Túnez avanza, Egipto retrocede

Publicado el Por Marcos Suárez Sipmann (author), Eleconomista.es (author)

Parlamentarias tunecinas se congratulan tras aprobar la Constitución (fotografía: Alyaum.com)
Parlamentarias tunecinas se congratulan tras aprobar la Constitución (fotografía: Alyaum.com)

Casi cuatro años después de las revoluciones de la primavera árabe su resultado en Túnez y Egipto es bien distinto. En Túnez las primeras elecciones presidenciales pluralistas suponen un paso esencial en la consolidación de su proceso democrático. Sin embargo, la sociedad sigue estando peligrosamente dividida.

Será necesaria una segunda vuelta entre el presidente interino saliente, el defensor de los derechos humanos Moncef Marzuki, y el secular Beji Caid Essebsi, que lidera el partido secular Nidaa Tunis (La Llamada por Túnez). Esta formación venció en las elecciones parlamentarias el mes pasado desbancando a los islamistas moderados de En Nahda (Renacimiento), hasta entonces la primera fuerza en la Asamblea Constituyente. En enero este Parlamento elaboró y aprobó una nueva Constitución con un amplio consenso haciendo innecesaria la celebración de un referéndum.

Essebsi, favorito y ganador de la primera vuelta, ha basado su campaña en un discurso anti islamista. Fundamenta su prestigio en haber sido ministro en tiempos de Habib Burguiba, considerado el padre de Estado tunecino. Su problema: su pasado político durante la dictadura de Zin el Abidin Ben Ali que hace temer que con él reviva el autoritarismo del antiguo régimen.

Marzuki, que centró su candidatura en una lucha contra los remanentes de ese antiguo régimen, cuenta con el apoyo oficioso de los islamistas moderados. Ha recogido asimismo gran parte del voto joven al ser uno de los pocos que habla el lenguaje de la revolución. No obstante, la abstención se ha sentido sobre todo entre este sector. Los jóvenes se sienten excluidos y traicionados al considerar que su revolución ha sido secuestrada. Creen que Essebsi -de 89 años- es demasiado viejo.

En cambio, en Egipto la involución ha sido total acabando con los sueños de libertad. El ejecutivo islamista de los Hermanos Musulmanes de Mohamed Mursi - democráticamente elegido - apenas se mantuvo un año. Aprovechando los errores de un gobierno novato y adueñándose de las masivas protestas el golpe de Estado del general Abdel Fatah al Sisi devolvía el año pasado el poder a las FFAA, que controlan Egipto desde tiempos de Gamal Abdel Nasser.

Conviene recordar que el Ejército cuenta con un personal muy superior a los 450.000 miembros. El presupuesto de las FFAA y sus ingresos son secreto de Estado. Calcular el tamaño de los negocios e industrias de propiedad militar es en extremo difícil, aunque se estima que representan al menos un 40% del PIB. Los gobernadores provinciales suelen ser oficiales retirados y muchas de las grandes instituciones civiles y empresas del sector público están dirigidas por ex generales.

Tras unas elecciones falseadas, Al Sisi amplió aun más su ya cruenta represión. No solo ilegalizó su partido, sino que declaró a los HM organización terrorista. 23.000 opositores encarcelados solo en 2013. En juicios en masa los tribunales afines al régimen decretaron más de 1.000 condenas a muerte. Además, y so pretexto de luchar contra la insurgencia en la península de Sinaí, la dictadura juzgará en tribunales militares a los "sospechosos de atacar infraestructuras esenciales". La indefinición hace temer una aplicación arbitraria. El Parlamento continua vacío.

Hay varias razones que explican la divergencia posrevolucionaria de los dos países pioneros de la primavera árabe. Túnez disponía de unas instituciones más sólidas que Egipto. El necesario consenso vino facilitado por una cultura relativamente laica (los radicales islámicos suman apenas 5.000 militantes), los altos niveles de educación y el apoyo de los sindicatos contribuyeron a la estabilidad del proceso. Así Ennahda -a diferencia de los Hermanos Musulmanes en Egipto- evitó polarizar la sociedad tunecina facilitando la transición. Por añadidura, la pequeña y homogénea población de Túnez presentaba un punto de partida más fácil de gestionar. Por su parte y con sus 90 millones de habitantes el país árabe más poblado, Egipto no logró liberarse del férreo poder de sus militares que nunca dejaron de ser dueños de la nación.

Por si todo ello fuera poco, está el determinante factor geopolítico. Pese a su vacía retórica de respaldo a la democracia, a Occidente lo que le interesa es un aliado militar fuerte en el conflictivo Oriente Próximo. EEUU, que con su apoyo aseguró la viabilidad del golpe, ha seguido armando y financiando a la dictadura militar egipcia desde entonces.

Mientras Egipto ha vuelto al punto de partida, Túnez, con dificultades, va superando etapas en su transición.

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