Mohammed Bin Salman está comprando el silencio de Estados Unidos con un barniz de falsa apertura cultural

Publicado el Por Soumaya Ghannoushi (author), Arabia Watch (author)

Lugar(es): Riad, Arabia Saudita

Saudíes llegan a una mesa redonda con el actor John Travolta en Riad el 15 de diciembre de 2017 (fotografía: AFP)
Saudíes llegan a una mesa redonda con el actor John Travolta en Riad el 15 de diciembre de 2017 (fotografía: AFP)

 

Un número de países del Golfo se dirige hacia un mayor "liberalismo" cultural y económico, pero no a nivel político o de gobierno.

De hecho, estos estados están recurriendo a algún tipo de apertura social y económica precisamente para evitar demandas exigiendo inyectar una dosis de liberalismo político en sus sistemas políticos totalmente cerrados.

Quizás la cara más visible de esta paradoja hoy es Arabia Saudita, junto con los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Baréin. Un grupo de "liberales" saudí ha tomado recientemente el centro del escenario en Arabia Saudita, en sustitución de los jeques wahabíes cuya mercancía ya no parece deseable.

 

Cambios rápidos y agudos

Estos jeques no parecen tener ahora ninguna función que no sea jurar lealtad a los nuevos gobernantes, para no ser considerados un lastre para el Estado de Arabia Saudita.

Después de una política de décadas de conservadurismo religioso, Arabia Saudita está tratando de deshacerse de su pesado patrimonio wahabí y avanzar hacia algún tipo de pseudo-liberalismo cultural y económico. Así, se ha impuesto un cambio brusco y rápido sobre su aparato religioso, que ha actuado siempre como un instrumento para imponer la disciplina y promover la ideología wahabí en el extranjero.

Como tal, se ha hecho común presenciar cómo las fuerzas de seguridad saudíes intervienen para evitar que los agentes Mutaween (funcionarios del llamado Comité para la Promoción de la virtud y la Prevención del Vicio, que anteriormente actuaba como policía religiosa) interfieran en contra de la apariencia de las mujeres, como lo habían hecho durante décadas, o tomen medidas enérgicas contra la mezcla de hombres y mujeres en calles y centros comerciales. 

En una vista muy inusual a Arabia Saudita, hace unos meses, el músico Cheb Khaled se subió a un escenario en Yeda ante una gran cantidad de público que se balanceaba al ritmo de la música rai argelina.

También a finales del año pasado, la Agencia de Entretenimiento llevó al actor John Travolta para tomarse sonrientes autofotos junto a jóvenes saudíes, una imagen muy lejana a las habituales de mujeres saudíes mirando desde detrás de velos negros.

 

Ideología religiosa draconiana

Que a las mujeres saudíes finalmente se les haya permitido ponerse al día con la mayoría de las mujeres en todo el mundo y obtener el derecho a conducir un coche es un gran paso. También se les está permitiendo a las saudíes disfrutar de actividades de ocio y de entretenimiento, que han estado permitidas en gran parte del mundo árabe y musulmán durante décadas.

Sin embargo, lo que aún sería algo más grande es que estos cambios bruscos estuvieran acompañados de al menos un nivel básico de apertura política, en lugar de lo contrario.

Haríamos bien en recordar, en medio de los aplausos y gritos ansiosos, que fue la propia Arabia Saudita, con su ideología religiosa draconiana, quien creó los mismos problemas con los que está tratando de lidiar en la actualidad. Afirmar que este extremismo es ajeno a Arabia Saudita es una distorsión histórica. Es la cuna y fuente de una visión extremista y distorsionada del Islam.

Hasta hace poco, los líderes religiosos saudíes habían atacado a los eruditos islámicos reformistas y pensadores, yendo tan lejos como para excomulgarles por simplemente decir que el Islam no prohíbe a las mujeres conducir, o por haberse atrevido a sostener que la democracia no es incompatible con el Islam.

Los jeques del Golfo patrocinados por el Estado han dedicado gran parte de su energía en librar duras batallas contra las mujeres, los derechos de las minorías, otras facciones musulmanas, y la idea del constitucionalismo y la democracia, sobre la base de una ideología wahabita radical. El estado saudí ha dedicado enormes recursos - púlpitos de las mezquitas, canales por satélite y fondos - a la promoción de estas interpretaciones religiosas de línea dura en todo el mundo árabe y más allá.
 

Dejando atrás la herencia wahabí

Hoy en día, Arabia Saudita ha orquestado un golpe de Estado contra su propia postura anterior a gran velocidad, limpiando sus manos de una pesada herencia de la militancia wahabí que se creó y propagó durante varias décadas.

Lo que tenemos en Arabia Saudita es la aparición de un "liberalismo" cultural, reducido a unos pocos conciertos y espectáculos aquí y allí, junto con una cierta liberalización económica, que se manifiesta en la tendencia hacia la privatización de las principales instituciones del Estado, como Aramco - pero la ausencia completa del más mínimo nivel de liberalismo político cuando se trata de la gobernabilidad.

La sinceridad del planteamiento de la élite saudí para la liberalización debe medirse por el grado de su capacidad para liberalizar el campo político en primer lugar.

El cambio del régimen constitucional - la distribución del poder, el respeto a los derechos individuales, y poner fin a la detención arbitraria y violaciones de la integridad física y moral de los ciudadanos - es la principal medida de la apertura y la emancipación.

De lo contrario, todo lo que tenemos es un liberalismo fraudulento cuya única finalidad es la compra de la protección de Occidente. En pocas palabras, lo que el nuevo gobernante de Arabia Saudita está tratando de hacer es comprar el silencio de Estados Unidos, a cambio de una falsa capa de apertura cultural y el bombeo de mil millones a su economía a través de contratos de armas e inversión.

El conocido académico libanés Ghassan Salame escribió una vez que uno de los mayores obstáculos a los que enfrentan los árabes hoy en día es a una forma de democracia sin demócratas. Hoy en día, sería más exacto decir que el mayor problema al que se enfrentan los árabes es la ausencia de democracia, incluso con la presencia de demócratas, y la ausencia del liberalismo con la presencia de "liberales" o semi-liberales.
 

¿Otra primavera árabe?

Si la principal dificultad radica en la escasez de demócratas, esto sería menos problemático, ya que el sistema democrático sería capaz de generar demócratas.

Sin embargo, los demócratas - que se pueden encontrar en el mundo árabe- no son capaces de construir la democracia por su cuenta por una sencilla razón: los sistemas políticos son más grandes que la voluntad de unos pocos individuos.

Para ser más precisos, en el caso de los países del Golfo, la presencia de semi-liberales debatiendo en los consejos públicos y privados no produce necesariamente liberalismo. Todo lo que produce es una nueva forma de autoritarismo vestido de liberalismo.

Está claro que las monarquías del Golfo están empujando hacia una forma de autoritarismo liberal basado en un modelo de apertura superficial a los niveles culturales y económicos, dentro de un nivel sin precedentes de represión política.

Lo que estamos viendo es la réplica del modelo de Ben Ali y Mubarak; una especie de pseudo-liberalismo basado en la creación de una nueva clase de empresarios vinculados a aquellos en el poder, con una pequeña dosis de apertura cultural limitada a la danza, la música y fiestas, rodeadas de un árido desierto del autoritarismo y represión política.

Esta fue precisamente la ecuación que generó la Primavera Árabe, y que todavía puede dar lugar a otra cadena de levantamientos árabes.

 
 
 

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