es un aliado menor de Arabia Saudita.

Es difícil imaginar que esta nueva alianza entre Abu Dhabi y Riad creará un problema nuevo en Kuwait, Doha o Mascate donde las nuevas ofertas y relaciones comerciales podrían generar resultados mutuamente beneficiosos sobre la base de la integración más consensual, algo que podría llegar a ser más sostenible que la relación personal entre dos "visionarios" exaltados.

 

 

 

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