La paradoja de Irán

Publicado el Por ARASH ARJOMANDI (author), El País (author)

Singer Shifteh, de Los Angeles, en una manifestación a favor del movimiento de liberación femenino de Irán, frente a la Casa Blanca (fotografía: AP)
Singer Shifteh, de Los Angeles, en una manifestación a favor del movimiento de liberación femenino de Irán, frente a la Casa Blanca (fotografía: AP)

 

El reciente resurgimiento de protestas populares en Irán vuelve a poner en primer plano lo que muchos estudiosos, como Abbas Milani, denominan la paradoja de Persia. Es digna de atención.

Habiendo sido una de las mayores civilizaciones de la historia, y donde se originó la primera revolución democratizadora del mundo islámico (la Revolución Constitucional de 1905), Irán es hoy uno de los países que hace padecer a su gente las mayores penurias económicas a pesar de ser una de las mayores reservas energéticas del planeta.

Siendo uno de los muchos países conquistados por el islam, fue el único que no adquirió la lengua árabe y conservó su propio y ancestral idioma (el persa o farsi), de familia no semítica, sino indoeuropea. En la época contemporánea ha sido uno de los únicos seis países del tercer mundo que no pudo ser colonizado.

A pesar de que en el siglo XIX alcanzó una de las mayores cotas de despotismo y decadencia, fue la cuna de una asombrosa reforma religiosa por parte del Báb, que luego se esparció como religión multicultural por todo el globo. Los estudiosos calculan que el progreso científico y social que hubiera experimentado Irán y, por contagio, Oriente Medio, hubiera sido similar o mayor al provocado por la Reforma de Lutero en Occidente, si la dinastía Qajar la hubiera apoyado como lo hicieran los príncipes alemanes en el caso de Lutero.

Un país donde se sigue oprimiendo a las mujeres ha dado al mundo muchas mujeres universales. Sherezade, la cuentacuentos más célebre de la historia, de Las mil y una noches. La hermosa doncella y profetisa judía, Ester, de quien tenemos noticias por el Antiguo Testamento. La bella y arrobadora Tahereh, cuya vida y final trágico ha sido novelado en Alianza Editorial: aquella fascinadora poetisa que inició en la Conferencia de Badasht un movimiento universal para promover la igualdad de género dos años antes de la primera Convención feminista de Occidente (Seneca Falls). Hoy, 150 años más tarde, las mujeres iraníes (universitarias en una gran parte) constituyen la vanguardia de la lucha por la modernidad y la democracia en Irán.

A pesar de que la música moderna se halla prohibida, los expertos dan noticia de que hay en marcha una auténtica revolución musical en ese país promovida, sobre todo, por ellas.

Su cultura y literatura ha sido objeto de veneración por parte de grandes intelectuales occidentales. La figura de Avicena, el médico, sigue causando sensación en Occidente. Emerson, la quintaesencia del intelectual americano, se enamoró de Irán y de sus escritores. Goethe, el máximo exponente del romanticismo europeo, quedó hechizado por sus poetas y cultura. Omar Khayyam es uno de los orientales mejor y más traducidos de todos los tiempos. Henry Corbin ha identificado a Irán como la patria de las luces, por creerla depositaria de la sabiduría gnóstica auroral; una suerte de vía o linaje real que aúna secretamente razón y revelación, desde Zoroastro hasta Bahá’u’lláh, pasando por los sabios soberanos de la antigua Persia, la gesta de los héroes de la Epopeya de los Reyes y los platónicos de Persia. Nuestro gran Eugenio Trías reivindicó el valor e interés del “misterioso Irán por encerrar tantas riquezas intelectuales y por su gnosis mística, el único lugar de encuentro, hoy, de modernidad y sentido de la trascendencia”.

Siendo uno de los regímenes más despóticos y represores del mundo, tiene cuarenta millones de conectados a internet, cinco millones de suscriptores a Facebook a pesar de haber sido prohibido y el mayor número de bloggers del planeta, sólo superado por EEUU.

No hay ningún país en el mundo que haya contribuido más que Persia a la formación de la autoconciencia occidental. Dos textos canónicos así lo demuestran. Por un lado, Heródoto nos ha transmitido cómo los griegos, alumbradores de la civilización occidental, comenzaron a verse diferentes de Oriente gracias a los persas. Por otro lado, en el Antiguo Testamento no hay ningún país más halagado (aparte de su propio Israel) que Persia, ni ningún soberano más venerado que Ciro el Grande, autor de la primera declaración de los derechos humanos de la historia.

Por todo ello, Irán está llamado a ser puente entre civilizaciones. Ubicado geográficamente en el centro, es –con Corbin– un mundo medio y mediador entre Oriente y Occidente. Un universo espiritual medianero, un hogar intermedio tanto por su posición geoestratégica en el corazón de la Asia Central como desde el punto de vista cultural. Pues, situado entre la gran espiritualidad hindú y el mundo árabe, nunca ha perdido su vocación del imperio medio que fue, habiendo producido una de las simbiosis más inverosímiles y formidables de la historia del espíritu: Sohravardí, el esplendoroso sabio, ejecutado por Saladino en Alepo, que creó, ocho siglos antes de la actual era global, un magnífico sistema aunando el imaginario espiritual de la primera civilización oriental (la antigua Persia) y el pensamiento de Grecia (cuna de Occidente).

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