Economía y yihadismo amenazan la consolidación de Al Sisi en Egipto

Publicado el Por Juan Carlos Sanz/ EL PAÍS (author)

Lugar(es): El Cairo

Votación de las legislativas en un colegio electoral en El Cairo (fotografía: AFP)
Votación de las legislativas en un colegio electoral en El Cairo (fotografía: AFP)

 

Egipto celebra con aparente apatía este domingo y lunes la segunda fase de las elecciones legislativas, en 13 de las 28 provincias del país. En la primera, que se desarrolló en octubre, casi tres cuartas partes de los electores dieron la espalda a las urnas. El mariscal Abdelfatá al Sisi, que encabezó el golpe de Estado en 2013 contra el Gobierno de los Hermanos Musulmanes, pretende cerrar con estos comicios un ciclo de consolidación en el poder, tras su elección como presidente en 2014. Pero la crisis económica que golpea a los casi 90 millones de ciudadanos y el auge del terrorismo, sobre todo en la península del Sinaí, amenazan la viabilidad del proyecto político de Al Sisi, que derrocó al islamista Mohamed Morsi, el primer líder democráticamente elegido en la historia egipcia, con la promesa de devolver el progreso y la estabilidad a Egipto.

La foto de familia de julio de 2013, tomada de un vídeo de la televisión estatal, sigue siendo la imagen del golpe de Estado militar en Egipto. Al Sisi preside la escena desde un atril con la boina de teniente general calada, flanqueado por los altos mandos de las Fuerzas Armadas, los dirigentes religiosos del país --el gran imán de Al Azhar y el papa copto--, los salafistas de Al Nur —que secundaron el pronunciamiento con la esperanza de arrebatar a la Hermandad la hegemonía política islamista— y algunos independientes como Mohamed el Baradei, exdirector del OIEA y candidato favorito de Occidente, aunque no de los egipcios, para dirigir el Estado más poblado del norte de África. Salvo los mandos castrenses y los jefes religiosos, casi todos los personajes de la imagen han desaparecido de la escena o han perdido peso político, mientras la propia imagen de Al Sisi comienza a difuminarse.

Las inundaciones de Alejandría, que se cobraron a finales de octubre 17 muertos en la segunda ciudad del país, son una buena imagen de la ineficiencia del Estado. Sus calles suelen anegarse cada año con las primeras lluvias a causa del mal estado de las anticuadas redes de saneamiento. La policía detuvo, sin embargo, a varios seguidores de los Hermanos Musulmanes, acusados de haber taponado los desagües.

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Las expectativas de los egipcios de contar con un gestor militar competente bajo un régimen que garantice la seguridad no se han cumplido y los ciudanos no parecen tener interés en depositar su voto. “El propio sistema electoral desincentiva la participación”, destaca un diplomático europeo en El Cairo. Es la tercera vez que los egipcios eligen Parlamento desde 2010, los últimos comicios convocados por el régimen de Hosni Mubarak, pero el país también lleva tres años sin Parlamento, ya que el Tribunal Supremo disolvió en 2012 el Legislativo democráticamente elegido que controlaban los Hermanos Musulmanes.

La elevada abstención fue la nota dominante de la primera fase de los comicios legislativos, celebrados en octubre en 14 de las 27 provincias del país, con una tasa oficial del 26,56% de participación, frente al 55% de 2012. Además de celebrarse en dos periodos territoriales, los electores están convocados a las urnas durante dos días laborales consecutivos, y con un sistema electoral a dos vueltas (la segunda ronda de esta segunda fase está prevista para los días 1 y 2 de diciembre).

Para añadir aún más complejidad, se produce una doble votación: una por listas de partidos, en el que el más votado se lleva todos los escaños en liza, que tienen por escenario cuatro distritos nacionales (para asignar 120 diputados en total) y otra de candidatos individuales (448 diputados) para las circunscripciones provinciales. El presidente egipcio se reserva además el derecho a designar directamente a 28 legisladores (un 5% del total) en el nuevo Parlamento unicameral.

Los analistas políticos coinciden en destacar que se ha producido un regreso al modelo de la era de Hosni Mubarak, en la que grandes empresarios y caciques territoriales se repartían los escaños para proteger sus intereses. El portal digital Al Monitor ha revelado que la Comisión Electoral egipcia recibió en la primera vuelta numerosas denuncias por compra de votos, una práctica desparecida en Egipto desde los comicios de 2010, con sobornos de entre 50 libras egipcias (algo menos de seis euros) y 700 libras.

Los resultados provisionales de la primera fase de las legislativas han resaltado la escasa pluralidad de candidaturas, después de que una alianza de partidos de izquierda decidiera no presentarse a las urnas, y por el boicoteo de los seguidores de los Hermanos Musulmanes tras la ilegalización de su partido.

La coalición Por Amor a Egipto (sic), un conglomerado que recuerda a la Unión de Centro Democrático (UCD) de la transición política española, ha acaparado todos los escaños (60) en las listas de partidos, y buena parte de los individuales, seguida por los liberales del Partido de los Egipcios Libres, (36), el Partido del Futuro de la Nación (30), y del histórico Wafd (17).

Los salafistas de Al Nur, se han visto reducidos mientras tanto a solo 11 escaños, después de haber sido la segunda fuerza más votada (con el 22% los sufragios) en 2012, tras la ahora proscrita Hermandad, que obtuvo la mitad de los escaños. Después de haber apoyado el golpe de Al Sisi en 2013, esta fuerza islamista rigorista, sufre un devastador revés. Nader Bakkar, su portavoz, ya había reconocido en declaraciones a Al Monitor, que la imagen de su partido es ahora “negativa” después de haber cometido “errores”.

Las cartas están echadas. A nadie parece preocuparle la composición de un hemiciclo que se definirá ante todo por su lealtad a Al Sisi. Como primera medida, el nuevo Parlamento contará solo dos semanas para validar los más de 170 decretos leyes con los que Al Sisi ha estado gobernando hasta ahora, incluyendo una estricta legislación antiterrorista, en ausencia de Parlamento.

Algunos de los diputados electos en la primera fase ya se han pronunciado a favor de la ampliación del mandato presidencial de cuatro a cinco años y por aprobar más de una reelección consecutiva del jefe del Estado.“Hay un sentimiento generalizado de desilusión con un sistema electoral que ha alejado a los ciudadanos de los colegios electorales tras siete votaciones en cinco años”, reflexionaba el escritor y analista Yehia el Gammal en un artículo publicado por el Instituto Tahrir de Política en Oriente Próximo.

Ragia Omran es abogada del periodista y activista de los derechos humanos egipcios Hossan Bahgat, fundador de la Iniciativa Egipcia por los Derechos de la Persona, que permaneció detenido durante tres días la semana pasada por la jurisdicción militar. Esta letrada asegura que la situación de los derechos humanos en Egipto es peor ahora que en 2011, cuando estallaron las revueltas contra el régimen de Hosni Mubarak. “Bahgat está pendiente de que el fiscal militar presente una acusación formal con él. Fue conducido en un furgón con los ojos vendados. Quedó en liberad tras una protesta formal de la ONU”, precisa.

El periodista arrestado había publicado una información sobre un proceso abierto a varias decenas de oficiales acusados de integrar una trama golpista contra el presidente Al Sisi. “Cualquiera que informe sobre la situación del Ejército es susceptible de ser encausado por los tribunales militares”, recuerda Omran. Organizaciones humanitarias internacionales han advertido de que su detención ha supuesto una “intimidación directa a los periodistas para que vean limitada su libertad de expresión”. El propietario del mayor diario privado del país Al Masri al Yum, Salah Diab, también fue arrestado, acusado de irregularidades urbanísticas, después de que su periódico se hubiese alejado de su tradicional línea de apoyo al poder.

“La oposición liberal, los Hermanos Musulmanes… cualquier expresión de disidencia es sistemáticamente reprimida con medidas draconianas”, subrayan fuentes occidentales en El Cairo. “Las cárceles egipcias se llenaron con más de 40.000 detenidos tras el golpe militar de 2013”, explica la abogada Omran. “Ahora se estima en 20.000 el número de presos políticos, en su mayoría de la Hermandad. Apenas tienen unas pocas mantas para pasar el invierno”.

Como cada año desde los acuerdos de paz de Camp David, el Congreso de EE UU acaba de aprobar un presupuesto de 1.300 millones de dólares (1.220 millones de euros) en ayuda militar a Egipto, a pesar de las reservas expresadas por algunos congresistas sobre el acoso a la disidencia política y religiosa y a los periodistas. La ayuda se interrumpió en 2013 tras el golpe militar y se reanudó el pasado mes de marzo. Egipto es el segundo beneficiario de ayuda militar de Estados Unidos después de Israel. Entre ambos países acaparan un 75% del presupuesto norteamericano de cooperación militar.

A pesar de la preocupación de la Casa Blanca sobre la situación de los Derechos Humanos, Egipto cobra nueva relevancia internacional. La inseguridad revela puntos débiles de la presidencia del Al Sisi, tras el aumento de la actividad insurgente en el Sinaí, la muerte de ocho turistas mexicanos por disparos del Ejército egipcio, y por el atentado terrorista atribuido al Esrado Islámico contra un avión ruso con 224 ocupantes que había despegado del centro turístico del mar Rojo de Sharm el Sheij. Al Sisi impuso la prioridad de la estabilidad y la seguridad sobre la democracia, pero ha retrocedido en ambos campos.

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