Los hutíes pueden esperar

Publicado el Por Francisco Carrión (author)

Simpatizantes del movimiento hutí se manifiestan contra los ataques de Arabia Saudí (fotografía: EFE)
Simpatizantes del movimiento hutí se manifiestan contra los ataques de Arabia Saudí (fotografía: EFE)

Más atentos de los despachos que llegan de Lausana que del parte de guerra procedente de Saná. Irán, más cerca que nunca de lograr un acuerdo sobre su programa nuclear y aliviar de paso las sanciones internacionales que padece, no alberga dudas respecto a sus prioridades. "Yemen es el tema candente del día pero las negociaciones se limitan al asunto nuclear", replicó la semana pasada el ministro de Exteriores iraní Javad Zarif a los periodistas que, desplazados a la ciudad suiza, especulaban con el factor yemení y su impacto sobre un futuro pacto. La respuesta acalló todas las cábalas.

Tras casi 36 años de aislamiento, Irán se juega demasiado como para permitir que la coalición liderada por Arabia Saudí que bombardea desde el jueves al grupo rebelde chií de los hutíes -su aliado en Yemen- se interponga en su camino. Al fin y al cabo, el grupo 5+1 (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania) tampoco se retiró de la mesa de negociación cuando la guerra civil siria ocupaba la primera plana. Ningún bando parece dispuesto a hipotecar 18 largos meses de tira y afloja.

"Para Irán, Yemen no es el país más importante de la región. No está tan próximo geográficamente como Irak ni es una nación que coincida con su ideología. Los iraníes profesan el chiismo duodecimano o imaní mientras que los hutíes son chiíes zaidíes, dos sectas completamente diferentes", explica a EL MUNDO Samaa al Hamdani, una reputada experta en el enrevesado mapa político, tribal y religioso de la nación más pobre del golfo Pérsico. "Con las negociaciones sobre su programa nuclear aún abiertas, los iraníes se muestran muy titubeantes con la posibilidad de involucrarse a toda prisa en la guerra yemení. Al menos hasta que el acuerdo no se haya finiquitado", agrega la analista.

La república de los ayatolás ha extremado su puesta en escena desde que, con la complicidad de Washington, Riad -tan angustiada como Tel Aviv por la posibilidad de un pacto nuclear, que aumente la influencia iraní en Oriente Próximo- activara la operación "Tormenta de la Firmeza" junto a otros nueve países de la región. Desde entonces sus diplomáticos no han dejado de condenar la "invasión" instando al cese inmediato de los ataques aéreos y la reanudación del diálogo político. Han recordado, asimismo, que los grandes vencedores de la contienda podrían ser Al Qaeda en la Península Arábiga, que tiene su cuartel general en el país, y el autodenominado Estado Islámico, cuya presencia se consideraba limitada hasta que se atribuyó hace dos semanas el sangriento ataque de cuatro kamikazes contra dos mezquitas de Saná.

En todo momento, han negado su implicación directa en el polvorín yemení como han sugerido algunas fuentes yemeníes e iraníes apuntando a Teherán como responsable de haber entrenado, armado y financiado a los hutíes. De hecho, en los últimos años han surgido informes revelando el envío de armamento de contrabando al grupo chií por parte de la fuerza de élite Quds, encargada de las operaciones en el extranjero de los Guardianes de la Revolución. Y los lazos se han reforzado desde que en septiembre los hutíes se hicieran con Saná. El pasado 13 de marzo, sin ir más lejos, un delegación hutí visitó Irán para firmar un acuerdo que facilitaba la llegada a Yemen de petróleo iraní y de inversión para la construcción de plantas de energía y la modernización de algunos puertos estratégicos en el oeste del país.

"Aún así Irán se pensará dos veces intervenir en Yemen. Y más ahora que ha sido declarada una zona de exclusión aérea en el país y sus puertos han sido bloqueados", apostilla Al Hamdani, preocupada por el porvenir de su país cuando se cumplen cinco días de una ofensiva que podría prolongarse medio año y resuenan planes de una intervención terrestre. "Casi todos los que conocen Yemen -relata la politóloga- pensaron que Arabia Saudí no lanzaría un ataque. De ahí que todo lo que está ocurriendo sea impredecible. Teniendo en cuenta como evoluciona la situación y la respuesta de los hutíes, es probable una campaña terrestre para garantizar la seguridad del presidente Abdo Rabu Mansur Hadi al que el pueblo considera un traidor por haber invitado a las fuerzas externas a irrumpir en Yemen y haber mancillado la soberanía de la nación". Un escenario aún más caótico en el que Irán sí podría mover ficha.

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