Arabia Saudita y el juego nuclear de alto riesgo

Publicado el Por Bill Law (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Riad, Arabia Saudita

Príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman (fotografía: AFP)
Príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman (fotografía: AFP)

 

La mayor parte de los últimos 15 años, Arabia Saudita ha cavilado sobre la construcción de reactores nucleares. De hecho, en 2011, el difunto rey Abdullah anunció un ambicioso plan para construir 16 reactores, que dentro de 20 años generarían casi 18 gigavatios de energía, más de una cuarta parte de las necesidades energéticas proyectadas del reino.

Pero el proyecto avanzó poco hasta que el príncipe heredero Mohammed bin Salman - el presidente del poderoso Consejo de Asuntos Económicos y Desarrollo, ministro de Defensa y viceprimer ministro - lo incluyó en su nueva versión radical de la economía saudí, ‘Visión 2030’.

Lo que había sido otro gran expediente acumulando polvo, ha tomado impulso en los últimos dos meses, con el anuncio de que los saudíes van a adjudicar contratos a finales de este año para la construcción de dos reactores nucleares.

 

Jugando duro

Rusia, China, Corea del Sur, Francia y Estados Unidos están postulando a las ofertas. Eso no es sorprendente. Las apuestas son enormes, con el coste previsto de la construcción de 16 reactores estimado en alrededor de 90 mil millones de dólares. Con todos esos competidores, Mohammed bin Salman se encuentra en una posición ventajosa, una que le permite jugar duro con los licitadores.

Y ellos están haciendo cola... esperando para hacer negocios con él, ninguno más que Estados Unidos. El secretario de Energía de la Administración Trump, Rick Perry, canceló abruptamente un viaje a la India con el fin de reunirse con los ejecutivos de alto nivel de energía saudí en Londres el 2 de marzo.
 
Ese encuentro ocurrió antes de la visita de Mohammed bin Salman a Reino Unido la semana siguiente. El príncipe heredero tiene programado pasar tres días en Estados Unidos, a partir del 19 de marzo, donde mantendrá conversaciones con la Casa Blanca y funcionarios de la Administración, antes de recorrer varias ciudades de Estados Unidos, incluyendo Boston, Nueva York, San Francisco y Seattle.
 
Para Trump, obtener los contratos ayudaría a su promesa electoral de rescatar la maltrecha industria nuclear de Estados Unidos, y sería, sin duda, utilizado para pulir su imagen autoproclamada como un gran negociador. La única cuestión que realmente importa en esta etapa es la solicitud de los saudíes para que se les permita enriquecer el uranio y reprocesar el combustible gastado, procesos que son necesarios para el desarrollo de armas nucleares.
 
Se llama el acuerdo 123, llamado así después de una sección de la Ley de Energía Atómica de Estados Unidos 1954. En esencia, el acuerdo dice “pueden comprar nuestros reactores, pero antes de hacerlo, deben firmar un acuerdo de no enriquecer y re-procesar”.

La insistencia de Administraciones anteriores en la cláusula implicó que las discusiones no llegaban lejos, pero esto fue así hasta que Trump llegó a la Casa Blanca.

 

Avanzar hacia armas nucleares

Trump ya ha mostrado una total indiferencia hacia décadas de precaución sobre los asuntos nucleares -de ambas administraciones republicanas y demócratas- la mayoría públicamente, en sus burlas en ‘Twitter’ del dictador norcoreano Kim Jong-un. Por lo tanto, es poco probable que él o su secretario de Energía den mucha importancia al acuerdo 123.

Los saudíes ya están molestos por el acuerdo nuclear de Irán, que permite a los iraníes reprocesar y enriquecer, aunque a niveles muy por debajo de lo que se necesita para construir una bomba. Sin embargo, tanto Trump como los saudíes dicen mantener profundas sospechas hacia los iraníes y creen que ya están en violación del acuerdo y avanzando hacia las armas nucleares.

Y en el caso improbable de que los estadounidenses decidan adherirse al 123, los saudíes simplemente se volverán hacia otros países. En Rusia, Vladimir Putin disfrutaría la oportunidad de construir los reactores con la empresa estatal Rosatom. La compañía firmó un acuerdo de $21 mil millones con Egipto en diciembre del año pasado, y ya había cerrado un acuerdo por $10 mil millones con Jordania en 2015.

El último clavo en el ataúd del convenio 123 - el cual, después de todo, fue diseñado para prevenir la proliferación nuclear - es el pequeño problema de Trump con otra promesa de campaña: su compromiso para reformar el envejecimiento y la decrépita infraestructura de carreteras, puentes, aeropuertos y ferrocarriles de Estados Unidos.

Gracias en gran parte a su política de impuestos, que ha reducido sustancialmente a los individuos con base tributaria corporativa y los ricos para el Tesoro, no hay dinero para la reconstrucción. No hay dinero en Estados Unidos.

Pero entonces llegan los saudíes para recordar a Trump algo que dijeron hace poco más de un año: 'Estamos encantados de ayudarle con una suma de $40 mil millones. ¡Caray!, creemos que es una inversión atractiva'.

Como el ministro de Energía de Arabia Saudita dijo en ese momento: "El programa de infraestructura del presidente Trump y su Administración es algo que nos interesa porque amplía nuestra cartera y se abre un nuevo canal, seguro y de bajo riesgo , para las inversiones de retorno sanas que buscamos".

 

La presión sobre Irán

Hay un inconveniente muy preocupante para el trato: Los iraníes, ya bajo la amenaza de Trump, verían la venta de reactores de Estados Unidos sin el acuerdo 123 como una provocación y una afirmación con la intención de facto de romper el acuerdo.

En estas condiciones, la presión sobre el presidente iraní, Hassan Rouhani, para ceder hacia la línea dura y avanzar hacia una acumulación de armas nucleares sería intensa. Por su parte, los saudíes siempre han dicho que si los iraníes adquieren la bomba, entonces ellos también - por cualquier medio necesario.

Si bien es cierto que el proceso de convertir un programa de enriquecimiento nuclear civil a un programa de armas nucleares es muy complejo y requiere mucho tiempo - entre uno a cinco años, dependiendo de las capacidades tecnológicas - los saudíes tienen una opción.

Para obtener la tecnología para convertirlo pueden recurrir a Pakistán, el único país musulmán con armas nucleares y con el que los saudíes tienen relaciones estrechas.

De hecho, ahora es ampliamente aceptado que el desarrollo exitoso de Pakistán de armas nucleares, un objetivo logrado en 1998, se llevó a cabo con una ayuda financiera sustancial de los saudíes.

En 2013, la BBC reveló que las cabezas nucleares paquistaníes estaban disponibles para Arabia Saudita en un arreglo listo para sacar de la estantería en caso de necesidad. El detonador para la entrega sería el desarrollo de armas nucleares de Irán.

Pronto sabremos si Trump, en su afán de llegar a un acuerdo, pasará por alto el acuerdo 123.

Oriente Medio ya tiene una potencia con armas nucleares, Israel. Según el Instituto de Investigación de la Paz de Estocolmo, los israelíes tienen una reserva de 80 cabezas nucleares. Así que si Trump deja caer la cláusula como los saudíes están exigiendo … entonces será 'sumar dos más dos'; el club de armas nucleares de Oriente Medio se encuentra en camino de triplicar sus miembros.

En una región inestable y en un momento de creciente volatilidad, con los saudíes y los israelíes alineados hombro con hombro contra Irán, es un escenario que debe invitarnos a todos nosotros a hacer una pausa para la reflexión.

 

 
 

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