¿Por qué Arabia Saudita no puede ir a la guerra con Irán?

Publicado el Por Maysam Behravesh (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Teherán, Irán, Riad, Arabia Saudita

Miembros de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria de Irán, durante un desfile militar (fotografía: AFP)
Miembros de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria de Irán, durante un desfile militar (fotografía: AFP)

 

En una demostración de fuerza diplomática para movilizar la presión internacional contra Irán, Nikki Haley, la embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, el jueves mostró los restos recuperados de un misil balístico Burkan 2-H que, los rebeldes hutíes respaldados por Irán dispararon contra el aeropuerto rey Khaled en Riad el 4 de noviembre. La presentación se realizó en la base aérea de Bolling en Washington, que es la sede de la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos.

"En este almacén se encuentra una prueba concreta de la proliferación ilegal de armas iraníes obtenida de ataques militares directos a nuestros aliados en la región", dijo, llamando a la formación de una "coalición" global para hacer frente a la República Islámica.

Haley agregó: "Vamos a seguir hasta lograr el apoyo de la comunidad internacional para decir que esto no es sobre el acuerdo nuclear. Esto es acerca de todas las acciones, y el presidente trabajará con el Congreso en la forma en que avanzamos en el acuerdo con Irán de esta manera".

Arabia Saudita inmediatamente celebró los comentarios de Haley, instando a la comunidad internacional a "responsabilizar al régimen iraní por sus acciones hostiles", según la agencia estatal de noticias SPA.

Este fue el último ejemplo de cómo la escalada de tensiones entre Teherán y Riad se han desarrollado en el escenario mundial.

 

¿Una confrontación militar?

La rivalidad geopolítica entre Arabia Saudita e Irán no es nada nuevo. Incluso antes de la revolución de 1979, que vio la creación de la República Islámica, Irán bajo Mohammad Reza Shah Pahlavi fue ampliamente visto en el mundo árabe como un rival regional, salvo que, en aquel entonces, Irán tenía relaciones sólidas con Estados Unidos e Israel.

Después de la revolución islámica, dirigida por el difunto ayatolá Jomeini, sin embargo, la rivalidad entre los árabes e Irán adquirió fuertes dimensiones ideológicas y se ha definido, cada vez más, a lo largo de líneas sectarias.

Esta lucha geopolítica e ideológica por el poder y la influencia en Oriente Medio ha continuado hasta la fecha en diferentes formas y grados.

Hoy en día, las tensiones entre la República Islámica y Arabia Saudita han alcanzado un nivel sin precedentes.

Cuando el Estado Islámico (Dáesh) lanzó un ataque terrorista mortal en Teherán el 7 de junio, fue a Arabia Saudita y sus servicios de Inteligencia a quienes los líderes iraníes de inmediato culparon de la atrocidad.

En venganza, los misiles de la Guardia Revolucionaria Iraní lanzados contra posiciones del Dáesh en la provincia siria de Deir Ezzor el 18 de junio fueron, sobre todo, una advertencia a Riad. Por otro lado, cuando el grupo Ansar Allah yemení, respaldado por Irán (los ‘hutíes’) dispararon un misil balístico en la capital saudí, Riad, el 4 de noviembre, fue Teherán el identificado rápidamente como responsable del ataque.

El príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, fue tan lejos como para describirlo como "un acto de guerra" y acusar a Irán de "agresión militar directa" contra el reino. Si bien los riesgos de este enfrentamiento regional fuera de control son considerables, Arabia Saudita no puede permitirse un enfrentamiento militar con Irán en la coyuntura actual.

Para bien o para mal, no se puede escapar el hecho de que Irán ha creado una sólida red de grupos de servidores y aliados en la región durante la última década que sirve posiblemente como un pilar confiable de disuasión, y que puede utilizar para su ventaja en el caso de conflicto.

Poco después de ataque con misiles balísticos de los hutíes contra Riad, el subcomandante de la Guardia Revolucionaria iraní, el general Hossein Salami, señaló en un discurso televisado que los hutíes tenían la capacidad de lanzar varios misiles contra territorio saudí al mismo tiempo.

Según él, "Yemen tiene un montón de misiles, pero tuvieron una cierta consideración y se abstuvieron de dispararlos en masa contra Arabia Saudita. Sin embargo, las circunstancias podrían desarrollarse de manera que ellos hagan uso de sus armas".

Esta fue una velada, aunque dura, amenaza de que si los saudíes o sus aliados recurren al uso de la fuerza contra Irán, el arsenal de misiles hutíes, ya sean producidos por los yemeníes o proporcionados por sus patrocinadores iraníes, podrían ser clavados en el corazón de Arabia Saudita.
 

Liderazgo imprudente

El mismo hecho de que la intervención militar liderada por los saudíes en Yemen está lejos de alcanzar sus objetivos declarados - derrotar a los hutíes y restaurar al presidente yemení Abd Rabbuh Mansour Hadi en el poder - a pesar de casi tres años de operaciones implacables, es otro obstáculo en el camino para una guerra de Arabia Saudita contra Irán.

De hecho, las operaciones "Tormenta decisiva" y "Devolver la esperanza", oficialmente las campañas de Riad en Yemen, han estancado a los saudíes en una costosa guerra civil y de desgaste, que no ha dado frutos ni grandes victorias a la coalición.

Además, en el caso de un gran enfrentamiento que involucre a los dos rivales regionales, Irán no va a dudar en desplegar sus misiles balísticos contra objetivos saudíes clave en el otro lado del Golfo Pérsico, incluyendo quizá la producción de petróleo de Arabia Saudita y la infraestructura de exportación.

Esto afectaría, sin duda, el suministro mundial de petróleo de una manera dramática que crearía una onda expansiva a través de los mercados internacionales de energía.

Aunque Riad está bien equipada para interceptar misiles iraníes con capacidades de defensa avanzadas proporcionadas por Estados Unidos, los comandantes de la Guardia Revolucionaria parecen creer que los sistemas de defensa aérea de fabricación estadounidense a penas pueden hacer frente a ataques con descargas de varios misiles.            

Aparte del estilo precipitado e imprudente de liderazgo ejercido personalmente por el Príncipe Mohammed bin Salman, existen factores estructurales de naturaleza psicológica que impulsan en primer lugar la política exterior agresiva de Arabia Saudita.

 

Complejo de inferioridad

Enfrente a un ascenso de Irán, irónicamente capacitado por el acuerdo nuclear que 2015, que supuso la restricción de su programa nuclear, Riad parece estar sufriendo de un sentimiento de inferioridad, al que intenta hacer frente a través de una serie de reacciones pasivo-agresivas.

La intervención militar fallida en Yemen de los saudíes a principios de 2015, es decir, en medio de las negociaciones nucleares entre Irán y las potencias mundiales, es un ejemplo de ello.

El bloqueo contraproducente de Qatar, y, más recientemente, la renuncia forzada, pero no en última instancia materializada, del primer ministro libanés, Saad Hariri, son otros ejemplos de esta política exterior miope, dirigidas principalmente a lastimar el arco rival de Arabia Saudita a cualquier precio.

Por último, Arabia Saudita no puede luchar una guerra con Irán y ganar porque sus poderosos aliados regionales y occidentales, en particular Israel y Estados Unidos, no están dispuestos a hacer grandes sacrificios en su nombre, siempre y cuando sus propios intereses estratégicos no estén en peligro directamente.

La sospechosa renuncia de Hariri, emitida desde Riad, pero más tarde suspendida a su llegada en el Líbano, fue interpretada por muchos como un intento desesperado de Arabia Saudita por socavar a la República Islámica provocando a Israel a una confrontación militar con Hezbolá, el principal aliado regional de Irán.

A pesar de todo el bombo y platillo de los medios de comunicación política sobre la creciente amenaza de Irán en la región, Arabia Saudita prácticamente se ha apartado de en medio del camino de Teherán.  

Lo que nos lleva a la única solución plausible a los problemas entre Irán y Arabia Saudita, y que es la diplomacia.

A menos que, y hasta que, la diplomacia sea perseguida de manera mutua y significativa, y los medios diplomáticos estén completamente agotados, ninguna de las crisis que han surgido como consecuencia de los avances iraníes y las reacciones de Arabia Saudita en Oriente Medio se resolverá de una vez por todas.

De hecho, ambas potencias rivales tienen que darse cuenta de que ni puede gobernar por sí solas la región, ni pueden garantizar la seguridad y la estabilidad regional a expensas, o en exclusión, de la otra.
 

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