Muerte en Alepo

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Un niño resulta herido durante un bombardeo ruso en Alepo, el 5 de Enero de 2016
Un niño resulta herido durante un bombardeo ruso en Alepo, el 5 de Enero de 2016

 

¿Qué tipo de fuerza y determinación permite al ser humano excavar entre los escombros con sus propias manos desnudas, en lugares que los bulldozers no pueden alcanzar, para buscar supervivientes? Yo no lo sé, pero pasa; he visto cómo pasa.

Los ataques aéreos derriban edificios hasta el nivel del suelo, pero siempre hay manos dispuestas que excavan en busca de los que pudieran quedar vivos. No puedo nombrar el tipo de aeronave que arrojó las bombas y misiles, pero sé que el enemigo es mi hermano; ¿alguien puede entender eso? Como Caín y Abel, el crimen es verdaderamente fratricida. Las imágenes de la barbarie que circulan sólo complican las cosas. Las emociones están muriendo dentro de nosotros. Las sensaciones se embotan.

¿Qué significan realmente las imágenes que inundan las redes sociales? Muestran algo que sucede por allí, en algún lugar cercano, pero más allá de nuestros sentidos. El agua, la sangre, los miembros destrozados, el miedo y los gritos no continúan su camino fuera de la televisión y dentro de  nosotros mismos. Estas experiencias no están caminando entre nosotros. Esto no nos está sucediendo a nosotros, y siempre que la situación siga siendo así nunca podremos saber cómo estas manos de santo no dudan en excavar entre los escombros. Aquel que levanta la vida frente a la muerte y la destrucción debe de ser alguien muy especial, venido desde un lugar sagrado. Aquellos que celebran la vida, mientras todo está siendo exterminado a su alrededor, deben ser del mismo tipo. Esta es la santidad de la humanidad y no sabemos nada más. Sabemos quiénes son los demonios. Conocemos a esos terroríficos seres humanos que actúan como robots por control remoto. La vida se ha reducido a pedazos de escombros, atacados precisamente por una aeronave que regresa ilesa a su hangar.

La tecnología para salvar vidas está tan ausente como reales son los ríos de sangre. La tecnología de la muerte se encuentra sin embargo en abundancia en los arsenales de los enemigos. Las manos escarbando en las pilas de escombros son la única evidencia que tenemos de que hoy no es el Día del Juicio. Pertenecen a aquellos que se niegan a regodearse en su dolor. Éste no es el Día del Juicio, a pesar de que puede parecer el fin del mundo para los habitantes de Alepo. Ellos albergan un rencor en sus corazones que incluso los israelíes no podía imaginar que esté en los corazones de sus enemigos. En el Día del Juicio final, las personas se ignorarán las unas a las otras; cada uno buscando la salvación sólo para sí mismo. Las manos que he visto en Alepo, sin embargo, se estiran para alcanzar todo lo sagrado como si estuvieran rezando. No permiten que las imágenes a las que deben hacer frente les afecten, aunque los ataques estén destinados a conducir los pocos habitantes que quedan en la ciudad hacia el exilio en las cunetas del mundo.

Estos crímenes de guerra se ejecutan con pasión, como si estuvieran limpiando un lugar de una epidemia. La plaga ha sido identificada, dejando a los criminales para que purifiquen la zona. Es una situación imposible, y sin embargo, esas manos todavía están allí, escarbando entre los escombros en busca de vida.

Cada vez que un cuerpo destrozado y herido pero vivo es llevado a la superficie, nos emocionamos. Pero, ¿cuántos niños debemos ver   rescatados de los escombros para que hagamos algo más que expresar nuestro dolor? ¿Cuántos niños más debe sacrificar Siria para que el mundo actúe; para que haga algo más que emitir una condena?

Hace dos días, vi a personas que no estaban armadas con rifles u ocupando plazas; sino levantando los escombros con sus manos santas mientras el polvo caía por todas partes. A continuación, un grito de alegría; ¡Aleluya! Un bebé recién nacido es rápidamente rescatado y lavado. Fue un milagro; la vida salió de entre los muertos. El milagro ahora ya no es que la guerra termine y que aquellos que han dejado sus casas puedan regresar rabiosos a ellas. El milagro ahora es rescatar a una pequeña alma de debajo de los edificios demolidos que una vez albergaron a muchos que allí vivían. Eso es para lo que la muerte ha llegado a Alepo.

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