Cómo salvar Jerusalén y traer la paz a Oriente Próximo

Publicado el Por Jamal Juma (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Jerusalén

Guardias de fronteras israelíes retiran una bandera palestina en Ramala
Guardias de fronteras israelíes retiran una bandera palestina en Ramala

 


La mayoría de los comentaristas esperaban que el anuncio del presidente Trump de reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel aumentara la tensión, alimentara la violencia y posiblemente provocara otra guerra regional, lo que habría ayudado al gobierno estadounidense a cambiar el equilibrio de poder en Oriente Próximo en el que está perdiendo terreno gradualmente.

Trump hizo su discurso sobre Jerusalén solo un día antes de que Rusia anunciara que había concluido con éxito su misión para destruir al Estado Islámico (EI) patrocinado por los saudíes en Siria, una especie de declaración de victoria sobre los intereses saudíes y estadounidenses que muy probablemente marque el fin de la guerra en Siria.

 

Desestabilizar la zona

De hecho, los últimos acontecimientos en Siria han puesto aún más en evidencia la alianza entre Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí, los cuales han emprendido en los últimos meses una serie de iniciativas que parecen destinadas a llevar a la zona al borde de otra guerra.

Desde el actual asedio saudí a Qatar a la guerra en curso en Yemen todos estos pasos han tratado sin éxito de desestabilizar el actual statu quo de la zona. La declaración de Trump sobre Jerusalén está en esa misma línea.

Jerusalén es una piedra angular de la identidad y del orgullo mucho más allá de Palestina. Es un símbolo de la resistencia árabe. Los palestinos ya han protestado con una cantidad cada vez mayor de personas heridas debido a la represión israelí, en el mundo árabe se ha salido a la calle y a lo largo del fin de semana se han organizado concentraciones frente a los consulados estadounidenses de todo el mundo.

Sin embargo, los asesores de Trump se han equivocado si pensaban que reconocer Jerusalén como capital de Israel iba a provocar a sus oponentes, en particular Irán y sus aliados, lo suficiente como para desencadenar la guerra en la zona.

Además, el paso dado por Trump respecto a Jerusalén ha debilitado el eje Estados Unidos-Israel-Arabia Saudí ya que obliga a los dirigentes saudíes a dar marcha atrás, al menos temporalmente, en su cada vez más abierta normalización de relaciones con Israel.

Puede que Trump no haya logrado provocar otra guerra, pero seguramente podría provocar enfoques alternativos para resolver el conflicto.

 

Enfoques alternativos

La cuestión fundamental que hay detrás del reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel es el reconocimiento arbitrario de la soberanía israelí sobre la ciudad.

Jerusalén tiene un estatus especial según el derecho internacional. La comunidad internacional no reconoce la soberanía israelí sobre ninguna parte de Jerusalén y, por consiguiente, no reconoce esta ciudad como capital de Israel. Además, desde 1967 Israel ha ocupado, se ha anexionado y ha colonizado ilegalmente Jerusalén Oriental.

La declaración de Trump ha dado luz verde a Israel para seguir con su ocupación, apartheid y limpieza étnica basados en la adquisición ilegal de territorio por la fuerza. Particularmente en Jerusalén los palestinos se preparan para más demoliciones de casas, más represión, más colonias y más expulsiones.

Pronto avanzarán la expansión del bloque de colonias E1 y el desplazamiento de las comunidades beduinas al este de Jerusalén.

Con este paso Trump también ha afirmado el derecho de Estados Unidos a pasar por encima del derecho y del consenso internacionales, y a redefinir a su capricho la soberanía territorial en todo el mundo.

El silencio de la comunidad internacional legitimaría este desprecio del derecho internacional. Parar este desprecio debería ser una responsabilidad mundial para con la humanidad.

 

Volver a la solución de un Estado

El intento del gobierno estadounidense de entregar unilateralmente la capitalidad de Jerusalén a Israel es acorde con la declaración que hizo Trump a principios de este año de que ponía fin al compromiso estadounidense con una solución de dos Estados. Sin Jerusalén es impensable un Estado palestino.

Israel había cerrado mucho antes toda posibilidad de una solución de dos Estados. El Muro del Apartheid de ocho metros de altura que nos separa de nuestras tierras de labor y aísla nuestras comunidades, el aumento diario de colonias y el brutal asedio al que está sometida la Franja de Gaza han hecho imposible esta solución.

Hoy más que nunca la comunidad internacional debería aceptar lo que ya ha denunció como “una realidad de un Estado” la resolución de 2016 del Consejo de Seguridad de la ONU que condena la política de establecimiento de colonias de Israel.

Israel ha extendido un cruel régimen de apartheid por toda la Palestina histórica y lo que hay que hacer es poner fin a esta realidad ilegal y que violan los derechos humanos.

Si lo que desea la comunidad internacional es una solución de un Estado, estoy seguro de que nosotros, los palestinos, estamos dispuestos a aceptar esta opción. Desde un principio nuestra propuesta de justicia ha sido la autodeterminación en un tierra con derechos iguales para todos los ciudadanos con independencia de la religión.

Esta solución respeta nuestro derecho a la autodeterminación y los derechos humanos para todos, incluido el derecho al retorno de nuestros refugiados. Naturalmente, debería prever una reparación por las pérdidas y daños sufridos.

Lo que los palestinos no aceptarán es lo que la jefa de la política exterior de la Unión Europea Federica Mogherini definió correctamente como “una realidad de un Estado sin igualdad de derechos y una ocupación y un conflicto perpetuos”.

 

Un proceso encaminado a la justicia


Otra novedad implícita en la declaración de Trump sobre Jerusalén es que ahora está fuera de cuestión el liderazgo estadounidense en otro proceso de paz.

Si sus asesores creen que pueden presionar a los palestinos para que acepten otro acuerdo (de paz) que solo parece un poco mejor que la declaración de Jerusalén, no han entendido que los palestinos no necesitan otro acuerdo, sino que necesitan justicia, libertad e igualdad.

Llevamos cien años resistiendo y no hay razón para pensar que algo nos vaya a obligar a llegar a un acuerdo durante la presidencia de Trump.

Ni siquiera necesitamos un proceso de paz. En el pasado esas negociaciones sobre todo ayudaron a Israel a seguir con su ilegal política de colonias mientras que el mundo utilizaba la excusa de no entorpecer las negociaciones para excusar su incapacidad a la hora presionar a Israel.

Trump incluso ha invalidado la raison d'être (razón de ser) de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), que se creó para administrar a los palestinos ocupados durante el proceso de paz con vistas a un Estado palestino. Al parecer, ya ni siquiera sirve a los intereses estadounidenses.

La única opción razonable que le queda a la ANP es renunciar a su papel político, dejar inmediatamente de servir a los intereses de Israel reprimiendo a su propio pueblo y convertirse en una agencia que proporcione al pueblo palestino los servicios necesarios.

Puede que haya otros actores que intenten llenar el vacío que deja Estados Unidos al renunciar a uno de sus instrumentos clave de su hegemonía en la zona. No obstante, antes de preguntarnos quién puede dirigir el nuevo impulso diplomático es importante saber qué nuevos caminos se deben emprender.

Ante la probable negativa de Israel a aceptar que otro actor dirija las negociaciones, la única opción posible es la de un esfuerzo concertado para obligar a Israel a aceptar el derecho internacional y los derechos humanos por medio de instrumentos que además de obligar a rendir cuentas ante la justicia a quienes violen la ley hagan insostenibles la ocupación y el apartheid israelíes.

Sobre el terreno esto se traduce en un compromiso redoblado para organizar las cada vez mayores protestas populares y la desobediencia entre los palestinos de todas las tierras que están bajo control israelí.

 

Ideas nuevas

Ahora es el momento de trabajar activamente para superar la fragmentación que nos ha impuesto Israel por medio de checkpoints, muros, asedio y diferentes estatus legales ante sus autoridades. Es el momento de crear un nuevo liderazgo unido en vez de la obsoleta ANP para aportar ideas nuevas a nuestra lucha.

En el ámbito internacional necesitamos contar con todas aquellas personas que desean hacer cumplir el derecho internacional, los derechos humanos y la justicia para Palestina. Hoy es más urgente que nunca que crezca el movimiento de apoyo al Boicot, Desinversión y Sanciones contra las violaciones de derechos humanos por parte de Israel.

Los Estados también deberían sacar ahora las herramientas que en el pasado lograron acabar con “la realidad de un Estado sin derechos iguales”, es decir, con el apartheid. Es fundamental acabar con la misma situación de siempre.

Una buena forma de empezar es garantizar que antes de fin de año se publique debidamente la base de datos elaborada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre las corporaciones que están implicadas en el ilegal proyecto de colonias de Israel, incluidas las colonias en Jerusalén, y que a continuación se garantice que las corporaciones que aparecen en esta lista no reciben contratos, subsidios ni otro tipo de ayuda pública.

Estos son los procesos alternativos para lograr la justicia, la libertad y la igualdad para los palestinos que Trump hizo ayer casi inevitables. Unas ideas nuevas que no solo pueden salvar Jerusalén sino traer la paz a la zona.

 

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