2018: Un año lleno de desafíos en Oriente Medio para Putin

Publicado el Por Alexey Khlebnikov (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Moscú, Rusia

Presidente ruso Vladimir Putin brinda durante una ceremonia en el Kremlin en honor al personal militar que luchó en Siria, en diciembre de 2017 (fotografía: AFP)
Presidente ruso Vladimir Putin brinda durante una ceremonia en el Kremlin en honor al personal militar que luchó en Siria, en diciembre de 2017 (fotografía: AFP)

 

El año 2017 fue realmente acertado para la política de Rusia en Oriente Medio. Su campaña militar en Siria, junto con las conversaciones sobre Siria en Astaná, y los lazos bilaterales con Egipto, Arabia Saudita, Turquía e Irán se desarrollaron notablemente.

Rusia ahora es percibido a través de la región como un actor con el cual es mejor cooperar que enfrentarse. 

 

Pilares claves

Sin embargo, afrontando una difícil situación económica y una próxima elección presidencial, Rusia no podrá ser capaz de aumentar su influencia en Oriente Medio ilimitadamente. Moscú claramente lo entiende, y procura poner en práctica su política regional basada en dos pilares principales: El mantenimiento de su seguridad, y la protección de sus intereses económicos en la región (con proyectos de energía, industria nuclear y cooperación militar).

En 2017 Rusia lanzó un formato eficaz para conversaciones sirias en Astaná, que contribuyó a la creación de las zonas de desescalada, condujo a una disminución significativa en la violencia y era una buena base para avanzar con el proceso político.

Moscú logró reducir al mínimo el papel jugado por Estados Unidos y Arabia Saudita en el conflicto de Siria. Washington todavía no parece tener un plan comprensible con respecto a Siria, mientras Riad está ocupado luchando una guerra en Yemen, llevando a cabo reformas domésticas y lidiando con dramas en el Golfo.

Rusia también se ha asegurado dos bases militares en Siria: Una base aérea en Latakia y una base naval en Tartus.

Pero cuando la fase militar del conflicto en Siria llega a término, el foco ahora estará sobre el proceso político. Este cambio, sin embargo, no hace el conflicto más fácil de resolver. La fase política del conflicto podría implicar aún más riesgos para Rusia que la fase militar en sí misma.

 

Sin compromisos dolorosos

Contrariamente a la percepción dominante, Rusia no tiene el control total de sus aliados en Siria. El gobierno del presidente sirio Bashar Al-Assad e Irán se consideran como vencedores en el conflicto militar y no están listos para compromisos serios con la oposición siria.

Irán, que ha invertido dinero masivamente en Siria durante los seis años pasados, no hará ninguna concesión dolorosa que pueda ser percibida como ceder a los intereses de Estados Unidos, Israel o Arabia Saudita.

Moscú tendrá que aumentar su presión sobre sus aliados para lograr más compromisos, Damasco y Teherán fácilmente pueden sabotear cualquier iniciativa o plan propuesto por Rusia que no satisfaga sus intereses. Será entonces difícil para Moscú alcanzar un acuerdo con sus aliados. 

Por consiguiente, Rusia podría ser incapaz de interactuar y coordinarse con ellos con eficacia.

Además, las cuestiones más sensibles y difíciles que serán tratadas en 2018 incluyen reformas políticas y constitucionales, elecciones, el destino de Assad, la reconstrucción de Siria, el papel de los kurdos en la gobernanza del país y la presencia de los militares extranjeros.

La falta de iniciativas serias para dirigir tales temas sensibles convencerá a más actores regionales de que Rusia es incapaz de resolver el conflicto.

 

Lazos bilaterales fuertes

En otro frente regional, las relaciones entre Rusia y Turquía han sido totalmente restauradas en 2017, después de casi dos años de relaciones congeladas desde que Turquía derribó un avión de combate ruso en 2015. Putin y Erdogan mantuvieron siete reuniones durante el año pasado, lo que subrayó el nivel y dinámica de sus relaciones bilaterales.

Las dos partes ultimaron acuerdos en varios grandes proyectos, incluyendo la central nuclear en Akkuyu. Turquía compró cuatro unidades del sistema de defensa aérea S-400 ruso, por valor de $2,5 mil millones. Las primeras entregas están programadas para marzo de 2020.

Turquía es un garante de los acuerdos de alto el fuego alcanzados en Astaná y sólo recientemente se unió al recién creado formato trilateral en Sochi, donde líderes rusos, iraníes y turcos se encontrarán para hablar del conflicto en Siria.

Tanto Moscú como Ankara todavía tienen desacuerdos acerca de Siria, principalmente en torno al apoyo de Rusia a Assad, la presencia de grupos rebeldes en Idlib, así como la tentativa de los kurdos de establecer una autonomía en el norte de Siria.

Estas diferencias han provocado algunas tensiones entre Ankara y Moscú.

 

Una solución aceptable

Israel es otro actor regional con el cual Rusia tiene una comunicación directa sobre el conflicto en Siria. Para Rusia, Israel es importante en el contexto sirio. Ellos tienen sus propios intereses de seguridad respecto a Siria y la influencia creciente de Irán. Israel quiere que Moscú mantenga a Teherán a raya.

La primera zona de desescalada en el suroeste de Siria fue creada a partir de un acuerdo entre Rusia, Estados Unidos y Jordania, en consultas con Israel. La entrega de sistemas de defensa aérea S-300 a Irán irritó a Israel, además de los lazos cercanos de Moscú con Hezbolá e Irán.

Israel tiene una influencia sobre Rusia que podría perjudicar los objetivos iraníes en Siria, cualquier movimiento que podría complicar la situación en Siria. El desafío principal para Moscú será encontrar una solución mutuamente aceptable que incluya una presencia iraní en Siria y tenga en cuenta las preocupaciones de seguridad de Israel.

 

La presencia militar de Rusia

Egipto es un país clave en Oriente Medio cuyos lazos bilaterales con Rusia han estado desarrollándose coherentemente desde 2013 después del golpe militar que derrocó al primer presidente democráticamente electo. Desde 2014, Putin y Sisi han mantenido siete reuniones, dos de ellas durante 2017.

La cooperación entre Moscú y El Cairo crece en esferas políticas, económicas y militares. En 2017, ultimaron acuerdos para construir la primera central nuclear de Egipto, por valor de $25 mil millones. Además, Rusia y Egipto han firmado tratados de armadas por varios miles de millones de dólares.

En noviembre del año pasado, Rusia y Egipto diseñaron un proyecto de acuerdo para el empleo conjunto de espacio y bases aéreas para los aviones militares de ambos países. Si este acuerdo es ultimado y comienza en 2018, establecerá una base legal para que la aviación rusa pueda utilizar la infraestructura egipcia, aumentando la presencia militar de Rusia en el Norte de África.

Además, Egipto observa de cerca la participación de Rusia en Siria, y entiende que Moscú tiene mucho para ofrecer a El Cairo respecto "a la guerra contra el terrorismo".

El final de la fase militar de la guerra en Siria permitirá a Rusia liberar recursos, los cuales empleará en otra parte de la región.

Desde una perspectiva rusa, Egipto parece ser un buen lugar para comenzar. Además, durante el curso de 2017 había informes (aunque refutado tanto por funcionarios rusos como egipcios) de que Rusia ya había desplegado una pequeña hornada de sus fuerzas especiales y consejeros militares en Sidi Barrani (una ciudad mediterránea cerca de la frontera con Libia) y estuvo en conversaciones con El Cairo sobre el alquiler de la base aérea egipcia allí. Irónicamente aquella misma ciudad tuvo una base naval soviética en el pasado.

Muchos analistas rusos esperan cierta cooperación militar entre Moscú y El Cairo en 2018, y que los militares rusos tendrán acceso a la infraestructura egipcia militar.

Se ha de tener en consideración que Egipto es una puerta a Libia, donde Moscú planifica desempeñar un papel en el proceso de reconstrucción.

 

Tradicionales aliados estadounidenses

Aunque las relaciones entre los saudíes y Rusia nunca hayan sido cordiales, comenzaron a mejorar en 2015, coincidiendo con tres acontecimientos claves: La caída global de los precios del petróleo, el despliegue militar de Rusia en Siria y el aumento del poder del príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman.

Por consiguiente, en octubre pasado el rey saudí Salman hizo una visita histórica a Rusia. Las dos partes mantienen una coordinación bastante cercana y eficaz en la esfera de energía, incluyendo los volúmenes de producción de petróleo. El reino está implicado en varios proyectos de la inversión en Rusia (y planifica invertir unos $10 mil millones allí) y está en conversaciones para comprar armas rusas.

Moscú valora la importancia de mantener relaciones buenas con Arabia Saudita. Riad también reconoce la influencia aumentada de Rusia en la región. Además, Arabia Saudita puede considerar los vínculos cercanos entre Irán y Rusia como un modo de tener un canal de comunicación con Teherán.

El 2017 fue testigo de una tendencia emergente en la cual los aliados tradicionales estadounidenses comenzaron a prestar más atención a poderes no tradicionales como Rusia. La visita del rey Salman a Moscú confirmó el papel de Rusia como un actor clave en la región y envió una señal a otros aliados tradicionales estadounidenses de que el diálogo constructivo con Rusia es posible y necesario.

Sin embargo, se debería recordar que el desarrollo de relaciones entre Rusia y los aliados tradicionales estadounidenses sólo será posible si no perjudica los intereses estadounidenses o mientras que Washington lo ‘deje pasar’. Además, en 2018 mucho dependerá de la política de Oriente Medio estadounidense - si realmente logran una postura comprensiva ante las crisis de Oriente Medio.

Hasta ahora, la administración de Trump no parece tenerla. Pero hay potencial de movimientos abruptos estadounidenses contra Irán (nuevas sanciones, el fracaso del JCPOA) o de que el aumento de las tensiones entre Israel y Palestina podrían complicar y empeorar la situación en la región. Esto definitivamente afectará la política de Rusia en la región.

En 2017 Rusia siguió ampliando su influencia en Oriente Medio a costa de Estados Unidos, un acercamiento que ha estado funcionando hasta ahora. Sin embargo, el crecimiento de la influencia en Oriente Medio de Moscú principalmente dependerá de las expectativas de los actores regionales.

Si Rusia fallara en cumplir con estas expectativas, se verá perjudicada su imagen como un aliado creíble, y probablemente se arriesgará a perder su posición en la región.

 

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