Después de todo lo sufrido, ¿debemos mantener la esperanza?

Publicado el Por Amira Abu El Fetouh (author)

Vista general el campo de refugiados del pueblo de Atme, cerca de Idlib, después de fuertes lluvias el pasado 5 de noviembre de 2017 (fotografía: AA)
Vista general el campo de refugiados del pueblo de Atme, cerca de Idlib, después de fuertes lluvias el pasado 5 de noviembre de 2017 (fotografía: AA)

 

Estamos a finales de año, y sólo quedan unos pocos días para que pasemos a uno nuevo, con todas las heridas y cicatrices del año anterior. Por desgracia, no llegamos con victorias al nuevo año. Estamos a punto de entrar en 2018, y 2017 le ha dejado toda la carga. Lo que nos queda es luchar contra lo desconocido, a lo que no sabemos cómo enfrentarnos. El mundo árabe se enfrenta a una situación peligrosa, sin precedentes en la historia moderna. Toda el mundo árabe se ve amenazada por la división y la fragmentación. Se enfrenta a la segunda parte del acuerdo de Sykes-Picot, que se firmó hace 100 años y que dividió a las naciones musulmanas y árabes en países y pequeños Estados. Esta segunda parte del acuerdo divide a estos países en otros nuevos países y mini Estados basándose en aspectos sectarios, étnicos y raciales. Por desgracia, esto cuenta con la colaboración de sus líderes, que representan a las fuerzas coloniales de la región, ya que sólo les preocupa mantener su posición y seguir sentados en su trono, aunque sea a costa de la destrucción de sus propios países.

Esto lo presenciamos claramente en Siria, bajo el mandato del déspota Bashar Al-Assad, que atrajo a los ocupantes rusos e iraníes a su país y lo empujó a una despiadada guerra civil. Esta guerra ha destrozado por completo el país, ha acabado con la vida de más de un millón de sirios y ha expulsado a otros millones de su país para que Bashar pudiera seguir siendo el líder. Ahora, Siria está bajo una ocupación rusa e iraní y bajo la amenaza de dividirse en tres países: un Estado alauí, uno sunní y uno kurdo.

Mientras tanto, la comunidad internacional sigue ejercitando su hipocresía, tras haber abandonado a la Revolución Siria y haberse aferrado a Bashar Al-Assad como líder sirio. Esto, después de engañarnos durante los últimos seis años de revolución y decirnos que Bashar debería ser juzgado en la CPI como criminal de guerra por todos los crímenes cometidos contra su pueblo. Sin embargo, ha quedado claro que la comunidad internacional no le va abandonar, ya que es el protector de las fronteras israelíes. La Revolución Siria se ha quedado huérfana después de que todo el mundo la haya abandonado. No sabemos cómo lucharemos contra esto en 2018.

 

Estragos y corrupción

En cuanto a Yemen, se ha impuesto una terrible guerra, conocida como la “Operación Tormenta Decisiva”, dirigida por Arabia Saudí en nombre de la coalición, después de que los hutíes se hicieran con el control de la capital. Esta operación se puso en marcha para restaurar la legitimidad del país, pero está a punto de cumplir su tercer año y todavía no se ha restaurado al poder anterior. Todo lo que ha conseguido es la destrucción del país, la muerte de cientos de miles de yemeníes y la propagación de enfermedades y epidemias, especialmente el cólera, que se ha extendido por el país y ha afectado especialmente a los niños, acabando con la vida de miles, según el informe de la OMS. Además, Yemen se enfrenta a la amenaza del hambre como resultado del injusto bloqueo que ha impuesto Arabia Saudí y el Estado de las conspiraciones sionistas, conocido como Emiratos Árabes Unidos, que está causando estragos y corrupción en el país, intentando dividir el sur y el norte. Tomó el control del puerto de Aden en el sur y estableció prisiones secretas bajo tierra, en las que ejercita las peores formas de tortura contra los yemeníes. También llevó a cabo varios asesinatos con su escuadrón de la muerte, creado para matar a los jeques, líderes tribales y figuras afiliadas al partido Islah, que está vinculado a los Hermanos Musulmanes, su archienemigo. Emiratos quiere eliminar a este grupo de todos los países árabes del mundo.

Ahora, tras la muerte de Ali Abdullah Saleh a manos de los hutíes, EAU y Arabia Saudí pretenden aliarse con los líderes del partido Islah contra los hutíes. No sabemos si los líderes de Islah confiarán en ellos después de reunirse con los príncipes herederos saudí y emiratí, o si serán más cuidadosos y exigentes con estas dos figuras, especialmente después de que ya les hayan engañado en el pasado. Los líderes de Islah no deben confiar en Arabia Saudí ni en Emiratos, ya que quieren eliminar tanto al partido Islah como a los hutíes mediante una guerra que erradicaría a ambos a la vez. Esto allanaría el camino para que Yemen sea gobernado por el hijo de Ali Abdullah Saleh, Ahmed, quien vive en EAU. Esto permitiría que todo Yemen estuviera controlado por Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. 2018 determinará el destino de Yemen.

 

Injusticia en África

Libia también está en peligro de ser dividida en tres países, ya que la parte occidental del país está controlada por el almirante Khalifa Haftar. Éste está respaldado por el gobierno egipcio, que le proporciona armas, equipo y entrenamiento para luchar contra los rebeldes de Trípoli y Bengasi. Todo esto sucede en medio de las aspiraciones estadounidenses, francesas, italianas y rusas de poner un pie en el territorio libio. Todo se decidirá en 2018. ¿Quedará sellado el futuro de Libia este año, o seguirá sufriendo conflictos internos?

En Egipto, la injusticia continúa, y se sigue derramando sangre inocente. Esta semana, 15 jóvenes inocentes fueron ejecutados después de que se presentaran cargos falsos contra ellos y fueran remitidos a los juzgados militares en lugar de a los civiles, que les ofrecen todos los medios de defensa legítima legal. Sin embargo, ya no hay mucha diferencia entre el poder judicial normal y el militar, ya que ambos juzgan y emiten sentencias basadas en lo que se les dicta. Esto incluso ha causado que la gente se burle de la famosa frase que dicen los jueces antes de dictar sentencia, “deliberación y sentencia”. Ahora la gente dice “llamada de teléfono y sentencia”, es decir, tras recibir una llamada de figuras más importantes.

Además, estamos siendo testigos de la liquidación física de los islamistas en Egipto sin ninguna investigación ni juicio. ¿Por qué hacer un juicio y demás formalidades cuando van a hacer lo que quieran de todas formas? Sólo les retrasaría. La última liquidación sucedió hace dos días, cuando nueve personas inocentes fueron asesinadas sin juicio. Todo lo que importaba era que eran islamistas, es decir, sin duda, eran terroristas. Sin embargo, el momento de las ejecuciones – en Navidad – plantea una serie de preguntas que deben responderse en los próximos días. ¿Está esto allanando el camino para que se bombardee una iglesia y así culpar a los islamistas y afirmar que Egipto está combatiendo el terrorismo en nombre del mundo, como hace siempre? ¿Ganará así apoyo y simpatía y lo eximirá de ser culpado por estas ejecuciones, que, generalmente, son rechazadas por las sociedades occidentales?.

El legado más peligroso que nos ha dejado 2017 es la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel y de trasladar allí la embajada estadounidense, facilitando el anuncio del ‘acuerdo del siglo’ a principios 2018. Este acuerdo declarará a la Franja de Gaza como el Estado palestino, junto a una parte de territorio de la Península de Sinaí sin especificar, liquidando así a la causa palestina y abandonando para siempre el derecho al retorno de los refugiados. A esto le seguirá el establecimiento de relaciones diplomáticas entre los Estados árabes e Israel y su completa normalización. Toda la región orbitará alrededor de Israel. Este es el sueño de Israel, y es lo que planean sus representantes y agentes árabes, pero el pueblo tendrá la última palabra, y esto es algo que no tienen en cuenta los líderes. Hace poco, Netanyahu admitió que la normalización con los Estados árabes se ha visto obstaculizada por el pueblo, no por los gobiernos. El pueblo ha hablado y ha dicho no a la normalización con el Estado israelí.

Espero que 2018 sea el año en el que todas las naciones árabes despierten, algo que ya empezó a finales de 2017, con la declaración de Trump de Jerusalén como la capital de Israel y el levantamiento de las naciones árabes para apoyar a Jerusalén y a la mezquita de Al-Aqsa.

2018 estará lleno de acontecimientos. O seremos testigos de su nacimiento, o de su colapso y declive final.

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