En el reino de Mohammed Bin Salman, los saudíes verán qué es realmente el despotismo

Publicado el Por Basheer Nafi (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Riad, Arabia Saudita

 

Durante décadas, ningún gobernante de Arabia Saudita ha llamado la atención del mundo del modo que lo está haciendo el príncipe heredero actual, Mohammed bin Salman. El interés por él no se limita al mundo árabe, sino que se ha apoderado de todo el mundo.

Incluso se ha sugerido que ha sido el ‘personaje político’ del año, ya sea debido a la influencia que ejerce en su país o a sus errores en política regional y extranjera.

En resumen, se ha convertido, más que cualquier otro saudí- o personalidad en Oriente Medio, en este caso, en un fenómeno en el mundo real.

La pregunta ahora es; si llegará a tener éxito en el cumplimiento de su voluntad, y si tiene tiempo suficiente para poner en práctica su proyecto, qué tipo de Arabia Saudita va a surgir bajo su dirección.

 
 Un estricto control sobre el poder

Desde que Mohammed Bin Salman, también conocido como MbS, fue nombrado segundo príncipe heredero, es decir, el tercero en el sistema de gobierno saudí, a principios de 2015, el joven príncipe se movió rápidamente para reforzar su autoridad y estrechar su control sobre los asuntos y recursos saudíes.

Se hizo cargo del Ministerio de Defensa y asumió la presidencia del Consejo de Desarrollo y Asuntos Económicos, sin embargo, esto parecía insuficiente. Durante los dos años que siguieron, él se esforzó por apoderarse de varios cargos en Asuntos Exteriores y seguridad, incluidos el título de príncipe heredero que era de Mohammed bin Nayef, y el Consejo de los Asuntos Políticos y de Seguridad, que bin Nayef presidía.

El verano pasado, cuando derrocó a bin Nayef, que también es su primo, y se convirtió en príncipe de la corona. Él también tomó el control del Ministerio del Interior y de todas las fuerzas que de él dependen.

A principios de noviembre, se deshizo de su otro primo Miteb bin Abdullah, cuyas ambiciones en la búsqueda de la corona no eran ningún secreto. De esta manera, bin Salman tomó el control de la Guardia Nacional, un Ejército paralelo a las Fuerzas Armadas del Ministerio de Defensa.

Como resultado, él tiene el control total de todos los aparatos armados del Estado y sus instituciones.

 

¿Una visión para el reino?

No es un secreto que la guerra en Yemen, lanzada unos meses después que el rey Salman ascendió al trono, era el proyecto personal del joven príncipe. Las razones detrás de la guerra, sin embargo, son difíciles de ignorar.

Después del movimiento Ansar Allah (conocido como hutí) de derribar al gobierno, considerado por muchos yemeníes como un gobierno legítimo, y tomar el control de la capital, Saná, Arabia Saudita teme que su patio trasero se esté convirtiendo en una esfera de influencia iraní.

Sin embargo, bin Salman entró en la guerra con prisas y la falta de visión, sin estar preparado o incluso ser capaz de soportar las consecuencias.

No hay duda de que él imaginó que la guerra -y lo que implicaría en la confrontación más amplia con Irán- le proporcionaría la justificación para reafirmar su liderazgo y hacer cumplir su visión para el reino, sin oposición significativa.

Y mientras aún estaba inmerso en la guerra en Yemen, con sus enormes costos políticos y financieros, provocó una nueva crisis con Qatar hace seis meses. No había duda de que la política de cortar lazos con Qatar estaba destinada a obligarlo a someterse a la voluntad de Arabia Saudita, que ya no era discernible de la voluntad del príncipe heredero.

En 2017, sus zancadas salvajes hacia el poder y el control se hicieron aún más claras después de que ordenó la detención de docenas de eruditos islámicos y personalidadesde una manera arbitraria y extrajudicial, sin demostrar que ninguno de ellos hubiera cometido crimen alguno.

Esto fue seguido por otra campaña de detenciones que tenía como objetivo las fortunas de los príncipes de la familia real saudí gobernante, y muchos otros de la comunidad empresarial, todo esto en nombre de la lucha contra la corrupción.

Como trasfondo a todo esto, y con la ayuda de un pequeño grupo de leales, se ha dedicado a adoptar una serie de medidas encaminadas a crear un cambio radical en el clima cultural y la vida social ultraconservadora de Arabia Saudita.

Además, de forma encubierta y sin ninguna discusión pública, se ha involucrado en lo que muchos consideran como un plan dirigido por Estados Unidos para ‘liquidar’ la cuestión palestina, con total desprecio a la opinión pública de Arabia Saudita.

 

Centros tradicionales de poder

Las medidas adoptadas en los últimos dos años sugieren que el joven príncipe simplemente no tiene respeto por los centros tradicionales de poder del reino - la familia gobernante, las instituciones religiosas, las tribus más importantes, la comunidad de comerciantes, financieros y gente de negocios.

A diferencia del primer Estado de Arabia Saudita, establecido sobre la base de un contrato ideológico y tribal, y el segundo Estado, desgarrado por conflictos internos y guerras, la gobernabilidad en el tercer Estado de Arabia Saudita reflejaba un proceso continuo de negociación y el compromiso con los círculos tradicionales del poder.

No sólo Abdul Aziz, fundador del Estado saudí, sino a todos aquellos que tuvieron éxito, incluyendo el más astuto y más carismático entre ellos, como Faisal y Fahd, se dieron cuenta de que la efectividad del régimen y la estabilidad del reino eran dos elementos del mismo objetivo, que no podría lograrse sin tomar los centros de poder tradicionales en consideración.

A pesar del esfuerzo de los sucesivos reyes de construir una especie de Estado moderno, en términos de estructura o de la capacidad para mantener la hegemonía y el control, estaban por lo general interesados en evitar cualquier centro de poder dentro de la sociedad.

Faisal, el rey que trabajó más que nadie en centralizar la institución Estatal, se aseguró, antes de derribar a su predecesor, de tener la lealtad de todos los centros de poder tradicionales en el país.

Sería ingenuo, por supuesto, pasar por alto el hecho de que el proceso de modernización de Arabia Saudita durante las últimas cuatro décadas condujeron a cambios tangibles en las relaciones de poder entre el Estado y la sociedad, y que el Estado saudí se ha hecho más fuerte y más autoritario de lo que solía ser durante el período comprendido entre los años 1930 y 1970.

Sin embargo, este cambio se produjo de una manera gradual, sin ruptura ni un conflicto amplio.

 

Un esquema impactante

El príncipe heredero está liderando un esquema súbito, rápido e impactante para reafirmar el control estatal, que no toma en consideración la posición de la tribu, la autoridad de los estudiosos, la posición de la Casa de Al Saud, la contribución de los hombres de finanzas, los negocios y el comercio, o el papel que desempeñan estos centros de poder en la representación de amplios sectores de la sociedad.

MbS no debe ser plenamente conscientes del marco teórico del golpe que está llevando a cabo. Muhammad Ali, que sentó las bases del Estado moderno Egipcio, no leyó a Hegel o Jeremy Bentham, ni tampoco predijo el impacto profundo que sus políticas estaban a dejando en la fabricación de Egipto y su Estado.

Incluso en ausencia de elecciones parlamentarias y un marco constitucional, no sería suficiente para describir un sistema tradicional de gobierno como despótico. Esto es porque la autoridad en los sistemas tradicionales no es absoluto, sino más bien emana de un complejo proceso de negociación y el compromiso entre el tomador de decisiones y varios centros de poder dentro de la sociedad.

Si bin Salman tiene éxito en la ejecución de su proyecto, el reino verá lo que realmente es el despotismo.

En su reino, el Estado va a hacer frente a los saudíes no como comunidades y centros sociales de poder, sino meramente como individuos.

Sin embargo, la diferencia entre la nueva Arabia Saudita y otros Estados modernos estará en la negación a la mayoría de los ciudadanos saudíes el derecho a expresar su voluntad a través de las instituciones representativas de gobierno.

En otras palabras, el régimen en el nuevo reino será la consagración del Estado, y los ciudadanos perderán todas las voces que una vez tuvieron, ya sean tradicionales o modernas.

 
 

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