Hezbolá advierte que vuelve a enfocarse en Israel tras seis años de guerras regionales

Publicado el Por Natalia Sancha (author), El País (author)

Manifestación en defensa de Jerusalén como capital palestina este lunes en Beirut. (fotografía: Reuters)
Manifestación en defensa de Jerusalén como capital palestina este lunes en Beirut. (fotografía: Reuters)

 

“El eje de la resistencia [en la región] se enfocará una vez más en la causa palestina”, han sido este lunes las palabras de Hasan Nasralá, líder del partido-milicia libanés chií Hezbolá, ante decenas de miles de personas reunidas en la periferia sur de Beirut para protestar contra las declaraciones del presidente de EE UU, Donald Trump, que han consagrado a Jerusalén como capital israelí. En un discurso televisado retransmitido en directo ante los congregados, Nasralá ha llamado a una tercera intifada e instado al mundo árabe y musulmán a coordinarse en pro de la defensa de Palestina. “Miles de mártires se dirigen a Al Quds”, ha acotado.

La retórica de Nasralá devuelve al brazo armado del partido-milicia a la lucha que en 1982 vio nacer a Hezbolá en tanto que movimiento de resistencia como respuesta a la ocupación israelí del sur del Líbano (1982-2000). Tras más de seis años de injerencia bélica regional luchando en la vecina Siria, codo a codo con las tropas de Bachar el Asad, en Irak junto al Ejército y las milicias iraquíes, y en Yemen en apoyo a los Houthis, Nasralá ha reenfocado el frente de batalla hacia la frontera sur libanesa contra el “enemigo sionista” y en apoyo del pueblo palestino.


“La decisión de Trump será el principio del fin de Israel”, ha reiterado Nasralá al tiempo que los manifestantes rugían: “¡Muerte a América! ¡Muerte a Israel!”. "Defenderemos al pueblo palestino, que realiza inmensos sacrificios y resiste con piedras y espadas hasta la victoria. Cuando venzamos, los musulmanes podrán rezar en la mezquita de Al Aqsa y los cristianos en la iglesia del Santo Sepulcro", añadió Nasralá. Decenas de miles de personas han recorrido, segregadas por sexos, una de las mayores arterias de Dahie. Ellas, han cargado con una llave gigante, símbolo del retorno de los refugiados palestinos a sus hogares en los territorios ocupados. Ellos, con una enorme maqueta de la mezquita de Al Quds de Jerusalén, representada como capital palestina. Al igual que en el resto de manifestaciones que han sacudido al mundo árabe, tampoco ha faltado la quema de banderas israelíes y estadounidenses junto a los retratos de un caricaturizado Trump.

Ninguna bandera iraní ha ondeado este lunes sobre los allí presentes, más que las de Hezbolá, las palestinas, libanesas y del partido chií aliado Amal. A pesar de la masiva asistencia, los efectivos de seguridad de Hezbolá se han esmerado en mantener una meticulosa organización, distanciándose así de los violentos enfrentamientos protagonizados entre manifestantes y fuerzas armadas libanesas este domingo, que empañaron la protesta organizada por diversas facciones palestinas y movimientos izquierdistas libaneses en las proximidades de la embajada de Estados Unidos, a las afueras de Beirut.

 

Un discurso con doble audiencia

Hace apenas una semana que Nasralá anunció la retirada de sus combatientes de Irak. Aún presentes en los combates contra el ISIS al este de Siria, el líder de Hezbolá ha recordado este lunes las victorias del “eje de la resistencia” sobre el Daesh (acrónimo del ISIS en árabe). Lo ha hecho el mismo día en el que el mandatario ruso, Vladimir Putin, se fotografiaba junto a su homólogo sirio, Bachar el Asad, en una base aérea en la costera región siria de Latakia. Putin ha aprovechado su visita sorpresa para anunciar el retiro de una "parte significativa" del contingente militar que mantiene desplegado en el país. Anteriormente ya había vaticinado "el fin próximo" de las operaciones militares conjuntas en Siria iniciadas dos años atrás.

Clamando una victoria regional contra el ISIS, Hezbolá anuncia su progresiva retirada de las guerras regionales. Una postura que responde indirectamente a las dinámicas internas del Líbano donde la injerencia de Hezbolá en el país vecino (Siria) ha estado a punto de provocar una crisis nacional. Ha sido la interferencia iraní en la región, valedor de Hezbolá, una de las razones por las que el primer ministro libanés, Saad Hariri, adujo el pasado mes la renuncia de su cargo por sorpresa y desde Riad, la capital de Arabia Saudí y país que respalda el bloque político libanés que preside Hariri. Tras unas intensas negociaciones internas y regionales, los diferentes partidos libaneses, incluido Hezbolá, se han comprometido a disociarse de las contiendas regionales. Este lunes, Nasralá pronunciaba un discurso de cara a una doble audiencia, con un mensaje de disociación regional frente al Gobierno libanés que integra, y hacia el archienemigo israelí con quien libró la última guerra en julio de 2006 con un “estamos de vuelta”.

En el último mes, tanto Hezbolá como Israel han intercambiado a través de la prensa acalorados mensajes haciendo retumbar los tambores de guerra. El Ejército israelí ha reforzado sus defensas en la frontera norte con Líbano al tiempo que ha simulado la mayor maniobra militar que han protagonizado sus tropas en el norte del país ante un posible futuro enfrentamiento con Hezbolá. Por su parte, Hezbolá ha recalcado la experiencia bélica adquirida en la guerra siria tanto en operaciones ofensivas como en la coordinación con aviaciones de ejércitos regulares como la siria y rusa. El último guiño lanzado por la milicia libanesa ha sido un vídeo divulgado la semana pasada en el que aparece Qais al Khazali, comandante de una milicia iraquí respaldada por Teherán, visitando la frontera sur del Líbano. Un mensaje a través del cual deja entrever que la próxima guerra que libre Israel no será solo contra Hezbolá, sino contra un frente unido con milicias iraquíes e iraníes aliadas con las que ha compartido frentes en el último lustro.

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