'Sólo la muerte': Cómo Mohammed bin Salman ha roto las reglas del reino

Publicado el Por Madawi al-Rasheed (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Riad, Arabia Saudita

 (fotografía: AFP)
(fotografía: AFP)

 

Cuando se le preguntó qué le impediría convertirse en rey durante una entrevista en el programa 60 Minutos de la CBS, el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, respondió "sólo la muerte".

Tal respuesta determinista y atrevida socava su gobierno de muchas maneras.

Al invocar la muerte, envió un fuerte mensaje a sus rivales y oponentes. ¿Puede el gran número de príncipes recientemente marginados y humillados interpretar esto como una advertencia?, ¿ Pueden llegar a la conclusión de que Mohammed bin Salman está aquí para quedarse, y la única manera de deshacerse de él es asesinarlo?.  

Al insistir en que sólo la muerte podría interponerse en su camino para convertirse en rey, el príncipe heredero dejó caer toda pretensión de un consenso político en la familia real, socavando así el pilar fundamental sobre el que la familia Al-Saud había establecido, hasta ahora, su dominio.
 

Intrigas familiares

El relato falso de que, a diferencia de otras familias gobernantes del Golfo, los Al-Saud son los únicos que no han experimentado luchas internas es defectuoso e históricamente inexacto. Sin embargo, persiste como una herramienta de legitimidad para ser desplegada en contra de sus rivales. Al igual que todas las monarquías del Golfo, los Al-Saud han tenido sus propias intrigas, asesinatos y disputas.

Desde mediados del siglo XIX, se han visto envueltos en una serie de rivalidades entre primos, hermanos, tíos y sobrinos. Desde la marginación de los hermanos del fundador del Estado, Ibn Saud, en la década de 1930 hasta el asesinato del rey Faisal en 1975, nadie puede afirmar que se trata de una gran familia real donde todos sus miembros "aman a tus parientes".

De hecho, la rivalidad, la competencia por los recursos, el prestigio y los privilegios, por no hablar de los rumores maliciosos e intrigas, han sido características constantes de las relaciones intrafamiliares. Como muestra está el rumor difundido por Mohammad bin Salman para justificar la destitución de su primo, Mohammed bin Nayef, como príncipe heredero, al afirmar que este último tenía un "problema con las drogas".

Puede ser cierto que los Al-Saud en general no temen un levantamiento de masas organizado por saudíes descontentos, pero cualquiera que esté en la parte superior del clan tiene que tener en cuenta las intrigas de su propia familia.

Es bien sabido que una gran parte de los recursos del depuesto príncipe heredero bin Nayef en el Ministerio del Interior, antes de ser despedido en junio, estuvieron dedicados a espiar a sus propios primos. El pobre, sin embargo, no supo anticiparse al ascenso de su joven primo Mohammed hasta que se encontró sin trabajo, aunque aún controla vastas riquezas.  

 

El juego interno

De hecho, el joven Mohammed fue tan lejos como para detener a todos aquellos que nunca han sido del agrado de él y su padre , como a todos los hijos de fallecido rey Abdullah, empezando por el comandante de la Guardia Nacional de Arabia Saudita, el príncipe Miteb, que fue despedido, detenido y luego puesto en libertad después de pagar su propio rescate.

El difunto rey Abdullah era una persona ajena a los jefes del núcleo que gobernaron Arabia Saudita como un reino de varios feudos, a saber, los tres príncipes de alto rango Fahd, Sultan y Salman.

Los hijos de Abdullah fueron humillados con facilidad, pero Mohammed bin Salman todavía no ha intentado tocar a los hijos de Sultan bin Abdulaziz, incluyendo al infame Bandar, embajador en Estados Unidos desde 1983 hasta 2005.

Bandar siempre ha sido asociado con los excesos de la familia real. Su nombre aparece cada vez que sale a la palestra un dudoso acuerdo de armadas con Reino Unido, por el cual está claramente asociado con una investigación de fraude.

Al insistir en que sólo la muerte puede impedir que Mohammed bin Salman, de 32 años, sea rey durante los próximos 50 años más o menos, el príncipe establece las reglas del juego interno dentro de la familia Al-Saud. Si alguien contempla seriamente desafiarlo, tiene que estar preparado para esperar la muerte de Mohammed bin Salman. Las apuestas serían demasiado altas si la sangre comienza a fluir por los pasillos de Palacio como lo hizo en una época anterior.

Pero al decir que sólo la muerte podría interponerse en su camino de convertirse en rey, el príncipe heredero, en realidad, no sólo está enviando una advertencia a sus propios familiares, sino también socavando otro pilar sobre el que la monarquía absoluta siempre había descansado.

 

Burlarse del sistema de Bay’a

Él se burla de la Bay’a, el juramento de fidelidad a un líder, que los reyes saudíes siempre han insistido en organizar la mañana después de ser nombrados rey.

Bajo el gobierno de Arabia Saudita, la Bay’a islámica ya se había convertido en un cliché, una farsa, y una representación teatral puesta en escena con fines propagandísticos. Muchos musulmanes interpretan la Bay’a como un contrato entre el gobernante y el gobernado, según el cual el primero administra los asuntos del pueblo, pero el contrato nunca se entiende como un pacto de por vida, incluso entre los musulmanes suníes más ortodoxos, que no son conocidos por el fomento de la disidencia o la sedición.

Algunos musulmanes insisten en que las elecciones modernas son la mejor manera de gobierno. No aceptan el gobierno hereditario ni la realeza. Mohammed bin Salman ha puesto, de hecho, a todos aquellos que creen en las elecciones como la forma legítima de elegir gobierno, a elegir, si gustan, a un líder dentro de la cárcel.

Desde el pasado mes de septiembre su campaña de detención se ha dirigido principalmente contra los islamistas que verdaderamente creen en las elecciones.

Los musulmanes suníes, al menos los que aspiran a ser gobernados de acuerdo con el mensaje revelado de Dios, como los leales wahabíes saudíes a quienes Mohammed bin Salman ha amordazado recientemente, aborrecen la disidencia. En realidad, él no tenía necesidad de ponerlos en la cárcel, ya que no cuestionan su gobierno.

Ellos están dispuestos a ofrecerle la Bay’a y toleran un gobernante injusto, siempre y cuando no se cierren mezquitas o se permita a otras personas "orinar en ellas", una forma de hablar para decir "que no los deje en la ruina".

Es esta interpretación importante y dominante de lealtad al gobernante que desencadenó la violencia yihadista en los últimos 30 años. Estos últimos se negaron a aceptar esta estrecha interpretación de la Bay’a, y se rebelaron contra los reyes saudíes, aunque no se cerraron mezquitas ni se permitió a otros orinar en ellas.

Recientemente, un comentarista de Arabia Saudita se atrevió a quejarse de las múltiples llamadas a la oración procedentes de las mezquitas, y declaró que asustan a los niños. Se quejaba de que había demasiadas mezquitas en las ciudades. Él no fue enviado a la cárcel como a menudo ocurre en el reino.

Los tiempos están cambiando, y Mohammed bin Salman aprueba esas observaciones; tal vez las permita para demostrar que él es el líder en busca del Islam moderado.

La ilusión de consenso

Según la burocracia real saudí, el Comité de Lealtad establecido por el rey Abdullah debe reunirse y elegir un rey; posteriormente se realiza el juramento de los 33 parientes reales que forman el comité. La ilusión de consenso se rompió cuando Mohammed bin Salman expresó que ‘solo la muerte’ puede evitar que se convierta en rey.

Como príncipe heredero, debe esperar a que los 33 príncipes le juren lealtad antes de que se confirme como rey. Pero, francamente, la máscara ha caído. No busca la aprobación de los grandes, los estudiosos de la religión ni los plebeyos. En el reino, o aceptas a Mohammed bin Salman o encuentras tu sitio en la cárcel.

Mohammed bin Salman ha minado realmente un sistema de sucesión que afirma estar basado en un juramento de lealtad, otorgado al príncipe coronado por otros miembros de la familia real saudí, seguido de los plebeyos. Él está seguro de que va a ser rey, independientemente de los trámites monárquicos a los que sus antepasados se habían aferrado.

Hoy Arabia Saudita está en las garras del poder desnudo, con un gobernante capaz de ejercer poder sobre las personas sin tener en cuenta sus intereses.



 
 

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