Un grito de socorro desde el interior de un centro de detención en Arabia Saudí

Publicado el Por Arabia Watch (author), Alastair Sloan (author)

Lugar(es): Riad

Centro de detención de inmigrantes en Arabia Saudí
Centro de detención de inmigrantes en Arabia Saudí

 

La semana pasada llegó a mi escritorio un pequeño vídeo casero proveniente de un móvil de Arabia Saudí. Dura sólo unos segundos, pero muestra una multitud de hombres jóvenes en una habitación donde el suelo está cubierto de mantas. Los hombres son principalmente indios y según más tarde me enteré, son trabajadores migrantes cuyo sueño de apoyar a su familia con riales saudíes se ha acabado. Están recluidos, en estos momentos, no en una prisión saudí, sino en un centro de detención de inmigrantes de Riad.

El fin de semana, se corrió la voz entre los detenidos, encerrados en una habitación y me enviaron más fotos y vídeos. Las puertas están cerradas, no hay ventanas, y a los hombres no se les permite salir de la habitación. El zumbido del aire acondicionado y cámaras de circuito cerrado es constante.

Un recuento de la policía me confirmó que el número total de personas es de 396. A pesar de que muchos de los hombres llevan retenidos un año, muchos de ellos permanecen allí sin cargos ni explicaciones. No se les ha dado acceso a ningún abogado. La mayoría no se ha cambiado de ropa desde que llegó, y el acceso a las duchas o lavabos es limitado. De acuerdo con una serie de diez vídeos filmados en secreto por los propios detenidos, la celda está sucia, no hay agua potable, y muchos han contraído enfermedades. Uno de los detenidos, que no quiso ser identificado, dijo que había pedido a los guardias durante los últimos diez días seguidos un tratamiento médico que no ha recibido.

A muchos otros les ocurre lo mismo, enfermedades respiratorias recién adquiridas son la dolencia más común. De vez en cuando, ponen a algunos de ellos en vuelos de regreso a la India, pero la espera es muy larga.

Las experiencias de los hombres atrapados en esta pesadilla son parecidas. Inderjit Singh llegó desde Punjab, en el norte de la India, para trabajar como conductor para un oficial acomodado del Ejército saudí. A su llegada, su pasaporte fue confiscado. En lugar de conducir para la esposa y la familia del hombre, como había esperado, Singh estuvo conduciendo enormes camiones, de los que afirma que no son seguros y menos para él, que no tiene licencia para conducir vehículos pesados.

Su "propietario"-como Singh lo llama- le maltrató físicamente dos veces, una vez con una manguera de bomberos. Lo amenazó de muerte y llevaba seis meses sin pagarle. La semana pasada, cuando se produjo el segundo episodio de maltrato, en lugar de ser arrestado su empleador, es Singh quien acabó ‘detenido’ en el centro de detención de Riad, sin saber su destino. ¿Hay una infracción penal o, simplemente, está a la espera de ser deportado? Quién sabe, los funcionarios de inmigración saudíes que les vigilan no les explican nada.

Los centros de detención de inmigración en Arabia Saudí son conocidos por su falta de transparencia. En marzo de 2013, un recluso murió y otros nueve resultaron heridos durante un motín en un centro de detención en Yedda. En diciembre de 2013, Human Rights Watch informó sobre la situación de varios detenidos etíopes en un centro de detención que se alimentaban con sólo un plato de arroz al día. Durante el último año, el gobierno ha deportado a decenas de miles de inmigrantes africanos, sudasiáticos y orientales, en un movimiento diseñado para aumentar las perspectivas de empleo para los nacionales. Muchos de los detenidos y deportados son inmigrantes ilegales o entraron en el país sin documentos, pero las experiencias de los hombres con los que hablé en Riad sugieren que muchos de los que ahora se encuentran en esa penosa situación lo están por pura mala suerte.

En el último año, los medios de comunicación en Arabia Saudí han creado un feroz ambiente anti-inmigrante que ha llevado a miles de jóvenes etíopes a entregarse a las autoridades para su deportación, para evitar las palizas callejeras de bandas de extrema derecha y policías saudíes, como ha denunciado Human Rights Watch.

Donde ha habido protestas callejeras organizadas contra las deportaciones, los editores de periódicos saudíes se han apresurado a culpar a los inmigrantes en lugar de a los agentes de policía. Los incidentes de violencia por parte de agentes de la policía contra los migrantes que protestan no han sido investigados.

No es sólo el gobierno saudí quien los perjudica; la embajada de la India es negligente en sus esfuerzos por rescatar a sus ciudadanos. Un nuevo sistema de información on-line para denunciar los agravios de los trabajadores migrantes, llamado "MADAD", que fue lanzado a principios de este año por la embajada, sigue siendo un intento cosmético para fingir interés en la protección de los ciudadanos indios en el extranjero.

MADAD está en funcionamiento, en teoría, y los trabajadores migrantes maltratados o que están en peligro pueden notificar su situación a las autoridades de la India a través de una página web de la Embajada. Sin embargo, no ocurre nada cuando lo hacen. En el caso de Singh, la embajada de la India no actuó ante su solicitud en MADAD, a pesar que él advirtió sobre la disposición violenta de su patrón y de que sintió que su vida podría estar en peligro. No pudo huir porque su empleador tenía su pasaporte, y ningún funcionario indio estaba preparado para ayudarle.

Muchos afirman que son raras las ocasiones en las que funcionarios de la embajada han visitado el centro de detención. En su lugar, se dirigen a los cuatrocientos hombres gritando desde la puerta.

Además, el gobierno indio -mediante su inacción- perpetúa una industria de agentes de reclutamiento sin escrúpulos, que actúan con relativa impunidad para enviar a personas a trabajar al Golfo con la promesa de un buen sueldo, alojamiento y vacaciones. Estos agentes indios incluso les ofrecen un contrato para dar pruebas sus promesas, pero este acuerdo demasiado a menudo se acaba cuando llegan a Arabia u otros países árabes, donde, en contra de los prometido, su empleador les paga poco o nada, no pueden cambiar de trabajo debido a las estrictas leyes de visado saudíes, y viven en un estado de semi-esclavitud permanente. Si su empleador abusa de ellos física, verbal o sexualmente, y muchos lo hacen, entonces su situación se vuelve insoportable. Ni los gobiernos de Arabia Saudí ni los indios hacen nada por ayudarles.

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