Israel “limpia” de palestinos el Gran Jerusalén judío

Publicado el Por Jonathan Cook (author), Arabia Watch (author)

 

Israel da los últimos pasos para la creación de un Gran Jerusalén judío que exigirá la “limpieza étnica” de decenas de miles de palestinos de una ciudad en la que sus familias han vivido y trabajado durante generaciones, según advierten grupos de derechos humanos.

El ritmo de los cambios físicos y demográficos en la ciudad se ha acelerado extraordinariamente desde que Israel comenzara hace más de una década a construir un muro de acero y cemento que atraviesa los barrios palestinos de la ciudad. Israel se prepara para consolidar estos cambios mediante leyes. Dos proyectos de ley parlamentarios con amplio respaldo entre los ministros del gobierno diseñan los contornos del futuro de Jerusalén.

Uno, tiene la intención de anexionar a Jerusalén unos 150.000 judíos de los ilegales asentamientos construidos en Cisjordania y que rodean la ciudad. Además de apuntalar la presencia de población judía en la ciudad, la medida otorgará a esos colonos adicionales un voto en las elecciones municipales de Jerusalén, empujándola políticamente aún más a la derecha.

El otro proyecto de ley niega los derechos de ciudadanía a más de 100.000 palestinos que viven al otro lado del muro. Serán asignados a un consejo local separado y solo para palestinos, lo que según los observadores será el preludio para despojarlos de su residencia y excluirlos de Jerusalén.

Paralelamente, se intensifica la presión israelí para que los palestinos que viven dentro del muro se vayan y ello mediante una serie de duras políticas que incluyen detenciones nocturnas, escasez de tierras, demolición de viviendas y denegación de servicios básicos. Son medidas diseñadas para adelantarse a cualquier iniciativa de paz futura y para acabar de manera definitiva con las aspiraciones palestinas de un Estado palestino con Jerusalén Oriental como su capital, tal y como afirma Aviv Tartasky, investigador de Ir Amim, asociación israelí que aboga por un trato justo para los palestinos de Jerusalén. “Lo que se está produciendo es limpieza étnica sin armas”, afirma Tartasky. “Israel espera deshacerse de un tercio de la población palestina de Jerusalén simplemente mediante medidas legislativas”.

 

Temores demográficos

Las preocupaciones demográficas de Israel en Jerusalén datan de 1967, cuando ocupó y anexó Jerusalén Oriental combinando la mayoritaria población palestina que allí vivía con población judía de Jerusalén Occidental. También expandió las fronteras municipales de la ciudad como medio de anexar de forma encubierta territorios ocupados de Cisjordania.

Inicialmente, Israel estableció el cupo máximo de palestinos en casi un 30% frente a un 70% de judíos en lo que denominó su nueva “capital unida y eterna” pero no ha conseguido mantener esos porcentajes desde entonces. La tasa de natalidad palestina, más elevada, implica que hoy en día haya más de 315.000 palestinos en Jerusalén Oriental, casi el 40% de la población total de la ciudad .

 

La ley del Gran Jerusalén

A pesar de que son pocos los palestinos de Jerusalén a los que se les ha permitido tener ciudadanía israelí, y aunque casi ninguno ha votado en elecciones municipales, Israel teme que su creciente peso numérico haga cada vez más insostenible dominar la ciudad. “Lo que tenemos en Jerusalén es un sistema de apartheid en ciernes”, según Mahdi Abd al Hadi, académico palestino de Jerusalén. “Las políticas israelíes están dictadas por consideraciones demográficas y eso ha creado un gran abismo entre las dos sociedades. A los palestinos se les asfixia ”.

 

'Salvemos la Jerusalén judía'

El temor a perder demográficamente Jerusalén provocó que los dirigentes políticos y de seguridad lanzaran el año pasado una importante campaña denominada “Salvemos la Jerusalén judía”. La campaña advierte a los residentes judíos de que los palestinos pueden ser pronto mayoría y de que si comienzan a votar en las elecciones municipales puede llegar un día en que “se despierten con un alcalde palestino en Jerusalén”. El año pasado, los ministros del gobierno, incluido el ministro de Educación Naftali Bennett, fueron muy beligerantes al presionar para la anexión de Maale Adumim, un gran asentamiento a las afueras de Jerusalén, en Cisjordania. Poco a poco, parecen estar ganando. A finales del mes pasado y con el apoyo de Netanyahu, se ha establecido un comité ministerial para aprobar un Gran Proyecto de Ley de Jerusalén, una legislación específica destinada a expandir las fronteras municipales de Jerusalén con el objetivo de incluir a Maale Adumim y otros grandes asentamientos de Cisjordania. Los asentamientos se anexarían en todo menos en el nombre, y sus 150.000 residentes tendrían derecho a votar en las elecciones municipales.

 

Anexión de facto

Yisrael Katz, ministro de Transporte e Inteligencia y co-impulsor del proyecto de ley, confirma que su propósito es “salvaguardar la mayoría judía” en la ciudad. Una encuesta reciente revela que el 58% de los judíos israelíes apoya el plan. La presión del presidente de la Administración estadounidense, Donald Trump, ha forzado que Netanyahu haya relegado temporalmente la ley a segundo plano. A Washington le preocupa que la legislación obstaculice una iniciativa de paz que supuestamente estaría a punto de hacerse pública. Ir Amim teme que la legislación se reactive cuando mengue la presión. En un documento publicado la semana pasada advierte de que la legislación es el “primer paso práctico desde la anexión de Jerusalén Oriental en 1967 para llevar a cabo la anexión de facto de áreas de Cisjordania a Israel”.

Como indica Tartasky, tras décadas de implantación de colonos judíos en áreas palestinas para impedir su desarrollo y crecimiento, Israel está comenzando el difícil proceso de separar a las dos poblaciones.

 

Avisos de desalojo

Los efectos sobre el terreno tienen importantes repercusiones: el viernes pasado, las fuerzas israelíes asaltaron la aldea beduina de Yabal al Baba y emitieron avisos de desalojo a sus 300 residentes. En agosto, el ejército israelí ya demolió la guardería de la aldea. Yabal al Baba se encuentra entre Jerusalén Oriental y Maale Adumim. Según Tartasky, “estas comunidades palestinas situadas en los bordes de Jerusalén representan un gran inconveniente para Israel, por lo que intenta hacer su vida lo más difícil posible para obligarles a marcharse, y crear así una continuidad territorial entre Jerusalén y los asentamientos”.

La última incursión en Yabal al Baba tuvo lugar inmediatamente después de que Israel notificara a los centenares de residentes de Walaya que se iba a reubicar un puesto de control militar cerca de la entrada de su pueblo, lo que los separará de las antiguas terrazas agrícolas situadas en las tierras altas de Jerusalén que sus familias han cultivado durante generaciones. Aunque muchos de los residentes de Walaya tienen documentos de identidad de Jerusalén emitidos por Israel, esta nueva iniciativa los aislará efectivamente tanto de la ciudad como de sus tierras. Las terrazas y un manantial cercano donde los aldeanos dan de beber al ganado se convertirán en “atracciones” de un parque metropolitano [israelí] en el Jerusalén ampliado.

 

Asegurar el poder absoluto

Entre tanto, Israel intensifica el estrangulamiento de los palestinos en las zonas urbanizadas de Jerusalén Oriental. Los que se encuentran al otro lado del muro de hormigón han sido ya abandonados por el Ayuntamiento de Jerusalén y cada vez les resulta más difícil acceder al resto de la ciudad, según confirma Daud Algul, investigador palestino sobre Jerusalén. Existe un proyecto de ley de Zeev Elkin, ministro de Asuntos de Jerusalén, diseñado para desconectar los barrios palestinos del municipio de Jerusalén, como Walaya, Kafr Aqab, el campamento de refugiados de Shuafat y Anata, que se encuentran más allá del muro de separación. Quedarían articulados en un consejo local separado y solo para palestinos, lo que directamente reduciría en un tercio la población palestina de la ciudad.

“Una vez que los palestinos estén en un consejo local separado, Israel argumentará que el centro de sus vidas ya no se desarrolla en Jerusalén y revocará sus documentos de residencia en Jerusalén”, señala Algul. “Esto ya está sucediendo pero a partir de ahora se producirá a mayor escala”.

Desde 1967, Israel ha revocado los permisos de residencia de más de 14.000 palestinos obligándoles a abandonar Jerusalén.

 

Zonas abandonadas

A pesar de que sus residentes pagan impuestos al Ayuntamiento de Jerusalén, las áreas palestinas fuera del muro ya son “zonas oscuras” abandonadas y sin control. En Kafr Aqab, por ejemplo, aislado del resto de Jerusalén Oriental detrás el muro y de un puesto de control militar, los residentes reciben escasos servicios; sin embargo, Israel también deniega el acceso y la intervención de la Autoridad Palestina. “Viven en tierra de nadie”, según Algul.

Estas áreas se han convertido en destino de delincuentes y también de familias palestinas atrapadas en la intrincada red de las estrictas regulaciones de residencia israelíes. A los palestinos en Cisjordania se les niega el acceso a la parte de Jerusalén que queda dentro del muro, mientras que los palestinos del interior de Jerusalén corren el riesgo de que les revoquen sus documentos de residencia si se mudan fuera de la ciudad.

Los matrimonios cuyos miembros se ven sujetos a esta división de residencia se han refugiado en Kfar Aqab mientras Israel desconecta lentamente el vecindario de Jerusalén Oriental. Los residentes confirman que allí la población ha aumentado de unos miles a decenas de miles en los últimos años.

Como resultado, se ha producido un auge de la construcción más allá del muro pues Israel no aplica allí la normativa de construcción y los palestinos aprovechan ese vacío. Ello también ha supuesto ganancias demográficas para Israel.

 

Crisis de vivienda

“Las restricciones de planificación y la escasez de tierras dentro del muro han creado una crisis de vivienda para los palestinos, lo que supone que les sea demasiado caro vivir allí […] Se han visto obligados a mudarse a zonas fuera del muro para encontrar viviendas más asequibles. La presión económica está creando un silencioso traslado forzoso de población”. A los palestinos que viven en los barrios dentro del muro se les expulsa de otras maneras, señaló Tartasky.

Tradicionalmente Israel se ha servido de una serie de políticas específicas para despojar a los palestinos de su tierra, para impedir su desarrollo en Jerusalén y para justificar la demolición de sus viviendas. Entre ellas destacan declarar las áreas palestinas como “parques nacionales” , lo que convierte a las viviendas palestinas en ilegales; asimismo, la confiscación de las últimas zonas verdes que quedan para construir asentamientos judíos, y el permitir que los colonos se apoderen de las propiedades palestinas en la Ciudad Vieja y en los barrios circundantes mientras Israel fortalece su control sobre los lugares sagrados de la ciudad, especialmente la mezquita al Aqsa. En la actualidad, unos 200.000 colonos judíos viven en Jerusalén Oriental.

“Los palestinos nunca forman parte de la planificación en Jerusalén y sus intereses nunca se tienen en cuenta; siempre son un obstáculo que hay que eliminar”, señala Algol. “Israel quiere la tierra pero no a los palestinos que en ella viven”.

 

Redadas nocturnas

Aumenta la presión contra los palestinos de Jerusalén, según Tartasky, porque a sus comunidades se les niegan escuelas y servicios municipales básicos. Más del 80% de los niños y niñas palestinos viven por debajo del umbral de la pobreza.

El Ayuntamiento y la policía de Jerusalén también han comenzado a intensificar operaciones de “aplicación de la ley” contra los palestinos, o lo que los residentes califican como “castigo colectivo”. Recientemente, bajo la excusa de “restaurar el orden” se ha producido una oleada de redadas nocturnas en áreas como At Tur e Isawiya en las que decenas de palestinos han sido detenidos, se han aplicado órdenes de demolición y se han cerrado empresas.

“Israel utiliza los mismos métodos militarizados que en Cisjordania”, denuncia Tartasky. “Suponen que estas presiones impelerán a los palestinos a marcharse a zonas más allá del muro, donde tarde o temprano perderán sus derechos de residencia. Israel se ha dado cuenta de que es una oportunidad que puede explotar”.

En declaraciones, la oficina del alcalde de Jerusalén, Nir Barkat, niega que la situación de los palestinos en Jerusalén Oriental se esté deteriorando. Afirma que se han producido mejoras espectaculares en las zonas palestinas en lo relativo a escuelas, centros comunitarios, campos deportivos, nuevas carreteras, servicios postales y asistencia social. Añade asimismo que Barkat ha “desarrollado un plan sin precedentes en su alcance y asignación presupuestaria para reducir las brechas en Jerusalén Oriental con el fin de abordar los 50 años de abandono que heredó de sus predecesores municipales y sucesivos gobiernos israelíes”.

Algol sostiene que ese reclamo municipal no es más que la negación de la realidad. “Israel quiere crear una ciudad imaginaria libre de palestinos. Allí donde puede los limpia étnicamente y donde no puede, simplemente los oculta de la vista”.

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