EE.UU. e Israel prepararon el coche bomba que mató al líder de Hezbolá, según "The Washington Post"

Publicado el Por ABC (author)

Simpatizantes de Hezbolá asisten al discurso televisado del nuevo líder del movimiento, Sayeed Hassan Nasrallah, en Beirut, Líbano (fotografía: EFE)
Simpatizantes de Hezbolá asisten al discurso televisado del nuevo líder del movimiento, Sayeed Hassan Nasrallah, en Beirut, Líbano (fotografía: EFE)

  

Si bien ni Estados Unidos ni Israel admitieron nunca su participación en el asesinato en 2008 de Imad Mughniyeh, el que fue jefe de las operaciones armadas de Hizbolá y uno de los hombres más buscados del planeta, el diario estadounidense "The Washington Post" informaba este viernes de que la CIA y el Mossad trabajaron juntos para deshacerse del escurridizo líder chií.

Mughniyeh falleció al instante por la explosión de un coche bomba en Damasco en la noche del 12 de febrero de 2008. Acababa de salir de un restaurante y caminaba por la calle cuando tuvo lugar la deflagración de un vehículo aparcado a pocos metros de él. El fugitivo, que adoptaba medidas de seguridad extremas en sus vaivenes entre Líbano, Siria e Irán, era finalmente liquidado en una operación opaca al alcance de muy pocos gobiernos y de la que nadie esperaba que se pudiese llegar a conocer un día a su autor. Sorprende por ello el revelador informe del periódico norteamericano quien, citando a exfuncionarios de inteligencia estadounidenses no identificados, confirma la implicación de los dos todopoderosos servicios secretos en el, hasta ahora, misterioso asesinato del jefe militar de Hizbolá.

 

Detonada desde Tel Aviv

De acuerdo con las fuentes de «The Washington Post», la CIA observó durante meses los movimientos de Mughniyeh en la capital siria antes de hacer explosionar una bomba construida por Estados Unidos y detonada por control remoto desde Tel Aviv. El Mossad habría sido quien contactó a la CIA para llevar a cabo una operación conjunta a la que los americanos accedieron al no temer una respuesta por parte de Hizbolá y ser conscientes de que el grupo chií libanés culparía del asesinato al estado hebreo.

El rotativo afirma también que el proceso de autorización para matar a Mughniyeh debía contar con la firma del entonces presidente George W. Bush y del director de la inteligencia norteamericana entre otras figuras. Aprobar la licencia de su asesinato supuso momentos «rigurosos y pesados», según palabras de un testigo, ya que tuvo que demostrarse que el objetivo constituía una verdadera amenaza para Estados Unidos. En aquellos años, el alto mando libanés participaba activamente en la formación y el suministro de armas a milicias chiíes en Iraq que estaban atacando a las fuerzas norteamericanas, por lo que su eliminación podía ser vista como unacto de «autodefensa». Los responsables de los servicios de inteligencia estadounidenses aseguraron además a los congresistas que no se producirían «daños colaterales».

 

Cerebro de violentos ataques terroristas

En el macabro curriculum atribuido al comandante de Hizbolá figuraba la explosión en la Embajada de Israel en Buenos Aires, en 1992, en la que perecieron 29 personas, y el atentado contra un centro social de la comunidad judía en la capital argentina, en 1994, en el que perdieron la vida 85. A Mughniyeh se le vincula igualmente al ataque con camiones bomba contra el cuartel estadounidense en Beirut en 1983 que dejó 241 americanos muertos y a otro atentado suicida contra la embajada de Estados Unidos, en la capital libanesa el mismo año, y que provocó 63 muertos.

El controvertido miembro de Hizbolá era desde mucho años antes de su muerte el objetivo más perseguido por el Mossad, por encima incluso del actual líder de Hizbolá, Hassan Nasralá, y la figura más buscada por EEUU hasta la aparición de Osama Bin Laden.

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