Los proxenetas libaneses hacen caja con la guerra siria

Publicado el Por Natalia Sancha/ EL PAÍS (author)

Una siria rescatada en abril de un burdel donde la prostituían en Líbano (fotografía: AFP)
Una siria rescatada en abril de un burdel donde la prostituían en Líbano (fotografía: AFP)

 

La historia se repite. Una de abusos y de explotación sexual. La guerra siria, como todas las guerras, hace de las mujeres y de los menores el eslabón más débil convirtiéndolos en presas privilegiadas de las redes de explotación sexual. En 2003, las jóvenes refugiadas iraquíes se convirtieron en las víctimas predilectas para las mafias de prostitución sirias. Vendidas por sus padres, engañadas por sus novios o simplemente sacrificadas por madres viudas a cargo de alimentar al resto de su prole, las mujeres que huían de la guerra en Irak pasaron a engrosar las arcas de los decadentes tugurios que proliferaron en la periferia de Damasco. Hoy, son cada día más las mujeres de nacionalidad siria quienes nutren el negocio de la prostitución en la capital del Líbano. Diminuto país que alberga a un millón y medio de refugiados sirios, es decir, un cuarto de la población total, y en el que sobran Super Night Clubs pero escasean estadísticas.

Hace tan solo 72 horas que las Fuerzas Internas de Seguridad libanesas desarticularon la última red de explotación sexual en Líbano. De nuevo ocurrió en Yunieh, región cristiana situada a apenas media hora al norte de Beirut, en un trayecto en coche en el que se suceden los neones luminosos que puntean abiertamente la hilera de clubes nocturnos. Madame Gigi, alias de una famosa proxeneta libanesa en la sesentena, dirigía la operación con decenas de chicas a su cargo. Entre ellas, numerosas sirias de entre 18 a 27 años. “Tenía dos cómplices que reclutaban a las chicas: uno libanés y otro sirio. Y llevaba más de una década operando en esta zona”, asegura Reduán, seudónimo para este policía libanés que participó en las redadas. Varias de las jóvenes arrestadas en la operación aguardan entre rejas a que un juez dicte sentencia. A pesar de que la mayoría de los clubes nocturnos están vigilados por la policía, en pocas ocasiones son inspeccionados. “Es un sistema establecido donde se mueve mucho dinero y se compra a mucha gente”, da por respuesta Reduán encogiéndose de hombros.

El pasado mes de marzo, las fuerzas libanesas desmantelaron la mayor red de tráfico de mujeres de la historia del Líbano. El burdel Chez Maurice también llevaba más de una década operando con ingresos que rozaban el millón de euros mensuales. En su tugurio, 75 mujeres, muchas de ellas sirias, fueron forzadas a la explotación sexual, apaleadas y retenidas contra su voluntad. “Este caso es el primero en el que las mujeres han sido consideradas legalmente como víctimas. En Líbano, las prostitutas son criminalizadas al mismo nivel que las proxenetas. De hecho, se les impone casi la misma condena”, explica en sus oficinas de Beirut Maëva Bréau, coordinadora de la unidad de tráfico de mujeres de la ONG Kafa (Basta en árabe). “La mayoría de las víctimas sirias que acogimos en el refugio han optado por regresar junto a sus familias en Siria. Tan solo dos han solicitado los trámites para ser reasentadas por la ONU en Europa”, añade Bréau.

Y sin embargo, Líbano es pionero regional en material legal. Desde 2011, el país cuenta con una ley que condena el tráfico de mujeres según la cual las prostitutas pueden ser consideradas víctimas si se prueba que han sido forzadas. A pesar de ello, la reinserción social y la asistencia psicológica de las víctimas corren a cargo de dos ONG privadas, Kafa y Cáritas, quienes suplen el papel de un Gobierno recién parido tras 30 meses de vacuum político.

La guerra en Siria ha inundado el mercado libanés de refugiadas presas de la necesidad económica que hoy representan el 60%, según datos policiales, de un negocio que antes explotaba a marroquíes y mujeres llegadas de Europa del este. Pero también ha transformado la demanda. Los turistas del Golfo constituían desde hace décadas la principal clientela, una con un alto poder adquisitivo. Pero desde 2015, sus ciudadanos tienen prohibido viajar al Líbano ante la inseguridad que plantea la vecina Siria.

La explotación sexual de las mujeres sirias en los clubes nocturnos no es más que la punta del iceberg. En la campiña de la Bekaa, región este fronteriza con Siria y alejada de la mirada policial, cada día es más común la explotación legal de las refugiadas. El tráfico de mujeres y la poligamia aumentan con las viudas y menores sirias de hasta 14 años que, víctimas de la necesidad, son entregadas por sus padres o hermanos en segundo o tercer matrimonio.

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